opinión

El fin de los "incombustibles"

La "democratización" de la Justicia no viene sola. Cristina 2015 y el balance político de las inundaciones. La oposición que vuela bajo.

El fin de los incombustibles

La certeza de Cristina Kirchner de que la Corte Suprema de Justicia no quiere ser zamarreada políticamente y lo que la propia presidente considera un abroquelamiento de la corporación judicial en favor de otras colegas, como es el caso de la corporación mediática, la han persuadido de la necesidad de librar la que quizás sea la última de las batallas de su segundo y, por ahora, último mandato.

No se trata de dar vuelta como una media al Poder Judicial, para nada, sino de hacer algunas costuras aquí y algunos cortes allá que, sumados, compliquen la tarea de los complotados judiciales. Que la Cámara correspondiente no haya dictaminado aún sobre la constitucionalidad de la Ley de Medios posterga una decisión al respecto del Supremo Tribunal pero, a la vez, demuestra que sus reclamos de celeridad caen en saco roto. La pregunta sobre cuánto más pueden hacer los cortesanos que ya no hayan hecho no tiene una respuesta precisa por parte del núcleo duro del cristinismo, pero al malhumor oficial se nutre todos los días de nuevos hechos o rumores –da igual– sobre las zancadillas que realizan o diseñan camaristas, jueces y fiscales para destronar a la primera mandataria. El caso Clarín o el de La Rural pusieron los pelos de punta a la cúpula del Gobierno pero no son los únicos. El límite que han encontrado en esas causas y en otras, como la que se inició por la denuncia de que Fibertel, la empresa de internet de Clarín, opera sin licencia, ha convencido al elenco gobernante de la necesidad de dar un corte a este estado de cosas. Varios dirigentes de la oposición se aprestan a coincidir con algunos de los seis proyectos que envió el Ejecutivo al Congreso para su pronto tratamiento. Como sucedió con la Ley de Medios, diputados y senadores de diversos agrupamientos opositores han adelantado que apoyarán con su voto, por ejemplo, la ampliación a 19 de la cantidad de miembros del Consejo de la Magistratura y la elección por el voto popular de sus integrantes. También la reducción del plazo de vigencia de la medidas cautelares a seis meses.

Es cierto lo que advierte el columnista judicial del diario “La Nación”, Adrián Ventura: “Para decirlo en términos muy claros: si el régimen que propone sancionar la Presidenta hubiera estado vigente en 2009, el Grupo Clarín ya hubiera sido desguazado a mediados de 2010. Hoy, el multimedios sería historia antigua y sus accionistas deberían conformarse con reclamar una indemnización”.

En efecto, ese era el objetivo principal de la Ley de Medios. Y sigue siéndolo. La Cámara en cuestión y Clarín lo tienen perfectamente en claro y es por eso que la dilación ha sido la norma en la estrategia judicial de ese consorcio de medios. Estrategia que hasta aquí ha tenido éxito, lo que saca de quicio a Cristina, que no quiere irse del poder sin ver al menos disminuido severamente a ese grupo “destituyente”.

Aquí se abren dos caminos: el de la “democratización” de la Justicia; y el de la permanencia o no de la Presidente en su sillón más allá de 2015. Como venimos afirmando desde este espacio, y no es ocioso repetirlo, Cristina sabe que no le dan los números para conseguir que se convoque a una Convención Constituyente que reforme la Carta Magna. Ya hemos señalado que cualquier Constituyente es soberana y que, aunque no haya sido convocada a tal efecto, puede en su desarrollo discutir otros temas, por ejemplo, la posibilidad de una segunda reelección. Claro que también para eso hace falta un “número mágico”, una mayoría especial, pero quienes piensan mal y además, de manera pesimista, consideran que si el oficialismo lograra los votos necesarios para convocar a una Constituyente estaría en situación de que nadie le impidiera nada.

En fin, otra línea especula con que si los números no dan debería lanzarse un “operativo clamor” para presionar a los legisladores. La oportunidad de esta movida sería la etapa posterior a la próxima elección de mitad de mandato, en octubre próximo, porque quienes así piensan creen que el oficialismo va a derrotar a los opositores. La alianza entre radicales, coalicionistas cívicos y unidos sureños, conocida este martes en el Parlamento, apunta a construir un vehículo opositor de cara a estas elecciones que sirva de simiente para el 2015. Claro, se inició con un poco de sectarismo porque el diputado Alfonso Prat Gay ya advirtió que se juntan para vencer al kirchnerismo este año pero para derrotar al PRO en las presidenciales. Más allá de que el anuncio resulta un poco críptico, lo que está claro es que buscan convertirse en una “ambulancia” no peronista que reúna a todos los opositores al Gobierno. Por otro carril, resulta sintomático el espacio que comienzan a darle, nuevamente, algunos medios a Francisco de Narváez, de nuevo convertido en incipiente "esperanza blanca" del establishment, que sigue ilusionándose con un futuro en el que Daniel Scioli, Sergio Massa, Mauricio Macri y el "Colorado" se queden con el poder. Sería una suerte de "Parnaso" neomenemista.

La reforma que acaba de enviar la Presidente al Parlamento será de rápido trámite y urgente aprobación, si se cumplen las previsiones del Ejecutivo. Las primeras reacciones desde el Poder Judicial, en el barroco lenguaje de uno de sus conductores, el juez de la Corte Ricardo Lorenzetti, deja ver que se reservarán la opinión sobre la constitucionalidad para las eventuales sentencias que deban revisar. No podía ser de otra manera.

Que una cautelar no puede ser eterna, como pretendía el juez de instrucción que retuvo más de 30 meses la causa de Clarín contra la Ley de Medios, fue dicho por la propia Corte. Que tenga como plazo apenas seis meses pone muy nerviosos a varios de los máximos exponentes de la Corporación Judicial que, aunque la denuncie un gobierno muy comprometido con su relato, existe.

Para Cristina, la alianza entre Clarín y un sector de la Justicia debe ser dinamitada. Aunque se trate de lo último que haga en el poder, aspira a que sea su legado. Para quienes la sucedan y, por qué no, para su propio proyecto político, al que no piensa dejar “guacho” si debe correrse.

En cuanto al sucesor, también lo hemos escrito hace mucho tiempo aquí, la figura de Scioli emerge como el inevitable. Para Cristina, entonces, se trata de rodearlo, condicionarlo, exprimirlo hasta que poco quede de él. Así, sí, podría terminar siendo el candidato del “modelo”.

Sin que todavía se hayan apagado los ecos de las trágicas inundaciones en el Conurbano bonaerense, tanto el Gobierno nacional como el propio Scioli salieron a investigar cuál era el impacto real de la catástrofe en la clase dirigente. Es un reflejo macabro, pero elemental para la supervivencia. Bien, ya tienen claro que casi nadie sale bien parado. Lo peor es que, dadas las condiciones estructurales de la Argentina, con provincias más ricas o más pobres, una catástrofe semejante puede volver a ocurrir en cualquier momento. Puede ser un tren, un avión, un tornado o un incendio forestal. No importa, pero nadie está exento. Y ninguna carrera política tiene nada asegurado. El eterno “incombustible” de Scioli puede dar fe de esto.

*Director de gacetamercantil.com

Opiniones (1)
23 de abril de 2018 | 13:20
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23 de abril de 2018 | 13:20
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  1. Es inevitable para los analistas olvidarse de lo más importante y que siempre termina con cualquier análisis. La gente. Los cambios producidos por este gobierno son tan grandes y tan profundos que quienes viven en la superficie no los han descubierto y creen que todo podrá ser igual después de este proceso. Es lo mismo que les ocurrió cuando surgió el peronismo. No entienden que esto va más allá de los K y que ya se ha instalado. No habrá nadie que pueda gobernar dejando de lado estas modificaciones estructurales que han comenzado en la Argentina. Pónganle el nombre que quieran, pero ningún gobernante podrá ya revertir el proceso de cambios y es un hecho que quienes ostentaban el poder en la Argentina están en franca retirada y no volverán a tenerlo NUNCA MÁS. Aún cuando no entiendan qué ha pasado.
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