opinión

¿Vivir y dejar morir la cultura de Mendoza?

Hierve la metrópoli con productos artísticos y culturales, al mismo tiempo malviven sus artistas y fuera del Gran Mendoza no pasa casi nada. La gente prefiere más gastar en pizzas que en teatro o libros.

Aquellos que estamos acostumbrados a generar y a consumir productos culturales en Mendoza, vemos con mucha felicidad la gran cantidad de eventos que se concretan por estos días. Mendoza es una de las provincias más activas culturalmente de Argentina.

No obstante, lo que pasa, pasa sólo en el Gran Mendoza  y cierto es que los espectáculos gratuitos masivos hunden el puñal en el pecho de los artistas que intentan vivir (o al menos no perder dinero) cuando montan una obra teatral, un concierto, una función de danza o un recital de rock o de poesía. 
 

Ni loco me pierdo el recital de los Illya Kuryaki and The Valderramas. Con todas las cosas gratis que hay estos días, tuvimos que levantar las funciones. El "Le Parc" está genial, pero no podemos competir contra sus espectáculos gratuitos.

La confesión pertenece a un amigo, que es un importante referente del arte mendocino, uno de esos tipos que escriben la historia de la cultura de Mendoza. Con su cabeza siempre plena de ideas y con su extraordinaria capacidad de trabajo, reconoce y disfruta de los ofrecimientos oficiales de espectáculos, pero a la vez se plantea cerrar su sala, a la espera que el público vuelva –el poco público más dispuesto a alimentarse con arte que con pizzas o sushi o paseos por los shoppings o sangrías en los casinos– y pague una entrada para ver arte mendocino.

A la vez, hay un auge de actividades gratuitas gozadas por cientos de miles de personas. ¿Qué hacer ante estas situaciones extremas? Sin dudas, la respuesta será encontrar determinar eso que se ha dado en llamar una política cultural, una que permita ver repleto el “Le Parc”, pero también La Estafeta de Pareditas (donde, por cierto, un grupito de jóvenes batalla para mantener viva una cartelera de shows de excelentes artistas locales).

No son malos tiempos para el arte y la cultura de Mendoza. Aquellos que recordamos la crueldad conceptual y el vacío referencial de los años ’90, creemos que no es así. Hay mucho movimiento y políticas que, por suerte, parecen haber llegado para quedarse. Un ejemplo: gracias a la Ley de Medios, el ambiente audiovisual vive un pico de trabajo, más que interesante, ciertamente histórico. Se filman largometrajes, cortometrajes, series, unitarios, ficciones, documentales y muchos grupos trabajan en proyectos para televisión (pronto habrá un nuevo canal de televisión estatal). La actividad impacta directamente en los que estas lides se dedican, pero también en escritores, actores, diseñadores, músicos y otros actores culturales (el mundo audiovisual tiene esa misma magia que alimentó al teatro: es concentrador de disciplinas artísticas, pero además, asume un proceso industrial, configura una industria con todas las letras y muy lucrativa si se la promueve como es debido).

Otro ejemplo a considerar es el propio Le Parc: desde su inauguración, este estupendo centro cultural no deja de convocar multitudes. La Feria del Libro fue un éxito en cuanto a decenas de miles de asistencias y los ciclos musicales organizados por Cultura han citado a otras decenas de miles. Además, contra lo que algunos dudaban, desde su apertura, la zona de San José salió de su ostracismo cultural y ahora es parte del mapa de los aplausos.

No obstante, al mismo tiempo, otras disciplinas que no son musicales agonizan. Es el caso del libro, pues entre una feria y otra, hay un pozo oscuro durante todo el año. El libro no tiene ley y los escritores acumulan sus obras en sus computadoras sin publicarlas.

Sumemos a esto la falta de federalización de las políticas culturales. ¿Qué sabemos los habitantes del Gran Mendoza de los artistas de Junín, Alvear, Malargüe, Santa Rosa, Lavalle, Rivadavia o Tupungato? Salvo contadísimos nombres, no sabemos nada.

Claro es que una política cultural no debe centrarse en los artistas, sino en los destinatarios  de los productos artísticos, en los consumidores de ellos, pero ni una ni otra cosa sucede. Y a la legislación (léase, nuestros legisladores) poco y nada saben y les interesa el tema, por lo cual, ni siquiera una Ley de Mecenazgo como le gente se ha conseguido en Mendoza, a pesar de varios intentos ostentosos y fallidos que ha habido.

Tan bien y tan mal están las cosas que, el otro día, por ejemplo, la muni de Capital armó un ciclo teatral de obras premiadas. Eso estuvo bueno, pero lo malo es que fueron diez personas por espectáculo, una miseria… Yo, por ejemplo, no me siento culpable de esto: laburo un montón y hacemos obras que están geniales…
Me consta: es una maravilla lo que hacen. Y hacen mucho, además…
¿Y cómo hacés para competir, cuando ni siquiera sacás para el sánguche? Muchos terminan haciendo obras en bares, ahí dentro de todo no te va mal, pero ¿y el teatro del riesgo, de la duda, de la pregunta por la vida?
La gente, en general, no quiere hacerse preguntas o correr riesgos, por eso, mira a Tinelli, hasta que le da sueño… Imaginate cuánta gente va a leer esta columna y cuántos van a leer la noticia de la vedette de turno; así estamos...
Si, diez a uno, roba la vedette... El tema, para nosotros, ahora, es cómo mantener las salas. Ya hay varias que cerraron.

Igualmente, amigos, no dramaticemos: ni el teatro, ni el libro, ni el rock de garaje, ni el arte callejero van a morir. Simplemente, la inmensa mayoría de la gente seguirá sin darle bola y después, de a montones, se llenarán la boca hablando de estos años, como ahora –en el mejor de los casos– lo hacen con Tejada Gómez, Di Benedetto, Arnold, Tolmacheva, Lorenzo, Scalco o Hilario Cuadros. ¿Cuántos consumían sus obras cuando estaban vivos? ¿Cuántos las consumen ahora?

Fernando Lorenzo y Armando Tejada Gómez.

La historia del arte es también la historia de una inmensa ingratitud. Sin embargo, es tan bien la historia de los generadores de buena parte de nuestra carga simbólica: somos lo que somos por prepotencia de la vida, pero también porque nuestros artistas lo llevaron a obra.

¿Cómo les pagamos? Dándoles la espalda, anestesiándonos con Tinelli, comprando electrodomésticos y perros policías. Después, nos quejamos, aferrados, como mucho, a la neutralidad y a la complacencia que son premios para quienes sortearon los escalones educativos, en pos de una titulación.

La verdad de la milanesa es que la queja es el estribillo de los vagos y que la pregunta por la vida y la muerte que esconde el arte, es la única pregunta que alimenta.



Ulises Naranjo
(consciente de que el asunto de para muchísimo más, se agradecen los aportes de los lectores al respecto)

Opiniones (12)
22 de febrero de 2018 | 17:03
13
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22 de febrero de 2018 | 17:03
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  1. sopaipilla Debo comunicarte, para tu beneplácito, que no entendiste absolutamente nada. A tu concepto de que los artistas "son unos vagos", simplemente mirá para atrás y fijate que quedó de todos los grandes imperios. Pero bien por tu comentario, eso reafirma la idea de que estamos rodeados de ignorantes.
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  2. Gata flora nos invade, si se hace no me gusta, si lo hacen, esta bueno, pero molesta. Si hay salas, son demasiados asientos, si no hay, es falta de inversion y de interes, si es grande, porque es grande, si es chiquito solo queda lugar para la gorra. Muchachos! Ahi lo tienen, usenlo. Les parece poco el cachet? Ese es otro asunto. Te queda lejos? es inevitable. No pueden entrar todos? mmm... Me quedo solo con una frase "La verdad de la milanesa es que la queja es el estribillo de los vagos "
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  3. Basta de espectaculos públicos K-gratis, no podemos programar nada , porque estamos invadido por la oferta k- gratis, nos vamos a transformar en contratados del estado y haremos cola para mendigar . No nos dejan producir, nos quieren coptar , ni publico podemos formar, mañana traeran a Tinelli y la gente y el gobernador a la cabeza haran cola para ir a verlo.
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  4. EL ARTE COMO PARTE DE LA CULTURA... Las coincidencias entre las distintas opiniones no son por azar, sino la triste realidad a la que se enfrentan los trabajadores culturales, o sea los artistas. El gobierno nacional y los gobiernos provinciales, con sus habituales procederes, no cumplen con los pactos internacionales, ratificados por la Nación Argentina bajo ley. En este caso específico, se trata de la ley nacional 24.269, publicada el 15 de diciembre de 1993 y que se refiere a la Aprobación de la Recomendación Relativa a la Condición del Artista de la UNESCO. En ella están asentados todos los derechos que les corresponden a los artistas como "trabajadores culturales", según denominación de la OIT., y que resalta que estos trabajadores tienen los mismos derechos que el resto; o sea derecho a obra social; vivienda; vacaciones pagas; posibilidades de especializaciones, etc., etc. Además esta recomendación está afirmada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; Artº 22; 23; 24; 25; 27 y 28. También en los puntos 6 y 15 de los Derechos Sociales, Culturales y Económicos, ambos incorporados a la Constitución Nacional y más de 40 recomendaciones de la OIT. También figuran en esta normativa, todas las medidas que los Estados deben tomar para implementar una ley de Políticas Culturales. Pero, como es dable observar y sobre todo sufrir, los señores gobernantes ignoran el cumplimiento de las legislaciones vigentes y se hacen los estúpidos con su habitual simpatía. La contratación de artistas de renombre por parte del Estado, incluso pagando más de lo que los artistas habitualmente cobran, es un dechado de aprovechamiento político para atraer a las masas, ya que a ellos, ni pagando la gente va a escucharlos. Entonces el artista, generalmente músicos, se convierten en una herramienta del poder de turno, con la llamada "cultura espectáculo", pero contratando a quienes menos lo necesitan porque ya tienen su carrera hecha a nivel privado y ganan fortunas. Los otros días, un intendente mendocino, en donde se realiza una de las fiestas populares departamentales, declaró a este diario, que recibía subsidios de la Secretaría de Cultura de la Nación y también -sorpresa- de la ANSES. Esto demuestra como el Estado hace espectáculos gratuitos con el dinero de todos, incluido el de los jubilados. Los escribas de turno del gobierno, hablan de democratizar la cultura, ateniéndose a los cambios políticos que se han llevado a cabo en América Latina, sin darse cuenta que el cambio lo realizaron mucho tiempo antes los artistas. "El Nuevo Cancionero" a 50 años de su creación, sigue siendo la proclama que hoy repiten los políticos. Afortunadamente la cultura de los pueblos se construye muy lejos del camino de los políticos, por lo cual lo que estos deberían hacer es apoyar equitativamente todas las manifestaciones artísticas dentro del territorio argentino y no favorecer a unos pocos en detrimento de la gran mayoría, simplemente porque comparten ideologías. Así, el artista que autosegestiona, tiene dos paredes por delante; la primera los artistas que son impuestos a través de los medios de comunicación por representantes que hacen un lucrativo negocio. Por otra parte, lidiar también con el Estado, que al ofrecer espectáculos gratuitos con artistas de cartel, dejan al resto casi sin posibilidad de progreso. Todo esto, hablando claro, de las artes que entran en las llamadas "industrias culturales". Ni hablar de escritores, artistas plásticos, bailarines, etc., donde la batalla es en todos los frentes y contra todos. En la sociedad mediática y consumista en que vivimos, el 90% de las posibilidades se dan a través de los medios audiovisuales de comunicación. EE.UU., gasta más de 200.000 millones de dólares al año en promocionar sus artículos culturales; no solo porque se usan como forma de penetración, sino y fundamentalmente porque las industrias culturales son las que más dinero mueven en el mundo, después del narcotráfico; el tráfico de armas y el petróleo. Mientras nuestros políticos no entiendan que en todas partes del mundo, el arte deja ganancias económicas -son las únicas que ellos entienden- pues nuestros artistas seguirán padeciendo su situación social de marginados.
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  5. La función del estado debería apuntar a lo SUBSIDIARIO, esto es: apoyar donde se necesita, donde hay imposibilidad de acceder. La Metrópolis se fuma a la provincia y el Concejo Provincial de Culotura es una fantasma de sábana oscura. Hay que reorganizar los circuitos culturales con infraestructura digna y completa con recursos humanos capacitados en las regiones, descentralizar calidad y permitir la emergencia y el dialogo via circulacion entre regiones. Una aclaración: LA CULTURA de "ESPECTACULOS GRATIS" NO LO ES..., la pagamos con impuestos que van a fondos provinciales, regionales (CFI) o nacionales. Y asisten unos y otros no, los que viven más cerca del hoyo del keke...
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  6. Es una lástima que queden fuera del análisis las "artes plásticas" como se les decía anteaño. Me gustaría hacer un comentario con respecto al Le parc, según el autor, estupendo. Es increíble que un espacio cultural en cuyo nombre se homenajea a un artista visual, no tenga ni una sola sala decente para exponer este tipo de trabajos, los cuales son expuestos en los pasillos. Preguntenle a la familia de Molinelli por que levantaron las obras! Trajeron una curadora de bs as y les pegaron las cabezas de las esculturas con poxiran a la pared!!!!!!
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  7. Es cierto que el mundo audiovisual esta activo pero claramente no es fruto de las políticas locales. Es dificil pensar en hacer cultura en mendoza sin pensar en la manera en la que se articulan las políticas culturales desde el Estado provincial. Cuanto puso la provincia de Mendoza y Ciudad para que vengan a hacer Vino para Robar los figurones de la tele? De donde salió esa plata? Es otro Cadillacgate? Figura en el Boletin Oficial? Y si fuera mucha plata, cuanto significa en relacion a lo que la provincia aporta para generar producción y trabajo local?
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  8. Coincido con las palabras de Naranjo. El Centro Le Parc es moderno y tiene su actividad. Pero como decía el Padrecito: "Primero la casa de los Hombres y después la de Dios", y construyó un barrio y luego -al final- el templo. En este caso, la prioridad son los 18 municipios, que es donde vive la gente. Le Parc, con sus $105 millones de costo y sus 1.000 localidades (sobredimensionado, construído para ser admirado como objeto, ambientalmente infeciente), es una muestra de las prioridades de la Administración Pérez. Se persiste en la concentración de recursos e infraestructura en unos pocos kilómetros cuadrados (la mayoría de las salas, incluída el Teatro Independencia, los museos, los centros de enseñanza y capacitación, etc.; programas como Mendorock, Verano Vendimia, Jazz en el Lago, Independencia Jazz, Americanto, etc.; una Fiesta Nacional de la Vendimia de $30 milones que beneficia a unos hoteleros, restaurantes y vendedores de pocholo de la Capital, hecha para turistas, empresarios y políticos, que no representa nada del esfuerzo diario de los que trabajan),. Esto es centralismo cultural, a lo que se suma la concentración económica, educativa (la casi totalidad de las universidades) y política. La mayoría de la veces no es posible desconcentrar cuando hay infraestructura instalada, pero sí es posible desconcentrar los programas y crear infraestructura nueva. Por otra parte, existe el silogismo del político de turno que dice: "¿Para qué poner dinero en lugares donde no vive nadie, si acá nomás hay un montón de gente que le encanta la joda y nos asegura el triunfo?".
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  9. Comparto ampliamente tu análisis! Muchas gracias Un gran saludo para todos
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  10. Ley de mecenazgo.
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