opinión

El bolupolio de los inimputeables

La diferencia entre la política y los penosos contrapuntos mediáticos.

El bolupolio de los inimputeables

Se habló, habla y hablará hasta la saturación auditiva sin solución de continuidad del “retorno de la política”, o renovado interés del pueblo en general y de los jóvenes en particular por la cosa pública, supuestamente. Hay mucho de eso, para qué lo vamos a negar, y no está nada mal, luego de que desde un par de décadas atrás y hasta hace muy poco la “Política” haya sido considerada una mala palabra tirando a pésima, sinónimo de corrupción e ineficiencia. Ya lo hemos dicho hasta la nausea en esta columna: hay que meterse y aún calentarse (sin que se te salga la cadena) en lo que nos concierne a todos, porque al fin y al cabo siempre se trata de plata nuestra. Nunca deberíamos desentendernos absolutamente de la política ni de la economía ya que siempre hablamos  del propio bolsillo. Claro está que, si alguno prefiere vivir en un satélite orbital, está en todo su derecho, obviamente.

Pero una cosa es eso y muy otra es reducir los necesarios contrapuntos a un penoso ping-pong mediático en el que los oficialistas aparecen solo en medios no menos oficialistas para despotricar contra opositores varios, mientras los contreras fatigan las emisoras identificadas como opositoras para reventar con o sin razón al gobierno y tribus aledañas. Lo peor del caso es que muy contadas veces los protagonistas de tales “debates” son los más lúcidos exponentes de una u otra postura, siempre que demos por sentada y asumida esta dura realidad: solo hay “Blancos y Negros”, y más nada, lamentablemente. Entonces, una vez digerida esa perversa lógica, cada bando envía a sus kamikazes más representativos, esos dispuestos a inmolarse para defender aún lo indefendible en la múltiple “agora” nacional, que incluye desde la clásica radio hasta el novísimo Twitter, pasando por la tele, los diarios y las revistas. Lo que queda entonces es un retorcido ida y vuelta de posiciones extremas que se parece mucho a una partida de Poker o del criollo Truco, en la que una carta (o argumento o chicana o denuncia) sirve para “matar” a otra. De que se complementen, se enriquezcan mutuamente y ambas sean consideradas viables con sus más y sus menos, mejor ni hablar...

Entonces, al pobre Cristo de a pie como ustedes y yo solo le queda pensar que en la dinámica mediática está todo a lo que puede acceder para informarse y formarse, le guste o no, y eso es lo que hay. Bueno, en parte sí, pero no puede ser que la emisión de discursos oficialistas y opositores esté quedando en manos y boca de gente a la que una persona con dos dedos de frente solo puede recontraputear, por decirlo en lenguaje académico. O que ni eso merecen. A cada quien se les pueden ocurrir una docena de nombres, de un bando y de otro. Entonces, la circulación pública de ideas y propuestas está reducida a la participación mediática de individuos cuyo dudoso talento es igual al de un dragón: abren la boca para incendiar todo. Y así no vamos a llegar a nada, queridos. Ya sé que nunca seremos tan finos y educados como unos socialdemócratas nórdicos, por ejemplo, porque somos latinos calentones y porque funcionar social y políticamente como esos rubios altísimos sería un perfecto embole. Acá nos gusta el agite, la movida y el despelote. Está en nuestros genes y no lo podemos evitar. No está mal, es apenas una característica nuestra como tantas otras.

Solo pido que termine este cuasi “bolupolio” de personas no solo inimputables si no también “inimputeables” y que los bandos en disputa manden gente como la gente a los medios. Es que (si vemos el sector oficialista) por cada aparición de un Ricardo Forster hay tres de Luis D'Elia o Diana Conti, y en la otra vereda observamos que por cada entrevista a Marcos Aguinis se le hacen dos o tres a cualquier Alfredo De Angeli o a un Luis Barrionuevo. Así no vale, porque se nos emberreta la discusión y todo se va diluyendo en improperios y chicanas de la peor especie, que es lo más que pueden aportar esos que hoy casi monopolizan la distribución del discurso correspondiente a cada sector. Porque si esto sigue así, en no mucho tiempo más escucharemos en cualquier radio o canal diálogos como estos:

 

PERIODISTA: Buenas noches. Estamos hoy con dos contendientes muy importantes. En este rincón, el Diputado oficialista Agamenón Chicanelli. Y en la esquina opuesta, el muy opuesto y opositor dirigente sindical Rogelio Garconcio. ¡Suena la campana y comienza el encuentro!

CHICANELLI: Lo primero que quiero decir es que este infeliz que tengo delante fue cómplice de las privatizaciones neoliberales de los 90. Así que no me venga a criticar nada, porque no tiene autoridad para hacerlo.

GARCONCIO: ¡Ah, claro! ¡Y este trepador que tengo enfrente en los 90 estaba en un monasterio del Tibet! No me hagas reír, payaso, que bien que se te despellejaron las palmas de las manos de tanto aplaudir al Turco Menem, ese mismo que ahora vota con ustedes a ojos cerrados porque lo tienen alquilado.

PERIODISTA: Señores, les pido que no haya agresiones...

CHICANELLI: No pidas pavadas, gacetillero barato, que si no hay agresiones esto no lo ven ni los perros y no vas a ligar ni un miserable Twitt como rebote. Decía yo que este despreciable sujeto no merece opinar sobre la esplendorosa gestión de gobierno que encabeza la genial ELLA y a la que me honro de pertenecer, porque es un trucho.

GARCONCIO: ¡Callate, pedazo de merquero! ¡Si vos vendías autos mellizos afanados en Paraguay y tenés una cueva para vender dólar blue porque estás entongado con los del Banco Central, que te batieron que iban a hacer el pedo que hicieron con los verdes y entonces te forraste.

PERIODISTA: Amigos, les recuerdo que los he convocado para hablar de la marcha del país y no para que se insul...

CHICANELLI: La marcha del país es maravillosa, nadie puede tener dudas. Es que gobernamos nosotros, con ELLA como la gran conductora y ÉL como el numen inspirador que desde el cielo de los justos nos sigue guiando y nos señala a los enemigos a los que ni justicia, como el traidor este que se cree que va a seguir para siempre atornillado a su sillón, pero no sabe que en cualquier momento lo hacemos saltar por los aires con la lista de La Campora que le estamos armando para coparle el quiosco.

GARCONCIO: ¡Pero callate, pedazo de ratero pedófilo! ¡Vos y esos mocosos maleducados no mueven la aguja en mi quintita, tarado! Y en cuanto a la marcha del país, que creo recordar que es el tema por el que nos invitaron, solo puedo decir que vamos de culo porque ESA y su banda de corruptos nos están hundiendo vivos, pero ya van a ver que en Octubre les rompemos bien la urna y al 2015 van a llegar con muletas, si nosotros los dejamos llegar.

PERIODISTA: ¡¡¡NO CHICANELLI, NO!!! ¡Guarde ese cuchillo...!

 

            Ese es el momento en que empieza lo peor. Bueno, esto es una exageración, evidentemente, pero no andamos muy lejos, y sin duda vamos a verlo si no se eleva mucho pero mucho el nivel general de los invitados a los programas políticos y similares. Y el nivel de lo que dicen y proponen, y ni hablar de lo que hacen. O sea, habrá que amacarse si queremos estar a la altura de esos tan cacareados “debates que debemos darnos”, porque con personal así lo veo más difícil que pellizcar un vidrio. Igualmente, no olviden algo: la esperanza es lo último que se perdió. Pero fue lo último, que conste.

Será hasta la semana que viene, creo yo.

 

Tw: @robertomagno2

Opiniones (1)
19 de abril de 2018 | 13:17
2
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19 de abril de 2018 | 13:17
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  1. Imperdible el debate en Diputados, "cUERVO" Larroque "Callate atorranta" a la diputada del PRO Laura Alonso y la respuesta de esta: ¡Parate! ¡Parate! ¡Cagón! . Todo esto en el debate de un acuerdo que desde la Dra. Kirchner para abajo todos saben que es una truchada para quedar bien con los yankis y enterrar para siempre el tema AMIA.
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