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¿Y si además de la cancha, los mandamos al teatro?

Mientras observamos con alegría los resultados del último censo escolar que nos muestran una mejora en Matemáticas, ya que se pasó de un 55,3% de alumnos con un desempeño medio y alto en esa materia en 2007, a un 70% con ese desempeño en 2010, nos asaltan por otro lado otros datos (obtenidos por el Instituto Nacional de Teatro) que dicen que siete de cada diez espectadores manifiestan no mantener un vínculo habitual con ese arte contra 3 que sí. El informe señala que sólo un 33% asiste más de 7 veces al año al teatro (público asiduo).
En relación a los motivos por los cuales no asiste al teatro, el 58% de los casos se atribuye a factores externos al espectador, tales como falta de difusión, información o escasa oferta. Los datos fueron obtenidos en Salta, Misiones, La Pampa, Chaco y Mendoza; y en las Fiestas Provinciales de Chubut, Entre Ríos, Corrientes y Tucumán.

Formar público

Y es aquí donde nos invaden las ganas de pensar, una vez más, en la necesidad de formar público consumidor de diversas manifestaciones artísticas. Nos preguntamos entonces: ¿por qué un chico concurre durante 10 años a cumplir con su educación física si, seguramente, un alto porcentaje de ellos no aspira a ser atleta? Un amigo ingeniero nos responde: “yo fui a Educación Física porque era una materia obligatoria, pero,  la verdad,  me costó mucho cumplir con esa materia”.

Y entonces nos inquietamos: ¿por qué los niños y lo jóvenes no concurren más masivamente al teatro, o a recitales, o al cine o a muestras pictóricas? ¿Puede (y debe) haber una materia en la currícula escolar que obligue al alma de los educandos a hacer esa “gimnasia”, con la única pretensión de alentar mentes sanas en cuerpos sanos? Si, podría haber.

Una materia que se llame “percepción artística” que obligue a los estudiantes a concurrir al teatro, o disfrutar de otras disciplinas, orientados por un programa previamente consensuado entre pedagogos y artistas.

El Estado, al obligar a los  jóvenes a practicar Educación Física, le está inventando un público cautivo a quienes fabrican zapatillas. ¿Por qué  entonces no podría convocar a los artistas y sugerirles: “pónganse a trabajar que  el Estado les pondrá el público”? Un acuerdo en el precio de las entradas (que debería ser mínimo para los estudiantes) generaría a los artistas dineros que les eximiría de mendigar contratos oficiales, subsidios y otras caridades que desde hace años son apenas paliativos para muy pocos trabajadores del arte.

Se puede

La implementación de un programa semejante no es cosa dificultosa. Y el alumno aprobaría “Percepción artística” con sólo demostrar la asistencia semanal a un espectáculo, siempre orientado  desde la escuela sobre la base de un menú elaborado por expertos. A los más grandecitos se les puede exigir, incluso,  una breve monografía sobre lo visto en el escenario.
Entonces sí, utilizando los medios que el Estado utiliza para difundir su gestión, una buena campaña podría estar apoyada en la siguiente frase publicitaria: “Artistas, a trabajar; el Estado te pone el público”. Así, una sala teatral o una galería de arte serían ámbitos tan comunes para los jóvenes como lo es la  cancha, a la que conocieron obligatoriamente durante los largos años de la Educación Física.

Fuente: Télam

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19 de febrero de 2018 | 23:05
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