opinión

¿Qué hubiera sucedido si Mendoza fuera otra provincia?

A partir de la iniciativa de MDZ, que invita a emplear la imaginación ante un diagnóstico que considera que “Mendoza sufre de un modelo productivo y económico claramente agotado e insuficiente”, se me ocurre un abordaje contrafáctico, esto es un ejercicio especulativo sobre lo que sería Mendoza sino se hubiera organizado y desarrollado como hoy la conocemos.

 

Esto colaborará en precisar si estamos frente a un modelo agotado o si lo mejor, para enfrentar los problemas de la economía global, es adecuar y fortalecer el que tenemos.

 

1.- Mendoza, imagina una pesadilla

 

Para este ejercicio tenga utilidad es necesario tomar hechos y decisiones fundamentales del proceso histórico mendocino y plantear qué hubiera pasado si los mismos no hubieran ocurrido. Así, si partimos de considerar que conformamos una civilización hídrica, cuyo desarrollo se explica a partir del uso y administración del agua, podríamos imaginar que desde el siglo XIX no comenzó a gestarse una sostenida política hídrica dirigida a su administración y que, en consecuencia, no se desarrollaron en la medida que los conocemos los oasis irrigados ni la industria vitivinícola.

 

Desde la perspectiva institucional, este escenario contrafáctico supone que carecemos de una ley de aguas con más de 100 años, que la Constitución Provincial de 1916 no estableció un organismo autónomo destinado a gobernar el agua, con facultades y poderes especiales para su administración, ni confirió a los usuarios su gestión y, como dato clave complementario, no limitó la reelección de su gobernador.

 

En este escenario contrafáctico, Mendoza termina siendo, por decirlo de un modo simple, un feudo, cuyas alternativas de desarrollo son limitadas. Seguramente una de esas alternativas, priorizaría la minería metalífera.  La razonabilidad de este ejercicio se desprende de compararlo con las realidades de provincias hermanas.

 

2.- Mendoza, la bien plantada

 

El escenario descripto no es Mendoza. Es obvio. La cultura del agua y del vino, o del oasis, trascienden la economía, para conformar los valores y principios que compartimos como sociedad. Esto explica por qué algunas iniciativas chocan con el paradigma político y cultural que compartimos como sociedad. No hay una familia gobernante, no hay reelecciones ni re-relecciones, los partidos políticos se alternan en el poder, no hay unicameralismo dominado por el oficialismo, hay una fuerte participación ciudadana en temas críticos en audiencias públicas o mediante protestas, los medios de comunicación tienen un aceptable nivel de independencia del poder.

 

El disparador de MDZ sostiene que el vino, el agro, y el turismo no producen empleo ni una renta suficiente como para que la provincia en conjunto esté mejor y la calidad de vida de sus habitantes sea sustancialmente superior. En realidad, ninguna actividad económica por sí misma puede proveer todo lo que se necesita, es la diversidad de las mismas las que confieren estabilidad económica y crecimiento sostenido. Lo bueno es que se haya empleado el concepto de calidad de vida, ya que endereza el eje del debate hacia una economía con valores sociales.

 

Así, el modelo vigente, también desde esta perspectiva, requiere ajustes y mejoras. En esto hay plena coincidencia con el debate planteado. El mismo está amenazado por el manejo discrecional del agua escasa, por su contaminación creciente, por las tecnologías de regadío insuficientes, por el servicio de agua potable en colapso, por el desarrollo económico centralizado en el oasis norte, por el crecimiento poblacional desordenado, por la ocupación territorial desequilibrada y arbitraria, olvidar la tierra seca o el secano y sus potencialidades…

 

También está amenazado por un peligroso estancamiento institucional: por no tener una cámara legislativa que represente a cada uno de los municipios, por no incorporar procedimientos de referéndum y consulta popular, por no tener defensor del pueblo, por no mejorar su régimen electoral, por no exigir rendición de cuentas a sus autoridades políticas una vez que concluyen sus mandatos, por no exigir la debida publicidad de sus patrimonios al asumir sus funciones, por no mejorar los mecanismos de control…

 

Todo esto nos hace vulnerables para enfrentar las crisis globales.

 

Hay dos libros inspiradores que ayudan a pensar sobre estas cosas: Mendoza, la bien plantada (1973) de Benito Marianetti, que nos cuenta cómo el aprovechamiento del agua expresa la historia de nuestra tierra y, de unos cuantos años antes, Hidrología de Mendoza (1940), de Galileo Vitali, donde encontramos en su prólogo la ucronia más inquietante de todas: “imaginemos qué pasaría si durante años no nevara en Mendoza,… todo sería un páramo”. Por supuesto, lo hace con la única finalidad de rendir tributo a los ciclos de la naturaleza y del agua, y así poder afirmar que “Mendoza es un don de sus ríos”.

Opiniones (0)
25 de junio de 2018 | 04:19
1
ERROR
25 de junio de 2018 | 04:19
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"