opinión

Cristina no llegó para durar

El triunfo de la presidente Cristina Kirchner en todo el país, con la excepción del "triángulo de las Bermudas" de San Luis, supera el resultado de las elecciones primarias del 14 de agosto e inaugura un escenario político que no tiene antecedentes.

Más allá de las estadísticas (la candidata más votada desde la recuperación democrática, la mayor diferencia con el segundo, etc.), el nacimiento formal del "cristinismo" le abre las puertas a un proceso que por inédito aparece cargado de incertidumbre.

Desde los sectores que se lo opusieron de manera cerril, más en los medios que en la política, se advierte ahora sobre el peligro de una hegemonía que rompa los diques de contención de las instituciones republicanas. Aluden a los 40 puntos de diferencia que separan a Cristina de su inmediato perseguidor.

En realidad el verdadero problema del sistema político argentino no es la eventual concentración de poder que puede derivar de un respaldo tan masivo (la Presidente enfatizó en que sus opositores más recalcitrantes deben "respetar" el veredicto de las urnas), sino la inexistencia de un segundo neto, un partido o coalición que consiga sostenerse en el tiempo para ofrecerse para una eventual alternancia. Ninguno de los frentes o alianzas que salieron segundas frente al kirchnerismo desde 2003 hasta ahora, pudieron mantener esa posición de fuerza.

Hasta es posible afirmar que este tembladeral en que se ha convertido la oposición política en la Argentina es una de las razones que hizo que algunos grupos multimediáticos hayan decidido ocupar el centro de la escena como nunca antes para disputarle el poder al kirchnerismo. Acostumbrados a "instrumentalizar" a oficialistas y opositores, se encontraron con que estaban en guerra con el oficialismo y no tenían nada sólido en la oposición como para enfrentarlo. Quedaron por esta vía a la intemperie. Y queda claro que no se traducen en votos la venta de diarios o los puntos de rating. Como no se convierten en sufragios propios los afiliados a los sindicatos, por más que puedan llenar estadios.

Todo el proceso electoral que concluyó este domingo estuvo marcado por estos ejes: a Cristina Kirchner no se le opuso nada, y si en 2009 la dura confrontación con el campo y con el Grupo Clarín puso en apuros al oficialismo, apenas dos años más tarde –fallecimiento de Néstor Kirchner mediante- aquella conflagración de superestructuras se transformó en una batalla entre las minorías del poder concentrado frente a una mayoría que tenía en Néstor, primero, y en Cristina más tarde a sus únicos abogados.

Desde octubre de 2010, Cristina y su reducido equipo político y de comunicación hicieron casi todo bien y no dejaron de recuperar terreno. En el otro rincón, el multimedios que conduce Héctor Magneto y sus "batallones" mediáticos aliados no lograron hacer pie ni un solo instante. La clave está en que, con algunas virtudes y muchos defectos, el kirchnerismo aparece haciendo política a la luz del día. La "corpo", como la bautizaron los jóvenes de "La Cámpora", encarna lo peor de las maneras tradicionales: el lobby empresario, las trenzas oscuras, las operaciones de prensa. En suma, todas aquellas cosas que le permitieron acumular un inmenso poder en las últimas dos décadas gracias, en buena medida, a la tolerancia de las sucesivas administraciones radicales y peronistas.

En fin, aunque no es posible asegurar hoy de qué masa estará compuesto el nuevo gobierno de Cristina Kirchner, sí se puede afirmar que no parece dispuesta a durar. Y en cuanto a la re-reelección, salvo que la Presidente nos desmienta, todo indica que el "cristinismo" buscará galvanizar un proyecto que la tenga como jefa más allá del lugar que ocupe. Para los operadores de uno y otro lado dejamos la discusión de la manera.

*Director de gacetamercantil.comTwitter: @villalongaj

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25 de abril de 2018 | 07:51
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