opinión

Más días de clase no es sinómino de mejor educación

Una vez más las autoridades educativas ponen el acento en el qué (en este caso el cuánto) y no en el cómo. No me refiero a otra cosa que el anticipo del anuncio del titular del área en el Ejecutivo Nacional, Alberto Sileoni, en el sentido de aumentar los días de clase a 190 para el próximo ciclo lectivo. Una decisión "analizada" (¿ o impuesta?) en el marco del Consejo Federal de Educación y que fuera prácticamente ratificado por el titular de la cartera de Mendoza, López Puelles,  quien salió a hacer declaraciones más como candidato que como funcionario, algo muy común en tiempos preelectorales.

Mientras la calidad educativa se va cayendo por la escalera, por el ascensor sube el número de jornadas en el calendario escolar como si ello fuera la garantía de un mejor nivel de aprendizaje. Se levanta como una bandera que el aumento de días  de clases es la medida de mejoramiento educativo: "Argentina viene mostrando una tendencia creciente en el cumplimiento de su calendario escolar, situación que se explica por el incremento de la inversión destinada a la educación, así como por el resto de las políticas públicas generales y específicas del sector" (Sileoni), al tiempo que afirma que casi todas las provincias cumplirían en 2011 los 180 o más días de clases previstos".

Parece que olvidan que entre los feriados largos, los feriados varios,  la entrega de notebook  (que es muy importante para que tengan una herramienta indispensable en el mundo de hoy), los actos escolares, la presencia de funcionarios por distintas razones en las escuelas, se altera el ciclo lectivo. Sería bueno que reflexionáramos entre todos los integrantes del tramado social acerca de la educación que estamos brindando a nuestros hijos, haciendo crítica, autocrítica, búsqueda de caminos más efectivos y menos efectistas.

Por ejemplo, sería muy importante que nuestros hijos conozcan la historia de nuestro país, sus personajes no como ídolos sino como hombres y mujeres que tuvieron aciertos y errores; que se interesen objetivamente por hechos y protagonistas,  que se les enseñe a pensar y a asociar. En este sentido, sería bueno en la currícula hubiera un aprendizaje en escalera y no chato, es decir, que todos los años no se repitan las mismas cosas sino que a medida que ascienden en los cursos, se profundice y amplíe el conocimiento; que aprendan a asociar fechas, hechos y personajes. Por ejemplo, que se dediquen tres o cuatro jornadas de reflexión (sin actos ampulosos, gastos de ornamentación, trajes y disfraces, ni tiempos preciosos para el ensayo), con investigaciones por parte de los alumnos con la guía de los docentes (en clase y no como tarea) en las distintas asignaturas. Pero sobre todo, ampliando en esa escalera de sucesión de cursos, el conocimiento reflexivo.

La sensación y la percepción es que nuestros niños y jóvenes tienen más días de clase pero con menos bagaje cognitivo, que el crecimiento de la informatización es inversamente proporcional a su desarrollo intelectual cuando deberían ser absolutamente complementarios. Por cierto,es indispensable conocer y utilizar las nuevas herramientas que nos ofrece el mundo actual pero si al mismo tiempo no se aprende el tan necesario "cómo" que es el que nos enseña a pensar, ell resultado es infructuoso. De lo contrario de nada servirán los avances si formamos autómatas.  No se trata de "copiar y  pegar" sino de leer, analizar y recién después utilizar: aprender a pensar antes de actuar. Esto les servirá en todos los órdenes de la vida partiendo de la enseñanza.

En vez de tanto incremento en el calendario escolar, de aumentar cada vez más las posibilidades para que los alumnos rindan en forma indefinida hasta que aprueben (recuerden la medida adopada a principios de este año en ese sentido por parte de la DGE: premio al que no estudia y castigo al que lo hace) so pretexto de la inclusión (término hoy bastante vapuleado) habría que pensar más en cómo recuperar el aprendizaje en serio. Los docentes están para dar conocimiento, para enseñar normas en lo que al ámbito educativo se refiere pero no para suplir el rol de la familia. Esto sumado a que en general, la sociedad y el Estado les exige a ellos lo que muchas veces debe provenir del hogar.

Debemos ser concientes de que los números son importantes pero más lo son los resultados.- Históricamente en Mendoza, las clases comenzaban después de nuestra tradicional fiesta vendimial y terminaban a fines de noviembre o principios de diciembre, dando tiempo a quienes no habían alcanzado los objetivos, pudieran dar sus exámenes con posterioridad a esa fecha. ¿Aprendían menos que ahora? Una pregunta que queda flotando para el análisis. En los últimos años se ha ido modificando el calendario y sin embargo todos las evaluaciones sobre rendimiento escolar ha ido bajando sistemáticamente. Otro punto para la reflexión.

Podrá aumentarse el número de días de clase hasta los 250 pero si no se apunta a la calidad educativa, los resultados de la formación de niños y jóvenes seguirán cayendo por la escalera en forma estrepitosa, como está sucediendo en la actualidad. El resultado de la ecuación más días mejores resultados hasta ahora no ha dado sus frutos.

Opiniones (1)
23 de febrero de 2018 | 10:07
2
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23 de febrero de 2018 | 10:07
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  1. No sirve polemizar sobre esto, sabemos que más días es más contención: pibes dentro de una esc. no importa qué hagan adentro, simplemente que no estén tomando cerveza o robando stereos afuera. ESO ES TODO. esa es la política educativa. AHH!! los docentes que se banquen la guardería en la que nos convertimos. y cuidado con el juicio que les hacen los padres por que el nene se partió la cabeza intentando escapar de la clase de lengua...o de historia o de geografía....etc.
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