opinión

¿Hay equipo?: los partidos atrasan en materia de seguridad

"¿Aceptarías una promesa de campaña por una mejor salud en la que juren que van a liberarles las manos a los enfermeros y médicos para que hagan lo que aprendieron de sus familiares y antecesores en el cargo?". Un análisis sobre las propuestas de seguridad de tres de los principales candidatos a gobernador.

¿Aceptarías una promesa de campaña por una mejor salud en la que juren que van a liberarles las manos a los enfermeros y médicos para que hagan lo que aprendieron de sus familiares y antecesores en el cargo? ¿Lo harías con la obra pública?: “Dejemos que los albañiles hagan lo que saben hacer, sin las rígidas condiciones del mito antisísmico”.

Bueno, de alguna manera, eso estamos permitiendo y hasta aplaudiendo de los candidatos a la gobernación de Mendoza cuando hablan de seguridad sin hacerse cargo de gobernar el área.

Tal vez el patetismo más explícito lo sostenga en esta oportunidad la triple alianza demomacristapuntana: promete mano dura, recurre a eslóganes en desuso en gran parte del mundo y prometen que los policías se gobiernen solos, como cuando la inseguridad llegó a tal extremo que los políticos tuvieron que hacerse cargo.

Esto fue lo que pasó en 1998 con la reforma policial. Los policías venían manejándose solos desde la dictadura, cuando la Fuerza Aérea los abandonó, tras usar la institución como maquinaria de secuestro y muerte, entrenándolos para detectar enemigos dentro de la población.

El regreso de la democracia encontró a las estructuras políticas carentes de cuadros capaces de gobernar una fuerza a la que se creyó profesional, pero que demostró que carecía de esa virtud e inclusive de liderazgo interno y externo, cuando ocurrió la primera de las rebeliones contra el estado democrático, durante el gobierno de Rodolfo Gabrielli. Allí no se avanzó: se aceptaron sus requerimientos y se continuó como si no hubiese pasado nada.

Tuvo que suceder la huelga policial de 1998, anticonsitucional, que bordeó el acto de sedición, para que los partidos políticos se unieran, aún a regañadientes (en el caso de los demócratas que jugaron a dos puntas) para darse cuenta que a la Policía, como a los hospitales y a los responsables de la obra pública (y muchos más, por supuesto) debe gobernárselos civilmente, políticamente: no basta con “quedar bien” con la corporación mayoritaria que compone el área.

Pero aquella gravísima situación en la que Mendoza amaneció un día con sus jefes policiales repudiados, con la inseguridad trepando a picos nunca antes conocidos y los policías en huelga, suplidos por gendarmes que conocían muy las fronteras del país, pero nada de nada las veredas y calles de Mendoza, no nos sirvió para el escarmiento.

Surgieron entonces las experiencias comparadas. Trajimos los casos europeos, con escala en la provincia de Buenos Aires, y probamos nuevas teorías para el gobierno de la seguridad. Se iniciaba un camino que debía concluir –como todo proceso que se inicia como política de Estado- en la experiencia propia, en la versión local de las actualizaciones que todo ente de gobierno requiere para funcionar acorde a la idiosincrasia.

No sucedió.

Las pujas políticas hacia dentro de los partidos hicieron surgir las mezquindades. De tal manera, en lugar de avanzar en el proceso se bombardeó a los grupos que lo lideraban y, con tal de sacar media tajada, se siguió argumentando en torno a una presunta “profesionalidad autodidacta” de los uniformados, concepto basado en dos pies, principalmente: la falta de capacidades propias en los partidos de generar cuadros especializados y el miedo a la reacción corporativa de los policías.

Mientras esto pasaba, el mundo continuaba girando. A los sistemas comunitarios de policiación europeos (en todas sus facetas) le siguieron el modelo japonés y luego, el impacto de Rudy Giuliani con su política de “vidrios rotos”.

Avanzamos a tontas y a locas en la Argentina: mucho discurso y poca acción. Le metimos participación comunitaria a la policía y luego la remplazamos por policías “duros”, en un delivery esquizofrénico de acciones que socabaron la identidad de las fuerzas policiales y que reflejaron los espasmos de una sociedad que consume morbo y la que se le responde del mismo modo, no con soluciones.

Tanto es así que doce años después del escarmiento que consiguió que los partidos políticos reaccionaran para darse cuenta que llevaban 15 años gobernando casi todo, sin haber desembarcado jamás en la Policía, todo vuelve a fojas cero.

Hoy el Ministerio de Seguridad reniega de aquella reforma, creyéndose dueños del Gobierno y no aceptando ser los meros delegados que son en un área sensible e importante, que requiere de políticas serias y a largo plazo. Sumidos en un Síndrome de Estocolmo, muchos de los reformistas se han vuelto defensores del “que se conduzcan solos”, en referencia a los policías, de quienes reciben informes y estadísticas y en quienes confían la gestión que no saben/pueden llevar adelante. Nuevamente, los policías son engañados: se les hace creer que hay confianza en ellos, pero, en definitiva, se los hace responsables de tareas que la política debe cumplir: gobernar, dar explicaciones, conducir, planificar. Claro que la política, de este modo, se desentiende de los malos pasos y gira la cabeza hacia algún uniformado, al que defenestran, cada vez que algún error roza su imagen.

Los principales partidos políticos en danza trasuntan, hoy, por el mismo camino. Sin ir más lejos, el radicalismo defendió a muerte al oficialismo en el área Seguridad cuando tuvo oportunidad de hacerlo. No se diferencia en casi nada con la actual gestión y, si bien sus equipos son los que han presentado primero un Plan de Seguridad, éste innova en detalles (sostiene que el narcotráfico es la principal causa de los delitos que nos afectan) y no en cuestiones de forma. Fue el ex ministro Leopoldo Orquín quien sostuvo, durante el Desafío Mendoza que convocó MDZ, su “orgullo” por la conducción policíal y volvió a instituirlas como los “verdaderos expertos” en materia de seguridad, una “sobada de lomo” que hoy en día ningún policía ni civil formado en la materia cree.

El justicialismo, en tanto, se apresta a ofrecer su propio plan basado en “la inclusión social”. ¿No es tarde para hacerlo? ¿La inclusión social es parte de un plan de seguridad o es el tema rector de la vida en democracia?

En las capas geológicas que acredita la historia del manejo de la Seguridad en Mendoza, el país y el mundo, quedaron atrás, sucesivamente, el modelo autodidacta, el de la derivación en los vecinos de las respuestas a la inseguridad, aquel que pretendía que todos las áreas del gobierno confluyeran en beneficio de un mejor servicio policial y ni qué hablar de la experiencia Giuliani, solo exitosa en su Nueva York natal, única e irrepetible, aunque transformada en un “spam” en los mensajes de políticos demagógicos que jamás sabrían que hacer con esas ideas en la mano, una vez puestos a gobernar.

Por primera vez, izquierdas y derechas están encontrando ahora un factor común en la materia. Un poco de todo lo aprendido, está bien. Pero fundamentalmente se hace eje en el “management de la seguridad”: qué policías tenemos, cuáles queremos y en dónde y para qué tenerlos.

También, como sucede con la economía, la educación, los índices sociales, se empieza a valorar contar con mediciones serias y contrastables las cifras del delito en todas sus facetas. Aunque parezca mentira, eso aquí, en Mendoza, no existe: se planifica en función de las sensaciones que transmita la gente, generándose un círculo vicioso en el que el propio Gobierno se cree lo bueno o lo malo que le indiquen las encuestas o los propios medios de comunicación.

¿Podría planificarse la economía de acuerdo con la cambiante reacción de la gente? Nadie lo piensa. Por donde quieras hay cifras, números, estadísticas del pasado y hasta pronósticos a futuro. En seguridad, en el mundo, se hace lo mismo en una materia en la que coinciden, por primera vez, como dijimos, tanto izquierdas como derechas responsables y que gobiernan.

Pero claro: poco podremos hablar del recurso humano altamente especializado y valorado dentro de la fuerza si no hay quiénes los conduzcan desde afuera. Es en estos casos cuando recordamos el reclamo porque los partidos políticos funcionen como tales y formen equipos: ¡no pueden conducir y transformar equipos si no cuentan con el propio bajo esas mismas condiciones!

El sábado le preguntamos a Luis Rosales, el candidato que retrocedió más de 10 años en el casillero pero que, sin embargo, se muestra como el más mundano y posmoderno, por qué cuando los demócratas tuvieron su primera oportunidad en un gobierno democrático de arreglar la seguridad la pifiaron, con Juan Aguinaga y Carlos Rico como referentes. La respuesta fue de manual: “La gente pide mano dura”, “Yo viví dos años en la Nueva York de Giuliani” y bla bla bla.

Hoy tenemos claro, en medio del publicitado “veranito” argentino, que el bienestar social no es el único factor que evita el delito. También está claro que las “manos desatadas” de los policías sirve para mucho: las tienen así, más allá de la propaganda demócrata y es lo que defiende el actual gobierno provincial.

Entonces, ¿cuál será el verdadero plan que pueda sostenerse en el tiempo y con qué equipos? La respuesta la tienen que dar los que pretenden gobernar, porque –por si no nos hemos dado cuenta todavía- el nuevo gobierno empezará en exactamente dos meses.

 
 
Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel
 
Opiniones (5)
19 de febrero de 2018 | 19:42
6
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19 de febrero de 2018 | 19:42
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  1. PERO TODOS ANDAN CON LA GUITARRA EN LA MANO. SR. CONTE, UD., QUE CONSIDERA EQUIPO DE SEGURIDAD? QUIENES LOS DEBERIAN CONFORMAR? SI EN MENDOZA, NO EXISTEN LOS ESPECIALISTAS EN SEGURIDAD, ESO ES UN VERSO, TENDREMOS A LO SUMO, ALGUNOS EXPERTOS EN SEGURIDAD Y EN REALIDAD NO SON POLITICOS. NO SOY PARTIDARIO DE LA "MANO DURA" EN LA POLICIA, YA QUE EL NUMERO DE EFECTIVOS, HACE PRACTICAMENTE IMPOSIBLE SU CONTROL. LO QUE DEBERIA SER DURA, CON TODO RESPETO LO DIGO, ES LA JUSTICIA. LA POLITICA LE HIZO PERDER A LA POLICIA, SU BIEN MAS PRECIADO Y QUE ES EL RESPETO DE LA GENTE Y VA SER MUY DIFICIL RECUPERARLO. UN POLITICO NO DEBERIA CONDUCIR UNA FUERZA SEMI-MILITARIZADA, (POR USAR ARMAS), DEBERIA CONTROLARLA. ES POCO EL ESPACIO ASI QUE TERMINO DICIENDOLE, QUE PARA TENER UN BUEN POLICIA, VA A TARDAR COMO MINIMO 10 AÑOS Y TIENE QUE COMENSAR CON LA SELECCION Y EL ENTRENAMIENTO, ES UNA FUERZA QUE DEBE ESTAR AL SERVICIO DE LA GENTE, ASI ESTA VA A COLABORAR CON EL UNIFORMADO, COSA QUE EN LA ACTUALIDAD NO OCURRE.ME OLVIDABA, NO TIENEN UNA BOLITA DE CRISTAL, Y EL MEJOR INFORMANTE ES EL VECINO, AUNQUE PARESCA ANTIGUO. A SU DISPODICION._
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  2. El candidato porteño del PD no puede desconocer lo actuado por AGUINAGA en el ministerio de seguridad en la gestión de Jaque. Tiene que hacerse cargo del arreglo hecho por De Marchi con el Kirchnerismo y no hacer propuestas de cumplimiento imposible. El PD de De Marchi no resiste ningún archivo ni candidato que lo aguante ya que el OMAR hará todo lo posible para que nadie saque más del 13% de los votos que él sacó cuando fue candidato.Todas las incoherencias de De Marchi deben ser respondidas hoy por Rosales y para muchas no hay respuestas. Aguinaga tampoco las tuvo cuando manejó la INSEGURIDAD EN Mendoza.
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  3. Obvio que se votan a ellos mismos!. Iglesias fue el padre del peor momento de inseguridad en Mendoza. Rosales es creíble.
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  4. Primero ese "hecha" se escrihbe con "h" porque viene de hacer. En segundo lugar, la inseguridad se ha incrementado de forma alarmante en la gestión Jaque, y eso nadie lo puede desconocer. No tiene que ver con partidismos, sino con la triste realidad imperante. Que Jaque no tuvo nunca un plan de seguridad, que el Mapa del delito fue una gran mentira, y que elimiaron lasa estadísticas para no informar, nadie lo desconoce. Yo no quiero a Jaque y sus cómplices Paco Pérez y Ciurca otros cuatro años, ¿y Vos?
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  5. Una nota echa para los radicales, una encuesta para levantar a los radicales..poco objetiva. En materia de seguridad Iglesias no resiste archivo. Pero si le dicen algo se hace la victima y dicen que le sacan el pasado y no se hace cargo, y después dice que los demás partidos le juegan sucio. Rosales se la banca y sale al ruedo, el del PJ también !, no tienen archivos que resistir por eso proponen, tienen algo para decir, tenemos algo para escuchar.
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