opinión

The hand in the tin (La mano en la lata)

Creo firmemente que podríamos llegar a morirnos de pasmo si una mañana cualquiera abrimos el diario y NO nos encontramos con, promedio, cinco denuncias por sospechas de corruptelas públicas o privadas, unos ocho funcionarios diciendo: “Yo no tuve nada que ver”.

Dicen algunos que esto empezó con el Virrey Sobremonte y su raje fulgurante a Córdoba, llevando con él la totalidad de lo poco que los españoles nos podían sacar en ese entonces (luego demostraron una notable habilidad para desplumarnos más y mejor, pero esa es otra historia). Otros afirman que la cuestión que nos ocupa y preocupa comenzó antes, al instaurarse la Colonia, porque los hispanos (justamente), nos prohibieron por ley, real decreto, bulas papales y todo lo demás, comerciar con quienes no fueran ellos mismísimos. Y eso fue lo peor que pudieron hacer, ya que nos incentivaron a contrabandear como posesos todo lo que estuviera a nuestro alcance, y lo que no también. Nos provocaron, y eso siempre es contraproducente.

No faltan los que, muy sueltos de cuerpo, aseguran que la cosa viene de cuando las milicias de la independencia criolla arreaban gauchos como quien últimamente amontona facturas sin pagar, y los llevaban a pelear por alguna causa ajena; entonces los nobles hijos de este suelo primordial se rebelaron, y comenzaron a hacer cuanta cosa estuviera más o menos prohibida, solo por señalar su disidencia con los mandantes de prepo.

Como sea, la contravención, la autóctona “truchada”, y, en fin, la corrupción, son algo así como el ADN de nuestro comportamiento social. Y así llegamos al día de hoy, cuando lo incorrecto es parte de nuestro paisaje tanto como el Aconcagua, las Cataratas o el obelisco, ni más ni menos.

No neguemos que la cosa tiene su encanto. Si no fuera por tanta truchez como se respira en el aire argento, ¿qué harían esos periodistas que hicieron de la denuncia del entuerto ajeno toda una industria?... ¿De qué trabajaría tanto “influyente” que te arregla la vida y te desarregla el bolsillo cuando hay de por medio algún trámite estatal complejo y unos pesos? ¿Dónde hubiera querido el indescifrable destino que nacieran ciertos personajes únicos e irrepetibles (ojala) de nuestra fauna politiquera? Seguramente, nos hubiéramos perdido de mucho.

Tal y como veníamos de embalados hasta principios del siglo XX, hubiéramos terminado siendo como esos desabridos australianos, como los insípidos canadienses o cual los socialmente estreñidos suizos, pueblos sin el sabroso condimento de lo indebido, lo prohibido, lo condenable por réprobo en el ámbito público pero loable y envidiable en lo privado. No seríamos lo que somos, sin duda. Tal vez estaríamos mejor de plata, si. Pero... ¿quién hubiera inventado el Truco, por ejemplo?... ¿un nativo de Helsinsky?...difícil que el chancho chifle, disculpen que se los diga.

Creo firmemente que podríamos llegar a morirnos de pasmo si una mañana cualquiera abrimos el diario y NO nos encontramos con, promedio, cinco denuncias por sospechas de corruptelas públicas o privadas, unos ocho funcionarios diciendo: “Yo no tuve nada que ver”;  “Esto es una campaña de desprestigio en mi contra” o “Todo está en manos de la justicia”. ¿Con que extraños ánimos enfrentaríamos cada nueva jornada si no escuchamos en los titulares de los primeros noticieros del día cosas tales como: “Piden el procesamiento del Ministro Soborni por presunto afano descarado”? o “Se supo: el Diputado Rapiñez era testaferro de Yabrán, de Hitler y del concuñado del primo tercero de Bin Laden”.

Realmente, nuestra existencia en estás pampas secas o húmedas (según donde uno viva) serían un marasmo de sopor y aburrimiento.

Por lo tanto, amigos, bien podemos bendecir a nuestros ancestros, y no solo por que así lo mandan la religión y las buenas costumbres, sino porque además nos dotaron de una inagotable capacidad para el truchismo y la corruptela, sin las cuales a estas alturas no nos diferenciaríamos demasiado de un desangelado holandés. Pero por suerte tenemos esa chispa inconfundible de quien sabe que se ha mandado todas las macanas conocidas en el universo e incluso inventó algunas que no se imaginó nadie, pero puede enfrentar a toda cámara o micrófono que ande por ahí y decir, con total frescura, que: “Corruptos son los que me acusan a mi, señor, justamente a mi que soy un pan de Díos”.

Y no solo en el  funcionariado público, los grandes empresarios o los mandamás de corporaciones diversas se nota esto; también podemos tener con, por ejemplo, el verdulero del barrio, un diálogo como el que sigue:

-Que tal, don Segismundo.... ¿me da un metro de acelga?

-Como no, maestro...aquí tiene.

-Disculpe usted, buen hombre, pero me parece que esto no es un metro sino unos 85 centímetros, diría yo...

-Y, que quiere, don...si le doy un metro justo me rajan de la Central  Argentina de Verduleros Fijos, Ambulantes y Afines. Así son las cosas...

Del mismo modo, ¿qué hace cada uno de nosotros cuando debe encarar alguna contienda con el Estado, o cosa similar? ¿Acaso va muy tranquilo al encuentro de las huestes  burrócraticas, sabiendo que la razón está de su lado y la justicia lo ampara contra toda forma de atropello y menosprecio? Ni ahí. Se busca algún amigote  con conexiones en las altas esferas, y tiende a empezar el tramiterío de arriba para abajo: yendo primero a ver al dueño del circo y evitando a los monos. Trata de llegar hasta el que corta el bacalao y después, con su venia y solo si es indispensable, pasa por el mostrador en el que recala toda la gilada, pero recibiendo trato preferencial.  Eso es tan autóctono como el asado con cuero y el mate amargo.

Nadamos entre grandes, pequeñas y medianas corrupciones con la soltura del pez en la anchura del océano, que igual que en nuestro caso, es el único mundo que conoce.

Por eso, amiguitos, la truchada está incorporada a nosotros cual las células que conforman nuestra anatomía, ni más ni menos. Así que no tanto quejarse de que el renunciante Subsecretario de Redundancias Varías se afanó hasta las macetas de su despacho y ni siquiera lo procesaron; pensemos, antes de deshacernos en recordaciones hacia su señora madre, que ese buen señor no nació de gajo. Lo parió esta sociedad que todos integramos, en la que todos tenemos algo que esconder o alguna “picardía” de la que ufanarnos en los asados con amigotes. No es lo mismo el que se curra millones de Dólares que el que se afana un chupetín del kiosco, ya lo sé. Pero todos hacemos algo, y por algo se empieza. Ya lo saben.
Opiniones (4)
19 de julio de 2018 | 14:44
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19 de julio de 2018 | 14:44
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  1. No leyó la nota de su odiado Clarín? parece que Moreno y Buodu van a ser socios en el negocio de la impresión de billetes de la Argentina, vamos MDZ, un poco de periodismo no militante de vez en cuando no les va a hacer daño.
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  2. Excelente. Es la verdad, pero que hacemos cuando nos cansamos de denunciar y nadie hace nada. Soy vecina del B| 17 de noviembre, de Guaymallén. El señor Intendente está de campaña y no atiende los reclamos de los que hemos pagado la obra de cuneta, cordón y banquina, Porque las personas a las que el comisiono para recaudar se alzaron con gran parte del dinero, Pero todo se oculta. El, de palabra, como siempre, nada por escrito, se ha comprometido con dos o tres vecinos que la obra se va a concluir. Pero aca estamos. Nada. Como siempre. Vivo en calle Bravo entre Servet y Peru. Estoy esperando que nos atiendan. Por lo demas, ya he iniciado otras acciones. No me gusta que me mientan y se rian de nuestra buena voluntad en la cara, Si hay muchos vecinos que no han pagado y estan atrasados en las tasas municipales, tambien somos un gran grupo que hemos cumplido. Que alguien nos escuche por favor.
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  3. Los examenes de conciencia como pide esta nota son bastante dificiles (no digo imposibles ) para quienes ya tienen la conciencia bastante sucia y ademas saben que gozan de total impunidad . Seria bueno trabajar muy activamente con las futuras generaciones :, educacion de primera ,formacion etica ,concientizacion de valores fundamentales Y claro esta gran trabajo social a traves de profesionales de la salud , en los grupos mas sensibles . Sin dignidad (vivienda , trabajo , salud ) se hace muy dificil la formacion integral de cada niño o joven y como consecuencia una verdadera recuperacion del tejido social..EN CUANTO A LA JUSTICIA , HASTA QUE NO SE TERMINE CON LA IMPUNIDAD FRENTE A TODO ACTO DELICTIVO (EN TODO ESTRATO SOCIAL ) la mano en la lata va a seguir siendo tentadora .
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  4. aunque nos duela... y si somos honestos .. debemos reconocer que es VERDAD o no...? ponemos cara de iluninados y afirmamos QUE LA JUSTICIA RESUELVA ¿que justicia? la que absuelve de culpa y cargo a un ex- por trafico de armas? y cuantas cosas mas... y como el tango EN UN MISMO LODO TODOS REVOLCAOS...
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