opinión

De jueces y espinacas

La escritora Sonnia De Monte nos regala una de sus reflexiones, enfocada en particular en el caso del juez federal Otilio Romano.

De jueces y espinacas
En la penúltima campaña para la elección desdoblada por intendente y concejales capitalinos, coincidí con el ex juez Luis Leiva en algunas oportunidades. Esto sucedió en un debate de candidatos en un club de barrio, en una cena en que salía al aire tanto el ruidito de los tenedores como la sarta de cosas que íbamos diciendo cada uno de los que allí intervenimos, y en un foro de candidatos en la entrañable Asociación Argentina de Actores.

Me quedó en la “memoria gourmet”, como ahora la damos por llamar con tanto canal ostentando abundancia por ahí (esa que me dieron y gracias a la buena mesa étnica y ecléctica que conozco por mi pueblo natal, donde inmigrantes y locales se acostumbraron a pasarse aromáticas y recetas saludables, a fuer de exquisitas), el suave tronar entre los dientes de espinacas crocantes que, hasta hoy, quiero aprender a preparar.

Esas hojas verdes, duras como después de la helada pero calientes en el plato, altivas,  aromadas y tan sencillas, me dejaron para siempre un sabor suave y laaargo en el paladar (como el de un buen vino pesado, añoso y bien compartido).

Coincidió, aquella fecha de la cena también, con el día de conmemoración del Detenido-desaparecido. Hice mi brindis por eso. Levantaron su copa todos, cosa que me llevó a preguntar, entre otros al candidato de los “gansos”, por la sinceridad del gesto (todo al aire, ¿eh?). Se dieron explicaciones que no sé reproducir, pero que fueron muy políticas o quizás diplomáticas nomás. De todos modos, no se salvaba casi nadie allí con respecto al compromiso con el tema (no compartieron esa mesa Del Caño ni Uceda ni Escayola), pero las copas se levantaron. ¡Salud!, por qué no.

Resultó ser que, más preparada que para ser concejala lo estoy, creo,  para otros menesteres menores como la escritura, el teatro, el cine, la docencia, en fin, llevaba en mi mochila, “accesorio” en desconcierto total con el lugar de reunión, un par de ejemplares de mi última novela Está lloviendo en Victorica (Editorial Acercándonos, Buenos Aires, 2008). Por la atención del ex juez Leiva ante un par de mis intervenciones, se me ocurrió obsequiársela (generalmente obsequiamos nuestros libros; somos un bodoque para vender). Y dedicada, claro está. Creo recordar que escribí algo así como: “Para L. Leiva, cordialmente, siempre que sea honesto”. Reconozco que como dedicatoria es más bien cualquier otra cosa, pero, bueno. Me dio por recordar en ese momento que Leiva no fue protegido, precisamente, por el sistema cuando el caso Monetta.

En estos días, con tremendo dolor y bronca hemos leído, nos hemos informado, nos hemos enterado de cosas como estas:

“Romano salió de Mendoza el 24 de agosto, en un vuelo que despegó a las 10.41 hacia Chile. Y a partir de ese momento, se perdió su rastro. En ese mismo avión también viajaba, según las datos que aparecen en el listado de pasajeros, el ex juez federal Luis Leiva quien consultado por esta situación, contestó de manera tajante: "No voy a responder nada sobre ese tema". Especifica la crónica de El Sol.

“(…) el mismo Leiva ha mencionado que ha tenido una muy buena relación con Romano y con el otro camarista complicado Luis Miret, por casos acaecidos en la época de la dictadura.  Romano está procesado por 103 hechos en los que supuestamente denegó justicia y omitió formular denuncias penales a raíz de desapariciones, torturas, violaciones y otros delitos que eran denunciados como cometidos por la represión estatal”. (MDZol. 7/9/2011).

Sabemos que mucho se embarra; que hay intereses subrepticios y otros muy notorios en las noticias, a los que se suman los consiguientes comentarios que todos hacemos, los prejuicios y los dimes y diretes. Pero no parece el caso. Me quedé alelada, me quedé mal; con ansias nunca silenciosas de pedir explicaciones, de pedir verdad, de pedir justicia, de pedir respuesta, de pedir memoria, de pedir de vuelta un libro en el que, en su acápite dice, de Sthendal: “Al hombre le ha sido dada la palabra para ocultar su pensamiento”.

Qué sinsabor. Como si esas hojas crocantes de espinaca siguieran largas en mi paladar. Dolorosas, eso sí, como cocinadas a golpes de fuego en un cuartel. 
Opiniones (1)
20 de julio de 2018 | 21:53
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20 de julio de 2018 | 21:53
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  1. ... el ex juez Leiva ha asombrado y desilusionado a muchos... Bueno, ahora lo conocemos un poco más... Por cierto, muy bueno tu relato...
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