opinión

¿Es la calidad institucional, estúpido?

"No pretendo aquí desentrañar el intríngulis. Nunca corrí tras el descubrimiento de la formula del agua tibia. Creo que para saber si hay calidad institucional o qué cornos, debemos escuchar a todos, navegar largamente la cotidiana realidad con ojos bien abiertos y espíritu inquisidor"

¿Es la calidad institucional, estúpido?
Tal vez lo hayan notado; llevamos ya un largo tiempo llenándonos las fauces con la predica de la “Calidad Institucional”. Que falta, que sobra.

Que nos chorrea por todos los poros, que ni la conocemos, que pim, que pum…

Más o menos lo de siempre en estos pagos: uno de los tantos y tontos “Boca-River” que supimos conseguir. Para el oficialismo, nadamos en un profundo mar de “Calidad Institucional” tan ancho como nunca se vio en el vasto mundo. Para la oposición, ni ahí; es una terrible deuda pendiente, un déficit casi insalvable, una vergüenza más y una cualidad menos. Qué se yo… seguro que pasa como con todo lo demás: ni muy muy ni tan tan, como decía mi tía Porota. Cada cual lleva agua para su molino y tiende a presentar sus propios argumentos como si fueran la última botella de agua mineral antes del Sahara, al tiempo que denigra los argumentos ajenos cual basura infecta. Pasa en todas partes, si bien en Argentina lo llevamos a niveles paroxísticos: todo o nada, muy poco o demasiado, siempre así.

No pretendo aquí desentrañar el intríngulis. Nunca corrí tras el descubrimiento de la formula del agua tibia. Creo que para saber si hay calidad institucional o qué cornos, debemos escuchar a todos, navegar largamente la cotidiana realidad con ojos bien abiertos y espíritu inquisidor, y por sobre todo no calentarse, tomando lo que se dice como de quien viene.

Eso sí: para que no me salgan con que no me la juego, que nunca digo nada concreto y demás patrañas, voy a pelar ya mismo un gran aporte a la calidad institucional argenta: ¡Que a partir de este año de Nuestro Señor 2011, todos y cada uno de los candidatos a lo que fuere votable expliquen con pelos y señales de donde saldrá el dinero para hacer todo lo que prometen hacer!

Ahí te voy a querer ver. Porque todos somos muy tauras cuando la guita no sale de nuestros bolsillo (aunque salga del de todos, que DEBERÍA ser lo mismo) más aún cuando no tenemos la responsabilidad de administrar a diario, y todavía más cuando alguien nos  pregunta como podremos bajar una estrella a pedradas (según aseguramos) sin siquiera levantar una mano, especialmente en caso de saber que no ganaremos ni disfrazados de gaucho (consultar el famoso “Teorema de Baglini”)

Imaginen escuchar a un candidato diciendo, por ejemplo: “¡Salve, Oh amigos de esta pujante localidad de Lomas Lejos! En este sencillo pero insignificante acto, juro y prometo que si me elijen a mí habrá electricidad, cloacas, agua, escuelas, hospitales, seguridad, autos, trenes, aviones, tractores y bifes de peceto para todos. Pero lo que se dice para todos, posta. Y no estoy macaneando, aunque mi cara y cierta fama que me precede puedan indicar lo contrario”.

Entonces, alguno de los presentes le espeta: “Si, Cacho…y yo soy Frank Sinatra, mucho gusto…Mirá, todo piola con vos, pero explícanos ya mismo y tan detenidamente como te lo permita el seso DE DONDE va a salir la guita para todo eso. Ya sé, no me digás, tenés razón…son los morlacos del otario, como dice el viejo gotán; siempre es  así, lo sabemos. Pero te recuerdo que en la administración de la cosa pública se observa aquello de la frazada corta: si te tapás la cabeza te destapás las gambas, y viceversa. Entonces, decí de qué nos vamos a privar para obtener tanta maravilla, che candidato”.

Si, ya sé; esta escena es impensable hoy, como de política-ficción, si tal cosa existiera. Pero bueno, no perdamos las esperanzas de que alguna vez se haga realidad, lo cual depende fuertemente de nosotros mismísimos.
Porque ahí si que daríamos un salto hacia la calidad institucional de verdad, dándole contenido palpable a un concepto bien abstracto, y suprimiendo en parte la vieja superchería nacional de pensar de que si mencionamos algo hasta el cansancio, esto finalmente se hará realidad.

Ni a ganchos, amigos, lamento decirles…

Ya hemos comprobado hasta la nausea que ese “pensamiento mágico” (tan entrañablemente latinoamericano) con nosotros no funca. Mil veces hemos convertido deseos en slogans, esos slogans en mantras colectivos y esos mantras en decepciones, quedando al cabo bien colgados del pincel cuando la realidad nos sacó la corta y raída escalerita de soga con la que pretendíamos subir hasta el infinito y más allá. Me temo que con la tan sobada “Calidad Institucional” esté pasando eso. Es mentada permanentemente, sea para reclamarla porque escasea o destacarla porque abunda. Pero poco se hace para avanzar hacia ella con pasos firmes y pausados mediante conductas sociales concretas.

Si empezamos a exigir que nos expliquen de donde saldrá el dinero para hacer lo que candidatos de todo pelaje juran que harán, la calidad institucional podrá ser algo más que un latiguillo para adornar discursos o un cascote verbal para revolearle por la cabeza a los adversarios en las campañas electorales.

Ojala, Amén, díos quiera y todo lo demás.

Hasta el sábado, y traten de ser felices.
Opiniones (3)
19 de abril de 2018 | 11:23
4
ERROR
19 de abril de 2018 | 11:23
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Hacen ya varias semanas q los títulos de las notas de opinión de MDZ apelan a la ya trillada frase q un asesor de campaña le sopló al oído a Bill Clinton: "Es la economía, estúpido". ¿Si pensamos un ratito y buscamos algo propio?
    3
  2. Es casi un autopia lamentablemente, pero ojala .... algún díaaa.. . quién sabe.... Felicitaciones por tan buenas y entretenidas notas, me gustaaaaaannnnnn!
    2
  3. Perez (menos mal que no Fco) la ciudadanía vota pensando "si hace, que importa si roba"
    1
En Imágenes
Aguas color Malbec
17 de Abril de 2018
Aguas color Malbec