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Oh, melancolía

"Tuve la necesidad urgente de hacer un repaso mental -y no tanto- de cosas que nombraban las canciones con las que crecí y que ya ya no existen más o que al menos serían incomprensibles para un pibe del siglo XXI sin una enciclopedia a mano", escribe Alejandro Frias.

Oh, melancolía

Resulta que ayer me pongo a trabajar en la compu y, para no sentirme tan solo, abrí el iTunes, que es como uno de esos depósitos en los que uno pone todo, lo que usa regularmente y lo que no, entonces recuerda que allí tiene tal cosa, pero ni recordaba que tenía tal otra que encontró ordenando, revisando o buscando un viejo algo.

La cuestión es que abrí el iTunes: 3.585 canciones, 9,7 días de música continua… Ante tal cúmulo, qué elegir. Opté por la más fácil, la salomónica, la gran “reproducción aleatoria”, que está más que buena, porque es como escuchar una FM de pura música pero con lo que a vos te gusta, una radio en la que pueden alternarse The Ramones con Leo Maslíah, así como la voz de Dimi Bass con la de Elis Regina.

Entonces sí comencé a trabajar. Yo miraba el monitor y escribía, meta escribir, tenía que terminar un par de cosas para ayer mismo, así que poca bola le daba a la música, pero de repente empezó a sonar Tercer mundo, de Fito Páez, que al principio no le di importancia, pero luego, mientras avanzaba, me enganché un poco más, especialmente cuando dice “inapetente estará Pinochet el día que lo echen a palos”, y entonces vino la siguiente estrofa de la canción, que habla de que llegó a una disco en la que estaba “Khadafi bailando con un ministro”…
“¿Khadafi?”, pensé, justo hoy que el tipo está siendo bombardeado por todos lados por la OTAN (vaya a saber qué parte de Libia es la que se toca con el océano Atlántico), y encima con esa pronunciación tan vieja: cadafi.

Ahora decimos y escribimos Gadafi, Khadafi era de los ochenta, pensaba yo, y  me di cuenta de que si un pibe de entre 15 y 20 escucha Tercer mundo de Fito comprendería poco, porque qué puede entender cuando oye “Gordo Porcel”, o “la Salomón”.

Y así fue como, por asociación ilícita de ideas, tuve a la necesidad urgente (sí, esas necesidades son urgentes, hay que dejar todo lo que se está haciendo porque estas sí son cuestiones de vida o muerte), tuve, decía, la necesidad urgente de hacer un repaso mental –y no tanto– de cosas que nombraban las canciones con las que crecí y que ya (snif, se nos va la vida) ya no existen más o que al menos serían incomprensibles para un pibe del siglo XXI sin una enciclopedia a mano.

Así que me puse a buscar entre los recovecos de la memoria a ver qué encontraba. Y de inmediato me acordé de que en el mismo disco de Fito, Tercer mundo, hay una canción que se llama Los buenos tiempos, en la que dice “perdí los dientes y me dieron el DAF”. ¡El DAF! Ningún joven podría saber que eso significa Deficiente para la Actividad Física y que era una de las aspiraciones más importantes de los dieciochoañeros de entonces, porque con esa simple frase estampada en el DNI uno zafaba de hacer la colimba.

Entonces ya me enrosqué de lo lindo en esto y me pregunté qué pensarán los chicos cuando oyen Mañana en el Abasto, de Sumo, si los que frecuentan ahora el Abasto no ven tomates podridos a su alrededor, o qué se preguntarán cuando escuchan eso de que “Fabio Zerpa tiene razón, hay marcianos entre la gente”, del ya don Calamaro.

También recordé aquella canción de las Viudas e Hijas de Roque Enroll, La familia argentina (gran obra a favor del divorcio, en debate por aquellos años), en la que la sufrida madre se queja de que se sus hijos escuchan siempre el walkman (¿qué cosa?, pregunta el pibe acostumbrado al mp4) y se decepciona cuando el marido le pide el diario cuando “la tele está por terminar”.

Acá, por ejemplo, cómo hacerle entender a un chico que nosotros vivimos en una época en la que la televisión no transmitía todo el día y que, además, en verano abría la transmisión a las seis de la tarde (mis hijos no pueden creer esto, no les entra en la cabeza).

Hay muchas otras cosas que ya no existen, como el Atari en el que un ruso y un yanqui (¡Guerra Fría! ¿Qué es eso?) se juegan los zapatos y la foto de graduación de Miguel Mateos, el Italpark al que Los Abuelos de la Nada nombran en Hermana Teresa (¡y la hermana Teresa!) o la empresa aérea en la que viajaba José Mercado: Pan-Am.

Y cómo olvidarme en esta incompleta lista de El anillo del Capitán Beto, esa hermosura de Spinetta en la que se refiere a los malvones, a Carlitos, al Beto Alonso sin nombrarlo y a tantas joyas que nunca morirán, pero que en medio de tamaña enumeración de objetos que el capitán lleva en su cabina se refiere al banderín de River Plate, otra de las cosas que ya no existen más.
Ah, los buenos tiempos.

Opiniones (2)
17 de julio de 2018 | 01:34
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17 de julio de 2018 | 01:34
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  1. Ja,ja Canito, no exagere. Buenos tiempos%u2026. si, difíciles también. No se preocupe, river volverá, también central. Espero que, efectivamente, esas enumeraciones, en las que también incurro a menudo, se traten de Melancolía y no, colgándome de las cuerdas del al Gran Flaco, una brisa inmensa de ancianidad. jaja Abrazo
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  2. Humille maestro, gallina tenías que ser para ser melancolíco, todo pasa, pero la Mendoza, de La Pausa y del ACA, de los cerros y los panchos caminando se habrá escondido.? Abrazos Canito. Patrick
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