opinión

Modos de hacer política

La política es un asunto serio que a menudo no suele tomarse con seriedad. Es común considerar como buen político a ese individuo que derrocha simpatías, aunque carezca de ideas.

En su célebre novela “Desde el jardín”, Jerzy Kosinski pone en movimiento a una criatura con esas características que, como consecuencia de esas características, termina por convertirse en el presidente de los Estados Unidos de América. Leer la novela y posteriormente ver la película (Peter Sellers le daba vida a ese presidente ignorante de todo) no producía mayor sorpresa: pensábamos que esas paradojas eran propias del gran país del norte, hasta que un día los globos de colores llegaron a nuestra ciudad. Abstenerse de hacer política, dicen, fue uno de los pilares del reciente triunfo de Mauricio Macri.

Cuando padecimos la crisis de 2001 la gente salía a la calle repitiendo una consigna: “¡Que se vayan todos!” Era un modo de repudiar a quienes hacían política, se los consideraba corruptos, sin excepción. Dos años después esa consigna era un mero recuerdo. A partir del 25 de mayo de 2003 otra vez comenzó a hablarse seriamente de política, separando la paja del trigo.

Cinco años más tarde sonaron las cacerolas. Las golpeaban quienes defendían a los reyes de la soja y a sus entusiastas cortesanos. No está de más recordar que ese modo de protesta se inició en Chile, durante el gobierno de Salvador Allende. Fue promovido por la ultraderecha y preanunció el advenimiento de Pinochet y su política de destrucción y muerte.

La carta inaugural del espacio Carta Abierta, un conglomerado de artistas e intelectuales, formado por aquellos días, postulaba “la recuperación de una palabra crítica que comprenda la dimensión de los conflictos nacionales y latinoamericanos”. Esa Carta cuestionó el “clima destituyente” que había instalado la denominada “Mesa de Enlace” y ofreció su apoyo al gobierno nacional. Los grandes medios masivos de comunicación denominaron “Intelectuales K” a los miembros de Carta Abierta y decidieron que se trataba de un grupo dispuesto a la genuflexión frente a todo lo que llegase de la Casa Rosada.

En cuanto la discutida Resolución 125 quedó sin efecto, las cacerolas volvieron a las alacenas y aquellos que las golpeaban celebraron el posterior triunfo en las elecciones legislativas, conformaron el denominado Grupo A, y agrupados en una consigna común, oponerse a todo lo que proponga el oficialismo, se largaron a hacer política. Les fue mal. Pero cuando ya estaban hundidos en la desesperación, llegó Macri, un político que no hace política y que, gracias a ese contrasentido, conquistó la simpatía del 47% de los electores porteños.

El sábado 16, en su habitual asamblea, el Espacio Carta Abierta analizó críticamente la enorme diferencia entre los votos a Filmus y los votos a Macri. No se trataba de buscar culpables en los otros sino de realizar una autocrítica con el fin de no repetir errores. Los grandes medios masivos de comunicación, que hasta aquel sábado 16 habían ignorado al espacio Carta Abierta, ahora le dedicaban notas exclusivas. No obstante, se toparon con un conflicto. Habían sostenido que “la autocrítica no es un ejercicio habitual en el kirchnerismo” y la última asamblea de Carta Abierta fue definitivamente autocrítica. ¿Cómo solucionar ese contrasentido? Simplemente, llevando a cabo la metodología que desde hace tanto tiempo caracteriza a esos medios: decir hoy lo contrario de lo que habían dicho ayer. Por consiguiente, leemos que Carta Abierta, ese espacio que ayer reunía a los “Intelectuales K”, hoy “ni siquiera es el kirchnerismo, por lo cual menos puede decirse que representan la visión del gobierno”. Eso es hacer política.

Esto también: por la Red circula un mail que enumera las barbaridades cometidas por Macri en sus cuatro años de gobierno. Me detendré sólo en una: el cierre del servicio de Zooterapia que funcionaba en el Parque Roca. La Zooterapia es una técnica que se basa en la estimulación con mascotas para favorecer tanto el diagnóstico correcto como el aprendizaje y la adaptación de los chicos discapacitados. ¿Cómo explicarles a esos chicos que aquel señor que aparece en los carteles, a toda sonrisa y diciendo “vamos bien”, les acaba de quitar las mascotas que en el Parque Roca ellos tiernamente acariciaban? Un decreto, ajeno al cariño, dejó desamparados, sin terapia, a 480 chicos. Uno de ellos dibujó un perro diabólico, con dientes, garras y sangre. Desde su solitario y vertiginoso mundo interior, ese chico acaso está anunciando de qué modo serán los próximos cuatro años de gobierno PRO.
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