opinión

A Facundo, el peregrino

El periodista Sebastián Goiburo, autor de la nota, recuerda a Facundo Cabral a través de un repaso por su vida, su obra y su mensaje.

Asesinan a Facundo Cabral en Guatemala. Las primeras informaciones aseveran que se trata de un crimen planificado. Las segundas informaciones aún no llegan porque hace horas que esta tragedia ha sucedido, sin embargo flotan en el aire los interrogantes: ¿quién podría haber matado a este hombre de tan profundos ideales? Cuando lleguen estas segundas informaciones nos daremos cuenta una vez más que el mundo funciona con otros engranajes, y que otra vez se perpetúa el diablo al que Facundo cantó describiéndolo como a ese que “es tan correcto como el hambre, / perfecto y ordenado como el fraude. / A veces tiene panza y si no tiene, / es calvo como todos sus placeres”.

El 7 de julio, Facundo hizo lo que, por designio de ese ente regulador de vidas tantas veces alabado por él, sería su última actuación en el Teatro Roma de la ciudad de Quetzaltenango. Cerca de las 5:40, en la ciudad de Guatemala y por una suerte de paradoja precisamente en el Boulevard Liberación, un número indeterminado de sicarios balean su camioneta desde dos vehículos. Se dirigía hacia el aeropuerto llamado La aurora. Y lejos de intentar una mistificación o especie de numerología barata entorno a la muerte de este gran cantautor, sería bueno responderles a los asesinos que, una vez más, las flores se cortan pero no la primavera.

Nacido en La Plata, abandonado por su padre, desterrado por la pobreza, criado y dejado en libertad por su madre, adoctrinado por la anestesia del alcohol que difuminaba una infancia que por suerte se extendería a lo largo de su vida (“no crezca mi niño, / no crezca jamás, / los grandes al mundo, / le hacen mucho mal”), y por sobre todas las cosas, llevado por el destino hacia giros que hicieron de él un hombre que escribía y cantaba en mayúsculas, Cabral fue lo que fue: un Hombre. Como un peregrino que camina hacia la integridad del alma, Facundo Cabral fue un personaje que por su sabiduría y su experiencia vital podría haberse comparado con un Sihdarta de Hesse pedestre y cotidiano.

Sus letras tienen una marcada influencia de Walt Whitman, las enumeraciones de vivencias profundas valiéndose de palabras sencillas, la búsqueda constante de la plenitud, la conexión con todas las cosas y relacionado a esto, el misticismo de ser uno y todas las cosas como así también un tratamiento especial sobre la vuelta al origen. Dice: “es que regreso contigo / madre que me has enseñado / que es un círculo el camino / y sólo el que va muy lejos /puede encontrar su destino / es decir lo que está cerca / o el lugar de donde ha partido”.
 
Podríamos emparentarlo a otros muchos escritores pero no es la esencia de la nota que pretendo. Sin embargo es justo decir que su grandeza no sólo reside en sus letras ni en su biografía sino que también su música, su poder escénico y la fuerza que su obra tiene para prender en la gente de todos los días son las cosa que deleitan… y hoy, nos duelen.

Según el presidente de Guatemala, el crimen fue organizado contra Facundo Cabral. Según las segundas informaciones, no. Sin embargo, cabe decir, una vez más, a los asesinos de esta Latinoamérica tan manchada: él es un detalle, como todo gran hombre ya sembró su gloria, arrolladora. Decirles también, la muerte es una moneda que sólo ellos manejan porque a Facundo Cabral nunca le importaron las monedas: “LO MEJOR DE LA VIDA ES GRATIS”.  El mal cree que triunfa, una vez más.
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25 de febrero de 2018 | 19:52
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