opinión

La fórmula de la juventud

Anunciábamos la parición del “cristinismo” y la criatura tomó forma. La nominación de Amado Boudou como candidato a vicepresidente terminó de activar un mecanismo de relojería electoral que tiene varios engranajes y cuyo movimiento comenzará a cobrar lógica desde ahora.

La presidente Cristina Kirchner mantuvo hasta último momento la incertidumbre hasta el punto de que, como ella advirtió risueña, su anuncio sólo tenía competencia en la mente de los argentinos con el deseslace de la Promoción que hoy jugará River en el Monumental.

La resolución del complejo entramado del kirchnerismo la tuvo a la jefe de Estado en el centro de las grandes decisiones, como a ella le gusta. Cuando advirtió que Daniel Filmus medía mejor que Boudou, Cristina decidió que su ministro de Economía era la mejor carta para acompañarla
en una fórmula que será ganadora por la carga que ella le aporta en términos de caudal de votos.

Los casilleros fueron llenándose solos. Que Boudou sea el vicepresidente resuelve a su vez otras dos posiciones: ahora la Presidente, una vez que gane, deberá elegir si como jefe de Gabinete instala a Juan Manuel Abal Medina o a Carlos Zannini. De igual modo, se trata de una formalidad porque ambos están -y lo estarán más aún en el futuro- en el círculo íntimo de la Presidente en su segundo mandato.

Tal como anticipamos algunas columnas atrás, Aníbal Fernández dejará la primera fila del poder para instalarse  en el Senado, un lugar en el que seguramente compita por su elocuencia con el cordobés Luis Juez, habitual disparador de frases incisivas y, ahora, más cercano al oficialismo que hace un tiempo. El actual jefe de Gabinete probablemente tenga, en el futuro, muchos motivos para agradecerle a la
Presidente ya que disfrutará de fueros, lo que lo aleja de la incomodidad de tener que recorrer los tribunales para explicar su extensa gestión pública.

La afirmación de que la unción de Boudou sería un gesto hacia Hugo Moyano, en boca de un conspicuo analista como Luis D’Elía, parece puro voluntarismo. El líder de la CGT sólo puede mostrar que su relación con Daniel Scioli es lo suficientemente fuerte como para que su hijo Facundo, una extraña mezcla de dirigente sindical de formación trotskista que defiende intereses corporativistas, haya logrado subirse a la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Eso y muy poco más, lo que parece un magro botín si se lo compara con el tono del reclamo del titular de la única

central obrera reconocida en el país, que llenó la cancha de River para reclamar la llegada de un dirigente de origen sindical a la Casa Rosada. Aquella presión permanente de  Moyano, según la visión de la Presidente, no habría sido una ayuda para la precaria salud cardiovascular de Néstor Kirchner.

El gabinete que hoy está en funciones se dispersará entonces en senadurías y diputaciones, lo que anticipa una renovación de ministros pero no necesarimente de cuotas de poder. Los casos de Zannini y Abal Medina ya fueron comentados, pero lo mismo ocurrirá con Julián Domínguez, que dejará en su lugar a un hombre de su confianza. Igual que Alicia Kirchner.

Por lo demás, sólo cabe esperar una homogeneización del equipo gobernante. Más concentración en el Ejecutivo y una “mancha de aceite” en los legislativos compuesta por dirigentes sociales, “lacamporistas” y leales al Gobierno nacional. De hecho, si el resultado en las urnas es el que se anticipa, la “tormenta Cristina” contará con una fuerza parlamentaria razonablemente propia e importante como para enfrentar los dos primeros años de su segundo término. Situación que tendrá tanta importancia para conseguir la sanción de leyes como para construir una fuerza propia consistente que ponga en mejor situación al “cristinismo” en las negociaciones que sobrevendrán para proveerle una herencia. Cualquiera que sea el sucesor, deberá garantizar un grado de lealtad que hoy casi nadie podía garantizar.

Por eso los operadores de la Presidente no transigieron en que Scioli designara a su segundo en la fórmula bonaerense. Ni siquiera a un “híbrido”: el candidato a vicegobernador será Gabriel Mariotto, la primera espada de Néstor – primero- y de Cristina –luego- para enfrentar a la “bestia negra” del kirchnerismo, el Grupo Clarín.

A propósito, para quienes creían ver un acuerdo soterrado entre el Ejecutivo y Héctor Magnetto, una de las cualidades de Boudou y la instalación de Mariotto pueder aportar una pista de cómo seguirá ese enfrentamiento. Cristina dijo que eligió al ministro de Economía por su “lealtad” y porque “no le tiene miedo a las corporaciones”.

Finalmente, en el momento de mayor acumulación de poder por parte de CFK, la aparición de Hebe de Bonafini en el acto de lanzamiento de la campaña muestra que los asesores de la Presidente debieron ceder ante su reclamo: no estaba dispuesta a dejar a su aliada incondicional a un costado por el cálculo de que podía tener algún impacto negativo en la campaña.

Con el tiempo se verá si la titular de Madres pecó sólo de sobreprotectora con Sergio Schoklender, de desprolija o de tozuda, lo que en cada caso implica su absoluta inocencia o algún grado de responsabilidad penal. Lo que está claro es que para Cristina, Bonafini no es Ricardo Jaime.

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20 de julio de 2018 | 05:10
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