opinión

Somos hijos de la tierra

El periodista y escritor Gregorio Torcetta, miembro de la Academia del Folklore de Cuyo, se suma a figuras de fuste, como Ricardo Tudela y Juan Draghi Lucero para describir el sentimiento y las formas de la cuyanía.

Somos hijos de la tierra

“El destino humano es inseparable del destino de la tierra; ambos se amasan conjuntamente y por oposición llegan a fundirse en todo ámbito cultural  vivo…un hombre sin conciencia de tierra es difícil que logre ética y socialmente conciencia de dignidad y libertad” (*)

Ese magistral pensador y poeta que fue Ricardo Tudela (*) a quien le pertenece el concepto precedente, fue uno de los maestros que legaron a las generaciones posteriores su “noble actitud del que bien enseña, su inquebrantable asocio con el pueblo que sufre, su amor a la humanidad…En los anales de la cultura mendocina, posiblemente no se repita un valor como el de Ricardo Tudela”, esto afirmado y refrendado por otro grande: Juan Draghi Lucero.
De ambas fuentes se nutre la línea filosófica que impera en este artículo referido a la cuyanidad de los mendocinos. Ello porque si bien geográficamente compartimos con San Juan, La Rioja y San Luis una misma región, la idiosincrasia de cada provincia es notablemente distinta.
En uno de sus recuerdos Tudela contaba:

 “…me encontré una tarde en la cumbre de uno de los cerros de nuestra precordillera en compañía de tres amigos, entre ellos el pintor Fidel De Lucía. Repentinamente  apareció en el norte una terrible columna negra con sus furias infernales y frenéticos alaridos: era el viento zonda. En pocos minutos nos sentimos envueltos en asfixiante polvadera. Un súbito calor se unió al horrible sacudimiento de toda la comarca. Los paisajes se emborronaron  y nosotros mismos parecíamos demonios que respirábamos azufre…me emocioné hasta las lágrimas. Era la naturaleza con sus voces épicas y la culminación telúrica de sus poderes destructivos. Lloré conmovido hasta aparecer como un pobre diablo”.

Somos hijos de la tierra

Pregonaba el poeta que somos ante todo, hijos de la tierra. Aquí están nuestras raíces, las posibilidades ignoradas de nuestro desarrollo, la fuente inagotable de lo que anhelamos ser. En lo sagrado de la tierra está nuestra sacralidad, nuestra alegría de vivir y el instintivo sentimiento de libertad.

Esto hace a nuestro derecho inalienable de mantener y  conservar intacto nuestro estilo de vida.

Es nuestra soberanía frente a la penetración cultural foránea. Pero sin xenofobias ni chauvinismos. No se trata de rechazar todo lo extranjero. Hay que estar atento y tener cuidado de que no se erosione nuestra identidad. Hay mucha gente que sin tener conciencia de este fenómeno, se presta a ello, dejándose manipular a través de, entre otras formas, mensajes mediáticos, que ocultan oscuros objetivos.

Los grandes intereses internacionales inciden en nuestra economía y por ende en nuestra cultura. Quieren nuestras riquezas y al apoderarse de ellas, nos imponen también su ética, su filosofía y sus mirajes espirituales.

Hay que despertar frente a todos los cambios que se operan en el mundo, sin dejar de ser nosotros mismos. Hay que lograr la autoconciencia como individuos y como pueblo.
“La máquina –reafirma Tudela- ese ídolo todopoderoso de nuestro siglo, se devora la mayoría de los valores humanos. Y es el propio hombre enajenado por su dramática alienación el que acepta esa servidumbre a los pies de las mismas maravillas que ha creado”.

Cosas de criollos

Los primeros criollos cuyanos nacieron a mediados del siglo XVI, allá por 1550. Los españoles estables en Cuyo no trajeron esposas y se abastecieron de mujeres huarpes de la zona de Huanacache…Paralelamente a las actividades agrícolas, el cuyano fue carretero y arriero por excelencia. Fue hombre de carguíos. (1)

Las carretas y arrias cuyanas exigían aguante y preparación para defenderse de los indios asaltantes. Llegaron a conquistar los mercados de Santa Fe, Buenos Aires, Asunción del Paraguay, Bolivia y Perú.

El cuyano de a caballo fue influenciado por gauchos y huasos. En cambio el elemento de a pie, soportó la maldición del Chile feudal. El “roto” chileno tuvo su casi equivalente en el “rotoso milagriento” de Mendoza y San Juan, que llevó una vida miserable…(1)

Luego de la conquista del desierto en 1879, son los rieles del ferrocarril Andino, los que en 1885, alejan definitivamente la influencia chilena en Cuyo, rescatándolo para la pujante proyección de la nueva Buenos Aires, gracias al progreso traído por el capitalismo y maquinismo británicos.

Hacerse la América

Se inicia la era del progreso febril en Cuyo en forma insospechada.

Arriban enormes masas de emigrantes italianos, económicos, laboriosos e industriosos. Vienen como obreros ferroviarios o como nuevos viñateros. Paralelamente llegan oleadas de españoles. Son los nietos de los “godos” tiranos que también vienen a ganar dinero con su trabajo. A “hacerse la América”

Este aluvión inmigratorio cambia la  antigua y sosegada vida criolla. Decae el folklore. 
Los ansiosos “gringos”  derrumban la Mendoza antigua y levantan otra nueva, agringada y desabrida, pero rica y potente. Es el fruto de una pléyade de esforzados y poco escrupulosos industriales de la primera hora, que se enriquecen con rapidez vertiginosa, pero  dejan un beneficio estable a la tierra que los cobija.

Nace la tradición

Para que haya tradición es indispensable que algo representativo desaparezca.

La influencia extranjera se hizo sentir en todos los órdenes y el criollismo fue irremediablemente desplazado. Había nacido un mundo nuevo, sin tradición. Todo era “gringo”. El progreso exige sacrificios. Hay que avanzar. La máquina no se detiene. Aplasta como fuerza ciega todo lo que se para en el camino.

Pero en el tiempo mueren los viejos criollos y también los extranjeros. Quedaron los retoños criollos, hijos de gringos rubios y criollas morenas. Es siempre la mujer de esta tierra la encargada de velar por la pervivencia del pueblo americano. Es Pachamama que forja en su vientre bendito, al nativo de antiguo y nuevo cuño…(1)

Por eso en nuestros días los cuyanos de hoy tienen un mosaico de apellidos, por los que se hacen presentes todos los pueblos del mundo.

Y ello hizo que se forjaran criollos de nuevo cuño, identificados a la nacionalidad argentina, patria de paz y trabajo. Aunque los avances del mundo los tornen exóticos, el paisaje los retrotrae a la realidad antigua. Cuyo participa de dos Américas: la cordillerana y la llanura. Pero la América cordillerana está siempre omnipresente en sus sentidos, por medio del lenguaje esotérico precolombino, como un ángel de piedra, inamovible refugio de nuestra esencia frente a los engañosos vaivenes del progreso interesado.

Señales que no miramos

La velocidad erosiona y deshumaniza al hombre. Lo malo no es la máquina sino la mecanización y el fetichismo que ha operado en la conciencia y los sentimientos del ser humano, despoblándolo, progresivamente de su carácter y personalidad, logrando un hombre que se hace trampa a sí mismo rehuyendo asumir las verdades que lo acosan por fuera y por dentro. Esa es la destrucción psíquica, ética y espiritual que busca el sistema imperante en el mundo y que llaman “progreso”.

El hombre es lo que vale sobre la tierra. Estamos llenos de señales y no queremos verla. Pero la poderosa madrugada de los pueblos no podrá ser contenida.

Cerrando esta nota, proclamamos los versos de Ricardo Tudela:

“Los himnos de la tierra despertarán el sueño de Dios.  / Trabajan ángeles materiales a nuestro lado. / El planeta entero quiere transformarse. / Enriquecerse de vida rehumanizada. / Proclamar que Dios no puede prescindir de los hombres. / Te doy lo que quiero ser: / dame lo tuyo reverdecido, recuperado. / Desde el llano a las montañas suenan campanas: / quieren nuestra evolutiva liberación”.

Gregorio Torcetta, miembro de la Academia del Folklore de Cuyo

Nota del autor

Este artículo se ha basado en dos obras: “El pensamiento perenne” de Ricardo Tudela y “Cancionero popular cuyano” (1) de Juan Draghi Lucero, con el objetivo de rendir homenaje a estos dos grandes maestros de nuestra cultura argentina y particularmente regional..



  

Opiniones (1)
21 de febrero de 2018 | 13:27
2
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21 de febrero de 2018 | 13:27
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Esclarecedora .Veràs y ética (ya que consigna las obras que la inspiraron y de las que abrevo el autor). Torcetta de buena pluma . "El hombre es lo que vale sobre la tierra. Estamos llenos de señales y no queremos verla. Pero la poderosa madrugada de los pueblos no podrá ser contenida" Notas así , sinlugar a dudas nos enriquecen . Ojalá la lean los jóvenes.
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