opinión

Brienza le pide a los empresarios que no se vuelvan a equivocar políticamente

¿Repetirá la “burguesía nacional” el error histórico de aferrarse a los beneficios particulares e individuales –como hizo durante la dictadura militar y el menemismo– o defenderá su rol dirigencial y de identidad sectorial? Tengo la esperanza de que se produzca el surgimiento de una nueva organización industrial que pueda repetir la experiencia de Gelbard, pero que tenga el poder suficiente como para construir cierta hegemonía política, económica y cultural.

Desde el trabajo de Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero –Los orígenes del Peronismo– hasta la tesis de Hacia el frente nacional, de John William Cooke, sin olvidar el célebre discurso del propio Juan Domingo Perón en la Bolsa de Comercio en 1944, el concepto de “burguesía nacional” ha sobrevolado como un fantasma o un Golem en todas las teorías peronistas, tanto en sus versiones de izquierda como de derecha. El pensamiento del movimiento nacional y popular reconoce como un problema principal del “capitalismo social” que intenta imponer la falta de conciencia sectorial y nacional de la burguesía criolla. Arturo Jauretche decía que en la Argentina los industriales se pensaban a sí mismos como terratenientes y allí surgía la “tilinguería” de esos sectores que sin reconocer sus propios beneficios actuaban a favor del modelo agroexportador convencidos de que ellos pertenecían al sector cultural de la aristocracia latifundista más que al grosero mundo de las maquinarias, el aceite y las hordas de obreros y obreras.

El sector industrial se inició como un apéndice, como un tibio complemento del modelo agroexportador instalado como dominante en 1880 por Julio Argentino Roca y su liga de gobernadores. Ha tomado cierto impulso con la creación de YPF durante el yrigoyenismo y es durante el proceso de industrialización por sustitución de importaciones tras la crisis internacional de 1929 y la Segunda Guerra Mundial que se consolida como un actor económico importante en el mapa del poder local. Sin embargo, es durante la experiencia del primer peronismo donde, se supone, alcanza su madurez política y su conciencia sectorial. Pero en esa fuerte experiencia industrializadora por parte del Estado –recordemos sencillamente el Instituto Argentino para la Promoción Industrial– la Unión Industrial Argentina (UIA) jugó un papel francamente lamentable: decidió aprovechar las oportunidades económicas pero restó todo tipo de sostén político al gobierno porque lo consideró un movimiento populista y demagógico y, aquí la causa principal, obrerista e inmanejable. Contrincante permanente –incluso en los tiempos del Congreso de la Productividad, es decir, cuando Perón decide replegar su política de distribución de la riqueza–, la UIA abandona el proyecto nacional y lo deja solo frente a los sectores dominantes que están pergeñando el golpe de junio–septiembre del ’55. (Expiación: este párrafo es un tanto esquemático y reduccionista, pero sirve para echar un poco de luz sobre la actuación del empresariado y sus consecuencias).

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23 de febrero de 2018 | 18:39
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