2x1: Memoria y dignidad, contra los genocidas

El miércoles puede darse un hito histórico: la posibilidad de levantar un contundente mensaje colectivo, en paz, contra la impunidad de los poderes de facto de la Argentina.
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Ulises Naranjo

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2x1: Memoria y dignidad, contra los genocidas

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2x1: Memoria y dignidad, contra los genocidas

2x1: Memoria y dignidad, contra los genocidas

La Dictadura Militar me atrapó en plena adolescencia. En mi familia, no hubo desaparecidos; fuimos, más bien, víctimas de segundo grado, como la gran mayoría del pueblo argentino. Aun así, fui palpando, con los años de democracia, el terrible daño que hicieron en mí y en los míos los militares y los civiles que llevaron adelante aquel Proceso. Aniquilar un par de generaciones, sobre todo en lo simbólico, deja una herida que todavía duele.

En mi barrio, uno de esos bien humildes, por ejemplo, desde que subieron los milicos nuestros padres dejaron de jugar en la calle. Eran tipos rudos y sufridos; obreros de espaldas fuertes que, mientras nuestras madres se reían de ellos, jugaban a las bolitas en las veredas, al fútbol por las tardes en las calles y al truco por las noches. Cuando llegaron los militares, promovidos y apoyados por los históricamente poderosos sectores civiles de la llamada "derecha" (empresarios, medios, Iglesia, policía, partidos conservadores y "ayudita" internacional encabezada por Estados Unidos y otras dictaduras de la región, vía Plan Cóndor), pues cuando ellos, que no son muchos, que son, más bien, pocos, llevaron adelante su ominoso plan, nuestros padres fueron dejando de jugar. Y esto lo aprecié siendo un niño, junto a las prohibiciones al rock y también los viajes del espantoso "camión celular" llevando a muchos de ellos, por jugar, a la Séptima, frente a la Plaza, donde algunos mendocinos entraron y ya no se supo más qué fue de ellos. Hoy, sería maravilloso promover planes para que los padres vuelvan a jugar a las bolitas, en la vía pública; eso sería una fenomenal construcción de seguridad.

En tanto, todo sucedía, hacía la secundaria en la escuela "Martín Zapata", bajo un régimen casi castrense, que incluía estéticas de colimba, lenguajes aristotélicos y eclesiásticos, sanciones ejemplares, francas censuras, gambeteos de contenidos simbólicos y hasta nos enseñaban a marchar, ¡1,2,3,4!, en las clases de Educación Física. A esto también debimos sobrevivir.

Los años y la democracia, me trajeron por fuera de la institucionalidad educativa, los libros negados, la ansiada música y la cultura que me había sido negada: tuve -tuvimos- que formarnos como pudimos, para que ahora nuestros hijos sean lo que son: mejores que nosotros. Por suerte, para mi caso, me entregué al rock, pues, lamentablemente, la militancia política partidaria jamás me sedujo, aunque, la admiro, sinceramente. Y, bueno, fuimos creciendo, por suerte, y ahí estuvieron los amigos y el amor y los viajes y los descubrimientos de referentes sociales admirables como el cura Jorge Contreras, el Ángel Bustelo, el Máximo Arias, el Ramón Abalo, el Fernando Lorenzo y la valentía de los familiares de desaparecidos y la literatura como cachetadas y las ganas de compensar todo aquel saqueo de identidad con presentes y futuros, para ganar integridad, dignidad, comunión. Todo esto, ahora, vuelve a ser atacado.

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Con los años, fuimos sabiendo todo lo que fuimos sabiendo respecto del plan de exterminio. Y fuimos conociendo de los asesinatos, las torturas, los robos de bebés, las violaciones, las quemas de libros, los exilios, las prohibiciones de canciones y hasta de los robos, de electrodomésticos, de casas, de fincas, de empresas, de niños, que llevaban a cabo durante sus secuestros y durante sus torturas aquellos tipos que ahora buscan beneficios. Fueron y son unos grandísimos cabrones y tienen que cumplir sus condenas, sin privilegio alguno. Negar estas evidencias, es ceguera, mala leche o estupidez o todo junto. Como también negar que hubo cabrones del otro lado, que asesinaron algunos inocentes, aunque por fuera del Estado: son culpables también y merecen cárcel y ningún 2x1. Aquello, que quede claro, fue fundamentalmente un genocidio desde el Estado contra decenas de miles, llevado a cabo por uniformados y civiles y el 2x1 es una barbaridad jurídica y una severa violación de derecho, a cuenta, nada menos, de la Corte Suprema de la Nación, que, ojo, en otro contexto político, no la hubiera aplicado, bajo ningún aspecto. Por lo tanto, sí, efectivamente, el 2x1 tiene mucho de política encima, pero es tal la aberración planteada, que hasta algunos afines a la derecha se sonrojan ante la sentencia y sopesan el peligro de perder peso político ante la medida.

Por eso, y en paz, por el pasado, por nuestro presente (duro, contradictorio, a los tumbos, siempre, en estos 34 años, sí, pero con representantes que llegan por decisión popular y que se van por lo mismo), por nuestros hijos también, por los hijos que no están, por los nietos que aún no aparecen y por lo más sagrado que tengamos, hay que marchar contra el 2x1. Sí: hay que marchar por todo lo digno y bello que tengamos. Marchar -más allá de nuestros credos políticos y más acá también- para que se sepa que no pueden hacer lo que les venga en gana con un país, torcer las leyes para beneficiar a un puñado de poderosos, que, por lo común, jamás dan la cara y siempre se las arreglan para permanecer indemnes, bienaventurados y en ejercicio pleno de cinismo.

Y sobre todo, porque el Estado, esa entidad primordial que debe cuidarnos y contenernos y promovernos y ofrecernos identidad, educación, cultura y sentido de justicia, jamás debe convertirse en asesino, en apropiador, en torturador, en violador o en ladrón de sus propios ciudadanos, ejerciendo lesa humanidad. 

Por eso y porque no todo está perdido, la gente buena y digna de corazón, debe marchar y, luego, dos horas después, cuando la marche termine, habitaremos un país mejor y aquellos a quienes les corresponda, deberán tomar nota y nosotros deberemos permanecer atentos. Así, habremos construido historia, justicia popular, decencia, dignidad y futuro.

Ulises Naranjo


Apéndice de redes sociales: Acerca de los delitos

#2x1

Entre las decenas de cuerpos encontrados en las costas uruguayas había un niño de 14 años , empalado, con signos de tortura.

#2x1

Si tenías la desgracia de ser mujer te violaban entre todos los suboficiales de turno, les divertia por delante y por detrás, a veces con fusiles, a veces con palos, a veces con la picana, y de paso te pasaban electricidad en la vagina, a veces con sus asquerosos miembros, luego te hacían limpiar el desorden.

#2x1

Ponían aoproximadamente 15 secuestrados en fila y disparaban al aire y a sus cabezas aleatoriamente, la suerte es loca. Tu psiquis reventaba del terror.

#2x1

Como las madres comenzaron a hacerse notar, secuestraron 3 de ellas las violaron, las torturaron y las fusilaron.

#2x1

Cientos de las mujeres secuestradas eran embarazadas (el mejor botín). Parían en el piso, atadas, desnudas, no le daban el bebé ni para olerlo. La dormían y tiraban de un avión al río.

#2x1

Por años le pusieron el termómetro a esos niños por las noches y los llevaron al colegio, fueron a sus reuniones de "padres", festejaron sus 15 años, recibieron su vela en el escenario, sabiendo que mataron a su madre y padre con sus propias manos.

#2x1

Diariamente les pasaban electricidad y les metían la cara en un balde con agua pero los mantenían despiertos y vivos. Porque sabían que era preferible morir.

#2x1

En la mesa de tortura les hacían firmar venta de propiedades y de empresas. Así se quedaron con sus bienes.

#2x1

Una madre y un hijo fueron secuestrados juntos, violaban a la madre adelante del hijo y torturaban al hijo delante de la madre. Luego fusilaron a ambos.

#2x1

Eran el Estado, quién teóricamente debía cuidarte.

#2x1

Organismos internacionales y la justicia local determinó que se trató de un genocidio.

#2x1

Todavía no encontramos a los nietos que nacieron en esas celdas.

#2x1

Nunca confesaron dónde pusieron los cuerpos.

#2x1

Nunca se arrepintieron...