opinión

Ademán para una despedida sin esquinas

¿Y por qué no olvidarlo todo sin más y descalzarnos; y caminar por la tierra de una vez, para pisar de nuevo, no ya calles fatídicas de desencanto, y sentir la humedad en los huesos, la placa madre de la esperanza, la excitante movilidad de la China que tenemos a millones de metros por debajo?

Ademán para una despedida sin esquinas

¿Y si nos olvidamos por un buen rato de todo, de las compras en la tienda, de las campanas de la iglesia que redoblan y nos espantan, de la monstruosidad oblicua de la política gerente? ¿Y si nos olvidamos, insisto, de todo un poco: de las pastillas de la dependencia y los anteojos que recortan la mirada, y, aún más, de la cartera solitaria y vacía que cuelga, como ahorcada, fría, en el picaporte de la puerta de entrada, presta para la evasión?

¿Y si por ejemplo, hoy mismo, nos olvidamos del ayer, cuando nos cruzábamos de cuadra para esquivarnos y reencontrarnos en esa verdulería oculta, donde siempre nos citábamos y nos entreverábamos a conversar con las señoras sobre el robo de bicicletas o sobre la carta que te mandé hace veinte años y no encontraste nunca, donde te lo decía todo, absolutamente todo; esa carta, que lo hubiera modificado todo, o casi todo, lo que fuimos o pudimos ser?

Y por casualidad, ¿si olvidamos aquella noche, la gran noche, la inmensa noche del desencuentro entre vos y el fantasma que yo fui, sin cara y sin brazos, sin piernas ni cuello, sin nombre? ¿Y si cambiamos el regodeo del reclamo extenuante? ¿Y por qué no olvidarlo todo sin más y descalzarnos; y caminar por la tierra de una vez, para pisar de nuevo, no ya calles fatídicas de desencanto, y sentir la humedad en los huesos, la placa madre de la esperanza, la excitante movilidad de la China que tenemos a millones de metros por debajo?

Mirá, ¿Y si nos pasamos la esponja por la espalda, tibia, muy suave, sin apuros; y nos lavamos bien los dedos de los pies, nos cortamos la uñas, nos masajeamos bajo la ducha caliente, y con mucha paciencia nos lavamos la cabeza, -vos la mía y yo la tuya-, nos enjuagamos, nos secamos, nos tiramos así, desnudos en la cama, y nos fumamos unos puchos y tomamos mucha agua?

Digo: nos limpiamos toda la mugre acumulada en estos años. Nos acariciamos, mucho. Si dá, lloramos, juntos. Y yo seco tus lágrimas y vos secás las mías. Nos besamos, mucho, intensamente. Hacemos el amor: una, dos o tres veces. Luego nos dejamos estar, una horas, en silencio, como flotando sobre la cama.

En fin, al rato nos levantamos, cada uno se viste y nos despedimos para siempre. Sin darnos la vuelta y siempre de espaldas; y que el vacío entre ambos crezca, se extienda como una soga infinita e imaginaria. Y no hacemos trampa en doblar por la esquina para dar vuelta a la manzana.

Opiniones (3)
20 de febrero de 2018 | 13:44
4
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20 de febrero de 2018 | 13:44
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  1. REALMENTE TOCAYO EXCEPCIONALLLL
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  2. también eso es desprenderse y quemar las naves. Bien Padisha :)
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  3. troesma, selente
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