opinión

¿Conviene seguir en la prepaga?

El análisis de Lucas Llach en el diario La Nación.

La ley de prepagas tiene algunas partes irrelevantes, otras no muy buenas y una decididamente mala.

Empecemos por las irrelevantes: regulación de precios y definición de los estándares (el "programa médico obligatorio") que las prepagas proveen. Esto es irrelevante porque ya está, en los hechos, regulado, aunque no está mal que esa regulación tenga fuerza de ley. ¿Tiene sentido regular precios y estándares? Es posible. El mercado de la salud no es completamente transparente ni completamente flexible. No es como el quiosco que si sube un poco el precio de un producto conocido, uno va al de la otra esquina a comprar el mismo producto a un precio más bajo. Hay en la salud problemas de información (¿cómo será en esta prepaga el tratamiento X si contraigo la enfermedad Y?) y además, por una cuestión de escala mínima, cierto poder oligopólico de los prestadores. Es razonable que el Estado ayude a los consumidores a saber qué es lo que compran y a que no sean víctimas de un excesivo poder de mercado. Por supuesto, la solución puede ser peor que la enfermedad si el Estado controla mal o impone precios que hacen inviable una atención de calidad.

Lo no tan bueno: ¿tiene sentido cobrar lo mismo a todos los afiliados independientemente de su "condición de riesgo", por ejemplo, la edad? Suena bien, pero tiene sus problemas. Imaginemos que una prepaga tiene solamente dos afiliados: uno joven, que para la prepaga tiene un costo de $2000 anuales, y uno viejo, que impone a la prepaga costos de $10.000. ¿Cuánto se cobrará la cuota si por ley tiene que ser la misma para jóvenes y para viejos? Para no perder plata, debería cobrar $6000 anuales a cada uno, a lo que añadirá seguramente un beneficio.

Ahora bien: ¿tiene sentido para el afiliado joven pagar un seguro por algo que, contratado privadamente sin seguro, puede ser bastante más barato? Para los "jóvenes y ricos" puede tener sentido pagar esa cuota que tiene incorporados los altos costos de las personas mayores, porque así y todo preferirían asegurarse de no enfrentar una tragedia económica en el caso de un percance importante de salud. Pero en otros casos, los afiliados de bajo costo preferirán arriesgarse a no contratar una prepaga y pagar por su cuenta cada consulta, a un costo en principio menor. Si la cosa va bien, habrá ahorrado un buen dinero; si se enferman, tampoco es exactamente la muerte, porque está la salida no ideal pero quizás tolerable del hospital público.

El problema se vuelve decididamente grave con la cuestión de las enfermedades preexistentes. ¿Tiene algún sentido contratar una prepaga si uno tendrá la posibilidad -como estipula la ley- de contratarla en caso de contraer una enfermedad de alto costo? Pensemos el ejemplo anterior pero ahora comparando una persona comprobadamente sana con una comprobadamente enferma, con un tratamiento costoso. Si la cuota es similar, el "sano" estará pagando con su cuota el tratamiento del que padece la enfermedad. ¿Le convendrá quedarse en la prepaga? ¿No tendría más sentido desafiliarse y, en caso de contraer una enfermedad de tratamiento costoso, afiliarse nuevamente?

Seguí leyendo desde aquí.

Opiniones (0)
21 de abril de 2018 | 09:39
1
ERROR
21 de abril de 2018 | 09:39
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Aguas color Malbec
    17 de Abril de 2018
    Aguas color Malbec