opinión

El desierto opositor

La columna de James Neilson en la revista Noticias.

En buena lógica, este debería de ser el año de la oposición. El Gobierno luce cansado; pocos días transcurren sin que alguno que otro funcionario como Aníbal Fernández o Nilda Garré cometa un error grotesco que en otras latitudes daría pie a un escándalo mayúsculo. Los kirchneristas más vehementes parecen haber perdido interés en algo tan banal como la administración del país: sus prioridades son “ideológicas”, cuando no literarias, ya que lo que más interesa a Cristina y sus amigos es el relato que están escribiendo, tarea que no les es nada fácil puesto que tienen que encontrar un lugar en él para Hugo Moyano y los suyos.

Aquí en tierra firme, lejos de las disquisiciones filosóficas que preocupan a los kirchneristas o la lucha por colonizar más espacios que están librando camporistas y moyanistas, la inflación está ensañándose con los magros presupuestos de millones de familias mientras que una minoría pudiente se ha entregado con regocijo a las delicias del consumismo como hizo en las épocas de la plata dulce y los mejores tiempos de la convertibilidad. Felizmente para el Gobierno, parecería que de resultas de las reiteradas crisis económicas, lo que aún queda de la gran clase media nacional ha llegado a la conclusión de que hay que limitarse a aprovechar los buenos momentos sin perder el tiempo tratando de prepararse para lo que podría suceder mañana.

¿Comparte Cristina la confianza en que el boom de consumo que tanto ha contribuido a mantener altas sus acciones continuará por mucho tiempo más? A veces parece vislumbrar la posibilidad de que al país le aguarde un nuevo encontronazo, el enésimo, con la desagradable realidad económica que, por desgracia, no es un invento neoliberal. Con cierta frecuencia, da a entender que preferiría no seguir atrapada en la presidencia hasta diciembre del 2015, que sería mejor tomar una larga vacación para que otros se encarguen del desaguisado que está produciéndose. Tal eventualidad asusta a sus dependientes: saben muy bien que sin la presencia de Cristina el movimiento, modelo, proyecto o lo que fuera que se ha aglutinado en torno a su figura estallaría como una burbuja de jabón, dejando nada salvo un vacío.

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23 de febrero de 2018 | 12:06
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