opinión

Colonia del Sacramento

La ciudad vive prácticamente del turismo estival y de los fines de semana. El barrio histórico te transporta al siglo XVIII y está plagado de pequeños barcitos y restaurantes que miran al río. Un lugar silencioso y relajado cruzando el charco. La previa ideal antes de ir a Montevideo.

Colonia del Sacramento

Casi sin dormir, alterado el sueño por el viaje a iniciar, sonó el despertador a las 5 de la mañana, y arruca. Dos o tres mates cortitos y a revisar los bolsos para no olvidarse nada importante. Estamos. Tomando aire con mis pibes para encararle con el pecho erguido a la marcha bodeguera hacia Montevideo. El “sueño de los héroes” se había iniciado y queríamos ser arte y parte. No todos los días el equipo de tu barrio juega la Copa Libertadores de América y mucho menos en el Centenario, donde se jugó en 1930 la primera final de la Copa del Mundo. Sí, en aquél estadio donde los uruguayos nos clavaron a los argentinos 4 a 2. Hacia allá íbamos, medio mareados por las alturas, y como dice la canción “Sin Godoy Cruz/no sé vivir”.
Llegamos a Buenos Aires temprano por la mañana del 24 de marzo y enfilamos hacia la Plaza de Mayo para presenciar los preparativos del acto por la memoria, la verdad y la justicia a 35 años del golpe militar del 76. Con los primeros rayos de sol de un día generoso se podían ver las banderas de varias agrupaciones políticas, la estructura del escenario que se desplegaba y la prueba de sonido para la movida de la tarde. Casa Rosada abierta al público, Cabildo y un pingüino inflable gigante que tomaba vuelo, siempre presente en el recuerdo. Unas vueltas por San Telmo, mucha caminata y una muzzarella para cargar combustible. A las 16 hs. salía el buque a Colonia del Sacramento, nuestro primer escalón hacia Montevideo.

El buque era un muestrario de viejas turistas, porteñas en su mayoría, que denotaban al menos 4 cirugías estéticas y varias lipo. De atrás parecían pendejas treintañeras pero de frente uno creía estar en el tren fantasma, pero con glamour. La vida y el tiempo no pueden detenerse y eso se notaba en las sesentañeras que paseaban por el buque camino al free shopp destilando formol. La barbarie de la juvenilización estética estaba ahí, rodeándonos. Igual, todo nos calentaba tres carajos. Estábamos partidos al medio por el cansancio, y la jornada calurosa, nos aguardaba varias horas hasta el descanso. Señoras con cara de serpiente y escamas en sus brazos conversaban en el bar del buque con la revista Hola entre sus manos. Y los tipos, sus esposos, parecían estar enlazados de un cordel imaginario a las carteras de las mutantes. Se acabó el fisgoneo. Nos anuncian que en minutos llegaríamos al puerto.

El buque, colmado por no menos de 300 personas, atracaba en el puerto de Colonia y a las cinco y media de la tarde pisábamos suelo uruguayo. A buscar dónde tirar los cuerpos se ha dicho. Sin embargo, por el fin de semana largo en Argentina, la ciudad estaba colmada en su capacidad de alojamiento (Colonia tiene 30.000 habitantes y dispone de 3000 camas) y anduvimos rebotando de hostels a hoteles y posadas como 3 horas. Nada, todo ocupado. Teníamos la guardia baja. Hasta que se nos ocurrió hablar con un tachero que nos consiguió una casa de familia que se alquilaba, a unos 4 km. del casco viejo, específicamente en Real de San Carlos, un poblado apacible y sencillo que desemboca en largas playas al Río de la Plata.
Y acá estamos, en la casita blanca, donde desde un ventanal amplísimo la mirada topa con la vieja y abandonada Plaza de Toros de Colonia (inaugurada en 1910 y clausurada en 1912  que por disposición municipal prohibió la matanza de animales) Ahora es un espacio turístico para la fotografía y el paseo. Atrás de la casa, el Hipódromo de Real de San Carlos que sigue vigente. A nuestra derecha el Frontón Real. Y camino abajo el imponente Río de la Plata que supo de cruentas batallas navales.

La gente del lugar es calma, sencilla y preocupada por hacerte sentir bien en su pueblo. Es que Colonia del Sacramento necesita del viajero, está preservada para el turismo y eso se traduce en la compañía de la población que te atiende, y te cuida.

La zona de visita y paseo por excelencia es el Barrio Histórico, el casco viejo de la ciudad colonial ataviada de casitas de piedra, plena de callecitas adoquinadas donde abundan bares, restaurantes y locales de artesanías. Allí uno puede perderse horas con la boca abierta, caminando lento, asombrado por la conservación del patrimonio cultural. Y luego sentarse, a contemplar, y degustar unos exquisitos sanguches de chivito al plato, especialidad de los uruguayos.

Opiniones (7)
26 de abril de 2018 | 12:39
8
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26 de abril de 2018 | 12:39
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  1. .... o todo lo q escribe Padilla suena igual.- No importa si escribe sobre Colonia del Sacramento xq suena igual igual q el articulo sobre Moyano.- Leer a Padilla es un eterno dejavou.-
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  2. un paseo maravilloso
    tuve la oportunidad de cruzar el rio y estar en Colonia hace poco, maravillada. En Buquebus ni me molesté en mirar la fauna... ¿por qué será?.... estaba leyendo un libro de Almudena Grandes
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  3. Ojo... A mí no me gusta Padilla; tengo gustos claramente definidos. Pero leerlo sin insultos, sin dogmatismo, sin agresiones, es un verdadero gusto, porque yo insisto que el "otro Padilla" es sólo un personaje que hasta ahora le reditúa bien; pero que no es verdadero. Y este artículo confirma lo que pienso.
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  4. asñi es no solamente cobró el suyo también cobró con poder el de varios compañeros y???????????????????? A vos cuánto te garpan los opositorios?
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  5. Me imagino que no te habrás olvidado. En la próxima puede ser que Godoy Cruz juegue en el Calafate, así te sale gratis.
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  6. El Padilla que nos gusta a todos es el Padilla de verdad, no es democrático que el que te gusta a vos sea el que dá gusto.
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  7. ¿Es el mismo Padilla de siempre? Así da gusto... ¡AGUANTE EL TOMBA!
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