opinión

Por qué Madison importa

Los progresistas ven a Wisconsin -y problemas laborales venideros en Indiana, Ohio, Nueva Jersey y otros lugares- y correctamente ven un ataque republicano. La terrible decisión "Citizens United" de la Suprema Corte le dio a las corporaciones y a los sindicatos carte blanche para comprar elecciones; sin los sindicatos, eso solo dejaría a las corporaciones. Con los sindicatos de compañías privadas en problemas, en especial después del TLC, los sindicatos públicos son lo único que queda entre las compañías y un dominio total del sistema político, donde el dinero siempre prevalece. Dado que las corporaciones generalmente prefieren a los republicanos sobre los demócratas, los republicanos tienen todo que ganar y los demócratas todo por perder, si el gobernador Tea Party de Wisconsin, Scott Walker, se sale con la suya.

Es difícil entender como alguien que ha tenido sus cinco sentidos estos dos últimos años podría lamentar el infortunio de los demócratas, pero muchos liberales aún lo hacen. Sin embargo, el hecho es que los demócratas son el menor de dos males entre nuestros dos partidos semioficiales. Esta es la razón por la cual, sin importar cuanto haya Obama traicionado a sus aliados clave, incluyendo a los trabajadores, cualquiera que se postule en su contra será peor por varios órdenes de magnitud. Los demócratas y republicanos ambos sirven a los mismos empleadores y mantienes sus intereses con fervor sin igual; y, gracias a Bill Clinton, aún la flácida sección social demócrata del partido ha sido destruida. Se merecen lo que sea que les suceda. Pero la alternativa es peor. Por ende, sí importa que la ofensiva republicana sea derrotada.

Conforme la batalla en Wisconsin se intensifica, es cada vez más claro, en especial en los círculos de los trabajadores, que el aspecto republicanos contra demócratas es solo algo secundario del ataque del capital contra los trabajadores. Esto importa más de cómo los demócratas y republicanos se  dividan los resultados en las próximas elecciones.

Lo que está en juego es el final de la llamada "Revolución Reagan". En un mundo donde a los liberales ya no les molesta la gran brecha de desigualdad, o un premio Nobel de la paz que pelea múltiples guerras sin fin por su propia voluntad o por un profesor de ley constitucional que continúa los ataques de la era Bush contra la ley (al mismo tiempo que protege criminales de guerra de la era Bush) o por un ambientalista que no hace nada de importancia para evitar que la América corporativa destruya el planeta o por un organizador comunitario que detiene esfuerzos para reducir la pobreza (de manera ingenua, al reducir los déficits presupuestarios), la máxima consumación del programa Reagan no está lejos. Un asalto victorioso contra los trabajadores organizados resolvería el problema de una vez por todas. Afortunadamente, para todos nosotros, este es un resultado que los trabajadores -o, como ahora dicen los liberales, "la clase media"- no pueden tolerar. Tampoco debería nadie más. Esta es una batalla que los trabajadores deben ganar.

Pero esta no es la máxima razón por la cual Madison importa. No solo son los sindicatos asociados con los demócratas lo que Walker y sus colegas del Tea Party desean destruir, son los sindicatos del sector público. Esto importa por razones que son mucho más obscuras que las demás pero que están claramente relacionadas con nuestros problemas contemporáneos: la fiscalización del capitalismo contemporáneo, la globalización de la manufactura y el comercio y, de manera más general, el ataque mundial sobre los avances económicos y sociales logrados en el último siglo y medio. El problema, en resumen, es que para sobrevivir, el capitalismo debe expandirse  y, con tan pocas áreas con espacio disponible, la esfera pública es demasiado tentadora como para resistir.

Es por esto que las elites económicas han apuntado a aquellas instituciones que por ahora han evitado una mercantilización total. Nadie más las protege estos días que aquellos que trabajan en ellas. Ciertamente, la administración Obama no lo hace. No es un accidente que los maestros estén al  frente de la batalla para salvar a las negociaciones colectivas en Wisconsin. Claro, a ellos les importan sus propios derechos y su bienestar, pero también les importa la opinión pública. ¿Podemos decir lo mismo de Arne Duncan y Barack Obama?

Nadie sabe como acabarán los eventos en Madison. Pero esto está claro: ponen la privatización de la esfera pública en debate como nada lo ha hecho en décadas recientes.

Cuando los empleados públicos luchan por mantener la esfera pública viva, están luchando la batalla doméstica más importante de nuestros tiempos. Deberíamos apoyarlos sin restricciones, buscando no solo restaurar niveles de solidaridad social pre-Reagan, sino movernos más allá de sus horizontes. Las fuerzas detrás de Scott Walker entienden esto; cada vez más, los trabajadores y sus aliados también. Comienzan a darse cuenta de que sus esfuerzos para salvar las negociaciones colectivas frente a un ataque salvaje de la derecha han convertido a Madison en "Ground Zero" en una batalla con implicaciones tan grandes como es posible.

El autor: Andrew Levine es Senior Scholar en el Institute for Policy Studies. Es autor de The Americna Ideolgy (Routledge) y Political Key Words (Blackwell), así como de muchos otros libros de filosofía política. Fue profesor en la University of Wisconsin-Madison.

Traducción para www.sinpermiso.info: Pablo Yanes Thomas

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24 de febrero de 2018 | 12:23
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