opinión

Nuestro tsunami vendimial

Al final la fiesta es un palco con gobernantes de turno que posan para la foto, almuerzo de fuerzas vivas y avivadas. Vendimias paralelas de negocios y lobbies de empresarios que entre copa y copa arreglan las partes de la torta, y su reparto. Con crema o sin crema. Con glamour y sin glamour. La muestra cabal de una “industria madre” que dominan bodegas extranjeras casi en su totalidad.

Nuestro tsunami vendimial

Bueno, hemos tocado fondo. Deberíamos así interpretar lo que ocurrió en la ¿fiesta? de la vendimia. El “fondo” lo decidimos nosotros, ahora, o seguiremos cavando y cavando en el fracaso de un paradigma cultural de Mendoza que no permite despegar. No soy partidario de defender a la corporación de artistas que por un lado reclaman y por otro golpean las puertas de la Secretaría de Cultura para pedir que los contraten en eventos que el Estado organiza. Que reclamen todo el año y elaboren propuestas. Y que militen las propuestas porque sinó, después no te podes quejar si no te gusta el trabajo que te dieron.

Si pensamos en una Política Cultural la pensamos para los dos millones de habitantes que vivimos aquí y no para un grupo de realizadores o creadores. En todo caso, los artistas son parte de un engranaje, que comunican con su obra, pero nunca el fin de una Política de Estado en materia cultural. Tampoco creo que el gobierno haya hecho las cosas bien. Por el contrario, las hizo tan mal que ratifica en el cargo al Secretario de Cultura quien ha demostrado que no puede organizar un té para dos. Y es raro que no le haya pedido la renuncia Jaque a Scollo, porque comerse tantos costos políticos en casi cuatro años de gestión y ratificar a quien no le ha aportado siquiera un 1% de imagen positiva a su gobierno, es por lejos, masoquista. Yo lo hubiera fletado a que planifique la próxima veranada en Malargüe, tipo retiro espiritual. Él es, en última instancia política, el responsable de lo que sucedió esa noche donde quedaron pagando miles de mendocinos y turistas.

Los bailarines y actores tendrán sus motivos para no actuar, pero me parece que podrían plantearse algo mucho más serio que no salir a bailar. Por ejemplo, organizar durante el año un foro de discusión sobre qué modelo de fiesta necesita Mendoza para que la exprese culturalmente de acuerdo a los tiempos que vivimos. No existe una “esencia cultural” que resguardar en ninguna cultura. La cultura es cambio permanente, construcción, deconstrucción y reconstrucción en proceso. Y en eso la fiesta es demasiado esquemática hace décadas. Al punto que aburre por demás, más allá de los denodados esfuerzos de los que se ocupan de dirigirla, guionarla, musicalizarla y actuarla. Y que los folcloristas no se hagan los distraídos diciendo “nosotros no fuimos”. Porque son muchos de ellos quienes sostienen ese paradigma fósil y anacrónico de festejo.

El espectador es solo eso, espectador, un sujeto pasivo que aplaude. Es una fiesta de la pasividad cultural donde nadie puede evacuar sus deseos imaginarios de redención. Donde participar implica atropellarse en la vía blanca o el carrusel por un racimo de uva o un melón. Espectadores. Sólo espectadores. Una calle San Martin vallada para espectadores. La  fantasía de la monarquía y la plebe. Repito, deberíamos pensarnos tocando fondo.

Imaginar otra fiesta que no implique solo el espectáculo sino también la calle, la escena pública. Si somos una provincia que es admirada por sus plazas, ¿por qué no se copan las plazas con bailes populares durante toda la semana de vendimia, donde la gente se sienta parte en cada barrio, y no tomarla como clientela devota de valores medievales?

Comparto un logrado párrafo del sociólogo mendocino Héctor Castagnolo en un escrito donde compara el Carnaval y la Fiesta de la Vendimia: “La fiesta mendocina, utilizando como pretexto celebrar al vendimiador (“dile guapo al tonto y lo verás trabajar” dice un viejo refrán patronal) en realidad es el vehículo de un festejo que tiene por objeto algo muy diferente al del Carnaval: mientras en uno se celebra el pueblo a sí mismo, en la fiesta de la Vendimia el objeto es la celebración de una actividad económica y racional, simbólicamente saturada de majestades y actividades que ponen en escena tanto a familias tradicionales como a poderosos actores del mercado del vino. Es decir que más allá de la primera lectura que se haga de su discurso, la Fiesta de la Vendimia es un festejo de las actividades económicas de las clases más prósperas y poderosas que se benefician del trabajo usualmente muy mal pago que llevan adelante los vendimiadores, esos que trabajan por unas miserables fichas al crudo rayo de la tierra del buen sol”.

Al final la fiesta es un palco con gobernantes de turno que posan para la foto, almuerzo de fuerzas vivas y avivadas. Vendimias paralelas de negocios y lobbies de empresarios que entre copa y copa arreglan las partes de la torta, y su reparto. Con crema o sin crema. Con glamour y sin glamour. La muestra cabal de una “industria madre” que dominan bodegas extranjeras casi en su totalidad. Una provincia dócil, para el pan y circo. El clásico reportaje  a la Reina y Virreina en el hotel más caro la mañana siguiente, en bata, blanca. Las fotos de los ágapes de “la gente bien” del modelo.

Por todo ello es hora ya que repensemos qué nos identifica y qué no. ¿Una fiesta de los patrones para que la vean los laburantes por TV? ¿Una fiesta que simbólicamente garantiza un modelo de explotación social, de trabajadores en negro y de negros trabajadores? ¿Una fiesta que aparentemente te incluye en un “nosotros” que no es tal?

No es una fiesta del pueblo ni mucho menos popular. Es una escenificación del poder vitivinícola y todos, incluidos los bailarines que no bailan, actuamos para la corona. Que precisamente no es la de la Reina de turno.

Opiniones (1)
22 de abril de 2018 | 10:11
2
ERROR
22 de abril de 2018 | 10:11
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. ¿Agenda - Setting, escuela de Franckfurt ? Si hubiera esperado un poco para elaborar un trabajo de investigación, el escándalo vendimial y su repercusión periodística, me hubiesen dado material mas que suficiente. De todas maneras queda claro que a Marcelo no le gustan los festejos vendimiales institucionalizados y un poco de razón le encuentro
    1
En Imágenes
Aguas color Malbec
17 de Abril de 2018
Aguas color Malbec