opinión

La cruz de sal

El médico alergista Miguel Lisanti relata en clave de humor su experiencia como espectador de la Fiesta de la Vendimia, pero vista desde los cerros. Un texto para reír y meditar.

Hasta los 40 subía el Cerro de la Gloria corriendo, luego partiditos de fútbol y gimnasio, ahora lo subo caminando, tengo circuitos que voy cambiando. La trepada al cerro me lleva desde mi casa más de dos horas, lo hago sábados y domingos. Ayer me pasaron unos vagos trotando, intenté seguirlos pero creo que corriendo me debo parecer a Zulma Lobato, por respeto a ella, volví a caminar.
 
Al pasar frente al teatro griego todos estos días fui viendo cómo armaban el escenario, se escuchaban las sierras y las amoladoras, los paneles recostados en las tribunas... hasta que el sábado escuché la prueba de sonido de Altertango al mediodía. Vickyyyyyyyyyyy grité y no sé si me escuchó, pero quedé fascinado con el eco, mi voz rebotaba de un cerro al otro. Pregunté en la guardia policial, después a la señora de un puesto de choripanes, me cantó la justa: "Véngase tipo 6, 7, 8 y encuentra lugar seguro".
 
Temporal, caen rayos, el cielo se derrumba, mientras miro Paka Paka. Paso por la cocina y alguien ha hecho una cruz de sal sobre un repasador, la vieja leyenda cuenta que así se ahuyentan las tormentas.
 
Para la lluvia, se abre el cielo, salgo con las sillitas playeras y mochilas con sánguches de pollo, agua mineral y el mate pa los cerros. Bastante bien pa un sesentón me digo mientras me trepo por segunda vez el mismo día (yo pienso con errores ortográficos).
 
Policía que te cuida, subida al cerro, curva, puesto de chori, trepada a la muralla y allá abajo está el escenario, anochece, la ciudad y sus luces rodean el cerro que custodia la espalda de la fiesta.
 
Aparece gente a montones, nylon, almohadones, palas para cavar asientos, pasan vendedores de linternas, de turrones Palmesano, todo está humedo, hay un mundo en el cerro, caen avioncitos, piedritas, la gente se ayuda en los 45 grados de pendiente, todo es difícil, construir el nicho para tu silla.
 
Ya sentado, el paisaje pinta diferente, las luces de la ciudad se encienden, llega más gente, pero nadie se para delante, hay un profundo respeto.
 
Abajo, muy abajo, hay una fiesta, hay un gran antropocentrismo protagonista, acá arriba vos te apiolás que la natura es la que manda, manda la lluvia, manda que tiemble, mandamás.
 
Los músicos se ven chiquitos como las letras del teclado, hay una pantalla para los cerros, hay locutores populistas que a cada rato tiran onda pa los cerros.
 
Pasea la virgen, todo el mundo aplaude, yo no puedo chiflar, es muy larga la caída, aplaudo los cañonazos y los huarpes muertos entre comillas en el escenario, me parece que la gente no entiende, soy el único que aplaude y llora.
 
Hay un libreto, una reina de la metáfora, hay un director, provocador, insolente, unos músicos geniales. ¿Hay una metafiesta? Hay una fiesta diferente, distinta, hasta atrevida...
 
Pego la vuelta antes que comience el recuento de votos, la gente me da la mano para subir, me ayuda con las sillitas y las mochilas, hacen una cadena de manos hasta que llego a la calle...
 
En el camino de vuelta me entero de quién es la reina, me trepo a un cerrito para ver los fuegos, me encanta que cada vez sean mejores, algunos se parecen a Saturno con un reloj de arena en lugar del planeta, otros vienen a mis ojos pero no me alcanzan...
 
Al llegar a casa encuentro todas las luces prendidas, hay queso de rallar en el piso, alguien ha entrado...
 
Hoy me contó, vino desde su casita del fondo a buscar queso y cuando vio la cruz de sal
salió corriendo, espantada...
Opiniones (1)
22 de febrero de 2018 | 14:57
2
ERROR
22 de febrero de 2018 | 14:57
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  1. Genial relato. Muy pintorezco y ameno, Doc
    1
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