Si yo fuera Alberto, los miro y juego sólo si tengo un par de ases

Si yo fuera Alberto, los miro y juego sólo si tengo un par de ases

Cuando sos el jugador que más fichas tiene en la mesa, tenés la posibilidad de esperar una buena mano y mirar como el resto arriesga para acercarse a vos. Si yo fuera Alberto, los miro y espero un buen par de ases para dar el golpe de gracia

Esta semana fue atípica en la Argentina. Durante varios días tuvimos un país normal, donde los distintos sectores políticos optaron por la prudencia y -por una u otra razón- todos apuntaron a la necesidad de trabajar para que tengamos una economía estable y evitar que la crisis empeore.

En ese contexto, se ajustaron los discursos de los candidatos y mientras el representante del Frente de Todos, Alberto Fernández apostó -en los últimos días- por un discurso que evita la confrontación y apuntando a entregar certezas y ayudar a la gobernabilidad, por la vereda del oficialismo Mauricio Macri -con la necesidad de revertir- volvió a apuntar a la figura de Cristina y pidió que ojalá los otros miembros del espacio opositor tuvieran la opción de mostrarse y hablar, para tener la opción de confrontar.

Cuando escuché los discursos durante el seminario de Clarín en el que estuvieron juntos, me acordé de un torneo de póker que jugué hace muchos años, cuando recién llegué a Mendoza. Mientras transcurría la mitad del evento y quedaba sólo la mitad de los jugadores, tuve un par de buenas manos y quedé lider en fichas. Estaba en lo más alto y con mucha ventaja, pero cometí el error de seguir interviniendo mucho en el juego y apostar cuando recibía un buen par de cartas, no excelentes, sólo buenas. Entré en demasiadas ocasiones, perdí el colchón y terminé en el lugar 11 del torneo.

El póker tiene mucho de parecido con el escenario actual -guardando las proporciones- ya que lo que yo debería haber hecho durante el torneo es lo que -según se aprecia- está haciendo Alberto Fernández. Con muchas fichas, con ventaja y por encima del promedio, debería haber esperado y mirar cómo el resto se elimina y sólo jugar cuando fuera necesario. Ya sea porque el torneo avanza, porque los otros jugadores llegaron al mismo nivel de fichas que yo o porque tengo un par de ases en la mano que no puedo dejar pasar y que da altas probabilidades de ganar.

Fernández tiene hoy un colchón que -de repetirse en las generales- le permite ser elegido presidente en primera vuelta. Con 15 puntos es inteligente mirar hacia atrás y no intervenir en el juego a menos que sea necesario o, en su defecto, si tengo una muy buena mano que me permite sumar más. No tengo la necesidad vital de sumar fichas porque soy el líder y con mucha ventaja, por lo que puedo darme el lujo de mirar cómo el resto de los candidatos deben recurrir a un juego más arriesgado para poder descontar algunos puntos.

Es que con el porcentaje que tiene el candidato del Frente de Todos no sólo puede esperar (en sentido figurado porque debe seguir en campaña) y mirar, sino que también puede manejar el juego. A Macri no le alcanza ni siquiera sumando el porcentaje de todos los demás candidatos, por lo que necesariamente tiene que ir por lo puntos de Fernández. Si lo trasladamos al póker, no te alcanza con todas las fichas del resto de la mesa, porque aunque las tuvieras todas aún tenés que ir por el líder. El problema es que en ese camino corrés el riesgo de que el líder tenga un par de ases y termine quitándote aún más fichas para ganar el torneo con un porcentaje mayor al que se sentó en la mesa.

Entonces, si yo fuera Alberto, me quedo con mis fichas, juego inteligente y observo el panorama para intervenir sólo cuando sea necesario. Claramente no estamos hablando de un torneo de póker, pero al igual que en la política, la forma en que identificamos y enfrentamos el escenario es clave para lograr el objetivo.

Hoy el que tiene que ir a jugar fuerte y arriesgar es Mauricio Macri, con la posibilidad cierta de que en el camino se encuentre con algunas manos desfavorables que no podrá esquivar, pero no se puede dar el lujo perder oportunidades para sumar. En ese contexto serán claves los debates, donde claramente Macri tendrá que tomar la iniciativa e ir al ataque para intentar descontar y, de paso, saber responder cuando los demás tengan una buena mano y la pongan sobre la mesa.

Ahora sólo falta ver cómo juegan sus cartas faltando dos meses para la elección, teniendo claro que hay un candidato muy cómodo y otro que tiene muchísimo por hacer en un contexto poco favorable.

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