Morruchos en la baraja del poder: "Haz lo que yo digo, pero si lo haces, no te apoyaré"

Morruchos en la baraja del poder: "Haz lo que yo digo, pero si lo haces, no te apoyaré"

Cambiemos se propone cambiar para sobrevivir como oferta de poder en la Argentina. Pero desde diversos sectores que le venían reclamando ese cambio en la búsqueda de amplitud política, no se animan a dar el salto, concentrados como están mirándose el ombligo.

Tan cierto como que la política es cada vez menos dogmática y más dinámica es el hecho que, así como hay constructores de equipos para ejercer el poder, también que hay protagonistas que llegan a la competencia electoral conduciendo una demoledora.

Ante el fracaso de las políticas en materia económica que evidencia el gobierno de Cambiemos, en su interior surgió hace más tiempo que lo que las crónicas hoy recuerdan, aunque con escaso eco en la conducción de ese espacio, la necesidad de ampliar la base para escuchar más voces y representar mucho más que la ilusión de un grupito "iluminado", sino la barrera de contención de proyectos unipersonales, megalómanos y de carácter autocráticos.

El triunfalismo inicial de Cambiemos le impidió a muchos de sus protagonistas darse cuenta de que no los votaban por ser ellos, solamente, sino por "no ser lo otro". La tarea era más compleja que pasar el tiempo en el gobierno sin sobresaltos. Además de no poder conseguir esta meta corta, el espacio se demoró en ampliar su base de sustentación y generar mecanismos capaces de continuar la misión por la cual fue posible su construcción y recibiera el respaldo popular en 2015 y 2017: que "lo otro" no volviera.

¿Qué es "lo otro"? Está cada vez más claro que del otro lado hay un plan de transformación institucional que cada vez desnudan con menos prurito los seguidores de Cristina Kirchner y es poner los poderes de la actual República a su servicio. Sin haber sido desautorizados por su "jefa", los militantes de un futuro nuevo gobierno cristinista dibujan sin tapujos una realidad chavista futura para la Argentina en la que esta vez esperan no dejar grieta posible en su contra.

Jugando con fuego, desde diversos sectores se le pidió en tono exigente al actual gobierno que convocara al diálogo, situación que recibió el respaldo de la Iglesia, lo cual representa un hecho no menor tratándose de un gobierno no peronista, sector con el que la curia siempre ha tenido mejor conexión política. Pero cuando el Gobierno convocó al diálogo (aceptemos que tarde, en dificultades y con las elecciones en el horizonte cercano apurándolo) desde aquellos que dicen tener en sus manos la varita mágica para cambiarlo todo a futuro, aun siendo los mismos alquimistas que han estado en todas las gestiones del pasado, se niegan. Un "haz lo que yo digo, pero cuando lo hagas no te apoyaré" que suena a burla sobre una sociedad que también pide nuevos espacios para solucionar los problemas más profundos del país, pero que es el resultado de opciones políticas montadas sobre el egoísmo y que se nutren de la desgracia del resto para mostrarse como opción solo desde los escombros, carentes de grandeza y sobrados de marketing.

Los morruchos en la baraja del poder

Sergio Massa, Roberto Lavagna y muchos otros que aparecen en la grilla de partida por una competencia presidencial, una vez más, no aceptan lo que ellos mismos proponen. Y es más: lo ejercitan en la experiencia mendocina de Cambia Mendoza, siendo parte del gobierno de Alfredo Cornejo.

El rol que juegan muchos dirigentes nacionales que se dicen opositores no de alternativa, sino de alternancia: estar a mano de quien sea para que les den un lugar en la vida política argentina que no pueden conseguir por sí solos por falta de acompañamiento suficiente en las urnas.

La generosidad no es un valor que se halle con una simple prospección en las canteras de la política, es cierto. Pero ante las dificultades presentes y el potencial futuro cargado de pasado reciente son suficientes datos que debieran servir para comprender la dimensión de lo que se pretende construir con el "diálogo" tardío, pero diálogo al fin, propuesto.

Hay egos dentro y fuera de Cambiemos que lo impiden, bloquean y alimentan un ego probablemente mayor que "sinceramente", se ríe a carcajadas de quienes tienen en sus manos la tarea de generar un modelo de gestión abierto, republicano, democrático y apegado a la Constitución.

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