Emigración juvenil: La generación Netflix hace las valijas

Emigración juvenil: La generación Netflix hace las valijas

En el #Wok de hoy: Con trabajo seguro o a probar suerte. A estudiar, perfeccionarse o simplemente viajar y conocer. El objetivo de muchos jóvenes argentinos es casi el mismo: huir del país o, para ser más específicos, de ese clima opresivo de sentir que aquí no hay futuro posible. Cansados de una película demasiadas veces repetida (sobre todo para sus padres), ellos buscan protagonizar su propia -y exitosa- serie. 

[ Maridaje / Musicaliza esta columna Joshua Redman Quartet con Circle of Life ]

Para muchos jóvenes que si todavía no hicieron las valijas al menos ya las tienen compradas, la noticia fue música para sus oídos. La Embajada de España lanzó el programa Visar que entregará 1.500 permisos a hijos y nietos de españoles que hayan solicitado visas de trabajo en la madre patria.

El beneficio, destinado a quienes tengan entre 18 y 45 años y no cuenten con la doble nacionalidad, apunta a cubrir aquellos puestos de trabajo que más demandan las empresas de allá; sobre todo, en áreas de finanzas, tecnología, investigación, informática y marketing. El visado en cuestión incluye un período de tres meses para conseguir empleo y transcurrido un año de permanencia legal podrán acceder a la doble nacionalidad.

Estudiantes, científicos, futbolistas, ingenieros, músicos y aventureros de toda laya tienen algo en común, especialmente en tiempos de crisis o de futuro incierto: buscar su destino -personal y laboral- en otros puntos del planeta.

Desde hace un tiempo, casi siempre coincidente con el anuncio de la inflación mensual o algún otro indicador de la malaria reinante, resurge entre amigos y conocidos el comentario de que algún hijo, vecino o conocido se va del país o ya se fue. Y siempre con el mismo componente de desilusión y hartazgo.

Producto de una generación que nació globalizada y cien por ciento digital, los emigrantes de hoy conocen -o saben acceder fácilmente a esa data- las miles de opciones que ofrece el mundo, ya sea a través de becas de estudios, pasantías o directamente con trabajos que garantizan techo, comida y una estadía más que digna. Y allá van. Muchos de ellos con su mantra de “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”.

Salir para entrar (al mundo)

En el 2002, post estallido social y eyección de De la Rúa, 4 de cada 10 jóvenes reconocían querer irse del país. Ya en octubre del año pasado, las embajadas de España e Italia, link sanguíneo obligado para buena parte de nuestros emigrantes, lucían colapsadas de hormonas jóvenes como en aquellos convulsionados tiempos.

Desilusionados y con nulas expectativas de crecimiento, se recortan dos grupos claramente diferenciados de viajeros: los que tienen estudios y que con una beca, un postgrado o un doctorado, podrían asegurarse un aterrizaje con mayores garantías (y menos presiones). El otro segmento lo integran aquellos que ligan su periplo a la aventura, dispuestos a remarla trabajando como mozos, lavacopas, vendedores ambulantes o en el sector turístico. Opciones que les permitan seguir viajando y, en el mejor de los casos, ahorrar unos euros para la vuelta, en caso de que ese sea el plan.

Estabilidad & confianza = seguridad

Según un relevamiento del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21, el 50,4% de los trabajadores sondeados desea irse a vivir al extranjero.

PageGroup, líder en selección y trabajo temporal especializado, sondeó que casi un 40% de los profesionales argentinos está dispuesto a emigrar. El 37% de los consultados por esta firma reclutadora dijo que aceptaría una propuesta laboral del exterior y dentro de este grupo, el 40% reconoció que su principal motivación sería cobrar en monedas "más estables o confiables".

Una encuesta de la consultora Randstad visibiliza un panorama similar al expuesto: el 80% de quienes buscan trabajo, especialmente los jóvenes, admitió que se iría a vivir afuera si tuviera esa posibilidad. “Producto de las crisis y de la devaluación económica, cada vez más los jóvenes profesionales piensan en un futuro en Europa”, apuntó Alejandro Servide, director recursos humanos y contratación en la filial argentina de la segunda mayor empresa de colocación del mundo.

Paradoja: la mayoría de los que se van del país podrían incluirse en el perfil STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) que son, justamente, los que más escasean en el mercado local y que tienen menos inscriptos en las universidades nacionales.

Un empujón cada día

Algo estamos haciendo mal para que los más jóvenes vean el único horizonte posible de crecimiento afuera del país. Y si somos absolutamente honestos, quien de los que somos padres de esos potenciales emigrantes que quieren salir a comerse el mundo no hubiéramos hecho lo mismo en su lugar.

Las señales que reciben les dan cada día un empujón más para decidirse. ¿O acaso es premiado el que más estudia, el que más trabaja, el que respeta las reglas, el que cumple con su palabra? En esto el sayo nos cabe a todos, aunque la tentación o el gesto más cómodo sea apuntarles a los políticos como símbolo de todo lo mal que nos va.

No alcanza ni es totalmente justo apuntar a la yugular de Cristina, Mauricio y demás cabezas del poder. Los "anónimos" formadores de precios, los especuladores del dólar, los estrategas del Merval, los carroñeros de toda crisis, todos aportan su sustanciosa cuota de miseria.

Quizás lo resuma mejor el recordado Tomás Bulat, quien en su libro Estamos como somos analizaba el tango nuestro de cada día con cierta pesadumbre: "La Argentina no es un país normal, y por eso vivir acá es tan complicado. Todo lo que nos pasa ahora ya pasó antes, más de una vez. No es nada nuevo. Y eso no es lo peor. Todos los que tenemos más de 40 años sabemos que va a volver a pasar. Las generaciones más jóvenes sienten que todo lo que ocurre es una novedad, y muchos de ellos se asombran, pero los que tenemos más experiencia ya lo vivimos. Son películas repetidas".

He ahí el punto: esta película (de terror) ya la vimos demasiadas veces. Y ellos, la generación Netflix, prefieren claramente las series a las películas. Una vida ágil con capítulos cortos e intensos. Más acción y menos drama.

#Solapa

Periodismo y verdad. Conversaciones con los que mandan en los medios, de Jorge Fontevecchia (Paidós, 496 páginas, $799)

  • ¿Cuál es el estado de situación en los medios después del “periodismo de guerra” que ha dominado la Argentina en el siglo XXI? ¿Cómo es el mundo real de los que toman decisiones periodísticas en los tiempos de la posverdad? Fontevecchia responde esas preguntas en un ensayo medular sobre la prensa, el poder y la libertad de expresión. Periodismo y verdad se propone refundar la noción de objetividad periodística y superar la polarización estéril entre una visión positivista de la objetividad y un relativismo absoluto. Como en la ciencia, donde la verdad es la que se alcanza a través del método científico, este libro plantea que el periodismo debe dar con un método que permita la definición de una verdad compartida.

#ElResaltador

No es lo mismo

  • "Los lenguajes de especialidad son crípticos para quienes no pertenecen a la disciplina. El vocabulario técnico es lo que da precisión al discurso. En Derecho, por ejemplo, no es lo mismo rescindir que resolver, las palabras no están puestas al azar. Pero más allá de la terminología jurídica hay un uso del lenguaje que trata de establecer autoridad a través de cierta forma de escribir pretenciosa, arcaica. También como una manera de demostrar la pertenencia a un grupo: parece que un abogado que hable simple y claro no podría manejar la terminología, hay un empoderamiento de la profesión a partir de un lenguaje barroco. Son pautas culturales. Podemos escribir un texto muy preciso utilizando la terminología correcta, en lenguaje claro".

[ Silvia Iacopetti, directora del Sistema Argentino de Información Jurídica e integrante de la Red Argentina de Lenguaje Claro ]

#ALaCabeza

  • La transformación de la Comunicación Política, conferencia del politólogo, consultor en marketing y estrategia política, Mario Riorda, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo (noviembre de 2017).

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