Aliviado, el vino puede enfocarse ahora en ideas y mercados

Aliviado, el vino puede enfocarse ahora en ideas y mercados

El colchón de asistencia anticíclica de unos $3.200 millones que aprobó la Legislatura da cierta tranquilidad al sector en la tormenta macroeconómica. La industria deberá ahora agudizar estrategias y redoblar esfuerzos para colocar sus productos en un mundo y un país que cambiaron la forma de tomar el vino.

Con la multimillonaria asistencia financiera estatal garantizada por cuatro años, la vitivinicultura consiguió un alivio en medio de la tormenta que deberá aprovechar para enfocarse en innovación, creatividad y esfuerzo para mejorar los despachos y llegar encarrilada a 2025.

En tiempos de estanflación, ventas en baja y austeridad extrema, la ayuda de $800 millones al año no es para nada despreciable, pese a que del contexto macroeconómico decidirá cuál será el rendimiento efectivo del aporte que aprobó la Legislatura (aplauso aparte por oficialismo y oposición, que saltaron la grieta a favor de la industria madre).

Dependerá del Gobierno y de la industria hacer un uso sensato del recurso. El primero está más limitado, ya que funcionará más bien como facilitador del equilibrio en la cadena de producción y “acompañante” en las iniciativas que se presenten para mejorar.

Será la industria la que deberá motorizar la dinámica para crecer en volumen de ventas, ganar terreno en el mercado interno, conquistar más destinos en el exterior y lograr una distribución equitativa de la renta en el sector.

Para ello desde viñateros a bodegueros y entes de promoción deberán enfocarse en variables que van desde si Mendoza debería volcarse al mercado de granel con el vino como commodity, si apostará a mejores precios con productos de calidad, o si hará un mix de ambos, manteniendo además al consumidor como amo y señor. Excluidos de esto último quedarán, claro, los autoproclamados o consagrados “artistas” del sector, el pequeño y selecto grupo que tiene el camino allanado para crecer por su cuenta.

Aunque separados por 10.000 km de distancia en lo geográfico y otro tanto en lo cultural, el reporte de tendencias de consumo del gigante estadounidense Gallo para 2018 puede brindar alguna guía o idea sobre las velas que, eventualmente, deberá remontar el vino argentino.

La encuesta KUBE (Conocimiento Desenterrado para la Expansión del Negocio, por sus siglas en inglés) tomó los casos de 23.000 adultos mayores de 21 años, el 82% de los cuales consideró que el vino debería ser “divertido y disfrutable”.

Esto se vincula con una sección del sondeo que aborda el tema de envases alternativos. El 40% de los consumidores dijo que compraría vino en este tipo de packaging si estuvieran seguros de que el producto es de alta calidad. Entre las opciones que comienzan a atraer mencionaron el vino en lata y los formatos de medidas individuales. Las ventajas mencionadas fueron dos: el poder trasladarlo y disfrutarlo, por ejemplo, en eventos al aire libre, y poder probar el producto sin tener que comprar la botella completa. Este último caso alcanza al 25% de los encuestados, quienes admitieron que pagarían por esta muestra a medida.

Por otra parte, un 35% de los consumidores encuestados consideró que “otros bebedores de vino se lo toman demasiado seriamente”, lo que, palabras más palabras menos, quiere decir: menos bla bla en el mundo de Baco y más disfrute.

Desde Mendoza han surgido algunas iniciativas de vino en lata y de vino “tirado” que, ojalá, prendan en el medio y se multipliquen.

En envase individual de aluminio salió al mercado el año pasado el “Rojo” de bodega Orfila (Cepas Argentinas), un sodeado de 4 grados de alcohol y $30 los 470 cc. Por su parte Zuccardi hizo lo propio, aunque por el momento solo para el mercado de Estados Unidos. De la mano de bodega Santa Julia lanzó sus latas de malbec rosé, chardonnay y malbec-bonarda.

Entre quienes apuestan por dar pelea a la cerveza desde la canilla están iniciativas como la del enólogo Lucas Niven y sus vinos tirados, con los que va ganando lugar en bares y restaurantes de Mendoza y otros puntos del país.

Ya sea en lata o tirado, sodeado, con hielo o cortado con gaseosas, la forma de beber vino está cambiando en el mundo y la industria local tiene ahora un colchón para hacer base e intentar hacer pie firme en los próximos años.

"Homenaje a los tanos que nos enseñaron lo simple de la vida". Pajarito Amichu lo entendió.
Niven apuesta al vino tirado.
Los tachos van ganando lugar en bares y restaurantes.

El informe KUBE, de Gallo:

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