Opinión
Un cambio para que nada cambie
"El nuevo ministro, Carlos Fernandez no tiene, en absoluto, pergaminos que acrediten que es un buen técnico y Lousteau los tenía. De esta manera, difícilmente tenga autonomía ni una posición tomada respecto de los problemas económicos centrales de hoy, como la inflación, la crisis del campo, la crisis energética y la manipulación de información por el INDEC".
La salida de un ministro de Economía de la Nación fue siempre, para los argentinos, un motivo de preocupación y, a veces hasta de desesperación. Recordemos nada más las salidas de Martínez de Hoz, Grinspun, Sorrouille, Cavallo…
Hemos asistido demasiadas veces en nuestra historia a salidas traumáticas, que fueron preludio de caos económico y terremotos políticos.
Cuando el ministro de Economía renuncia, uno de inmediato piensa dónde esconderse o cómo protegerse de la debacle que se viene. Esta vez, estimo que no es así, no existirá una crisis violenta. Simplemente seguiremos caminando hacia el precipicio, dentro del panorama de crisis que venimos transitando desde hace meses.
Cuando el ministro de Economía renuncia, uno de inmediato piensa dónde esconderse o cómo protegerse de la debacle que se viene. Esta vez, estimo que no es así, no existirá una crisis violenta. Simplemente seguiremos caminando hacia el precipicio, dentro del panorama de crisis que venimos transitando desde hace meses.
En este marco, la salida de Lousteau se puede analizar desde dos puntos de vista: el económico y el político.
Desde el punto de vista de la economía, en mi opinión es que este cambio no provoca modificaciones en la orientación económica, que será la misma de los últimos meses y de los últimos cuatro años. Esto implica despreocupación por el tema inflacionario, negación del problema energético, ligereza en el trato de la protesta del campo y lisa y llana preocupación por seguir recalentando la economía para no dejar de crecer a tasas chinas.
Lousteau era, aunque muy tímidamente, algo crítico de lo que se hacía en materia inflacionaria y en algunos casos en que se animó a decirlo, fue acallado de inmediato por el mismo Néstor Kirchner. Por lo tanto, si había alguna esperanza de que el tema se tratara seriamente dentro del gobierno era él, que ahora no está. Entonces, ahora sin Lousteau, preparémonos para más inflación y más conflictos.
Desde el punto de vista político, es muy claro que ganó el "area dura" del gobierno (Néstor Kirchner, Guillermo Moreno, De Vido), ya que sale de escena el únicoi ministro que realmente pudo poner Cristina Fernández y llega una persona cercana al ex presidente.
Con esto, ya el rol de la presidenta se desdibuja completamente, pasa a segundo plano y claramente las decisiones económicas quedan en manos de Néstor Kirchner, tal como ocurriera desde que Lavagna dejó su cargo, que fue asumido "decorativamente" por Miceli y luego por Peirano.
El nuevo ministro, Carlos Fernandez no tiene, en absoluto, pergaminos que acrediten que es un buen técnico y Lousteau los tenía. De esta manera, difícilmente tenga autonomía ni una posición tomada respecto de los problemas económicos centrales de hoy, como la inflación, la crisis del campo, la crisis energética y la manipulación de información por el INDEC.
Seguramente hará y dirá lo que le ordenen que haga y diga desde Puerto Madero.
Nunca tal válida la frase de que "este cambio es para que nada cambie". Lousteau sale porque se animó, muy tímidamente, repito, a proponer algo distinto y racional. De todas maneras, hay que reconocer una realidad: su poder y margen de maniobra eran casi nulos y su accionar se limitaba a problemas secundarios y a declaraciones de poco impacto, que ya nadie tomaba en cuenta.
Sin dudas, Martín Lousteau estará hoy más tranquilo y los argentinos más preocupados, no por quien se fue, sino por quienes se quedan.
Desde el punto de vista político, es muy claro que ganó el "area dura" del gobierno (Néstor Kirchner, Guillermo Moreno, De Vido), ya que sale de escena el únicoi ministro que realmente pudo poner Cristina Fernández y llega una persona cercana al ex presidente.
Con esto, ya el rol de la presidenta se desdibuja completamente, pasa a segundo plano y claramente las decisiones económicas quedan en manos de Néstor Kirchner, tal como ocurriera desde que Lavagna dejó su cargo, que fue asumido "decorativamente" por Miceli y luego por Peirano.
El nuevo ministro, Carlos Fernandez no tiene, en absoluto, pergaminos que acrediten que es un buen técnico y Lousteau los tenía. De esta manera, difícilmente tenga autonomía ni una posición tomada respecto de los problemas económicos centrales de hoy, como la inflación, la crisis del campo, la crisis energética y la manipulación de información por el INDEC.
Seguramente hará y dirá lo que le ordenen que haga y diga desde Puerto Madero.
Nunca tal válida la frase de que "este cambio es para que nada cambie". Lousteau sale porque se animó, muy tímidamente, repito, a proponer algo distinto y racional. De todas maneras, hay que reconocer una realidad: su poder y margen de maniobra eran casi nulos y su accionar se limitaba a problemas secundarios y a declaraciones de poco impacto, que ya nadie tomaba en cuenta.
Sin dudas, Martín Lousteau estará hoy más tranquilo y los argentinos más preocupados, no por quien se fue, sino por quienes se quedan.