"Vinicius…saravá!" en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta

Fotos personales, música, palomas y una proyección del mar en Ipanema retratan la vida de Vinicius de Moraes a 100 años de su nacimiento.
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Matilde Llambí Campbell

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"Vinicius…saravá!" en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta

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Hacen 100 años del nacimiento de Vinicius y su ex mujer, Marta, quiso elaborar un proyecto en su homenaje. La artista argentina Renata Schussheim hizo el resto. De una pequeña idea en origen, que era desarrollar una propuesta con fotos familiares, se desprendió un retrato íntimo de la vida y obra del compositor, poeta, dramaturgo y diplomático brasilero cuyo rol fue clave en el advenimiento de la música contemporánea de Brasil.

Saravá, el título, es uno de esos términos como saudades, que no tendrían traducción exacta al español porque sus acepciones son múltiples y se utilizan de acuerdo a circunstancias específicas. El origen está en la religión afro- brasilera Candomblé, y en ese contexto significa “buena suerte”. Para muchas personas es una palabra incómoda porque se relaciona a rituales religiosos no tradicionales. Vinicius la hizo suya y la transformó en una expresión que implicaba a su vez un ¡hola!y un ¡viva!.

La mayor parte de la sala está ocupada por fotos de la vida del compositor ploteadas sobre las paredes, de las cuáles salen flechas manuscritas indicando quién es quién. Aparece con amigos, con sus hijos, en Punta del Este, en Argentina, en Brasil, rodeado de personas y personajes sonriendo en una mesa, o con alguna de las 9 esposas que tuvo a lo largo de 41 años de los 66 de su vida. Viajó muchísimo. El común denominador de la imagen de Vinicius de Moraes que se traza es una palabra: calidez. Siempre está rodeado y feliz de estarlo. Las fotos tienen un tamaño parecido, exceptuando la de la pared del fondo, que es mucho más grande y retrata a Vinicius con Marta, en una plaza de algún lugar que podría ser Europa, rodeados por palomas grises. Esas palomas salen del recuadro de la foto y se convierten en un elemento de continuidad que encadena toda la muestra. Son como esténciles de Schussheim que aparecen por todos lados, y tienen el permanente vínculo a la voz de Caetano en su interpretación bossa nova del famoso tema mejicano“Cu cu rru cu cú Paloma”. A su vez en esta sala se escucha permanentemente una selección muy cuidada de temas de VDM.

Detrás del panel, la segunda parte de la muestra consiste en tres videos: dos laterales y uno central. De un lado se proyecta el documental Vinicius, de Miguel Faría Jr. y Susana de Moraes. Del otro, se proyecta de a momentos a la fantástica Carmen Miranda bailando.

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El tercer video se ubica en medio de los otros dos y es una enorme proyección del mar visto desde la playa de Ipanema,que ocupa de lado a lado la sala y que se continúa con arena real dentro de la sala. Es una gran imagen. La playa despoblada evoca la fuente de poesía y a su vez la infinitud de una vida desapegada y múltiple. Paralelamente el mar y la bossa nova son como un todo en el imaginario. La “nueva onda” difundida en la década del ‘60 que fusiona el jazz y variaciones de samba, proviene de playas y me lleva a playas cada vez que la escucho. Allí se concibió a fines de los ‘50 y desde allí se difundió a partir de amistades cómplices, con un amor por el amor en sí, que fue patrimonio de cronistas y narradores que entendían de música. ¿Qué era una “cultura de playa” a fines de los ’50 en Brasil? Un grupo de románticos, como aparecieron varias veces a lo largo de la historia.

La dinámica de los conciertos de Vinicius también era íntima. Se sentaba en medio de una audiencia reducida con una mesa y una botella de whisky y mientras bebía contaba historias que fascinaban a quien concurría, mientras interpretaba algo de su repertorio que al final terminó por superar los 400 temas originales. La intimidad de los conciertos se corresponde con la intimidad de la muestra.Tocó con muchísimos artistas, pero su co- estrella más duradera fue Toquinho, que estaba en su casa con él en el momento de su muerte y a lo largo de gran parte de su vida fue una figura incondicional.

Más allá de sus múltiples vínculos con la Cancillería y su rol como organizador de festivales de cine, Chico Buarque dijo que “por sobre todas las cosas, Vinicius fue un compositor”.

El epígrafe de la muestra reza:

“La vida, amigo, es el arte del encuentro”.

“Vinicius…Saravá!” Se puede ver en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, Buenos Aires, hasta el 16 de febrero del 2014. Se ha editado un catálogo con 75 imágenes y textos de allegados a propósito de la muestra.