Frances Ha: Una pequeña joya escondida en Netflix

Frances Ha, la última película de Noah Baumbach -que puede verse, por ahora, sólo en Netflix- es un hermoso retrato sobre una chica a punto de convertirse en adulta.
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Luciana Calcagno

1/5
Frances Ha: Una pequeña joya escondida en Netflix

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Frances Ha: Una pequeña joya escondida en Netflix

Lo que antes llamábamos “directo a dvd” ahora bien podríamos llamarlo  “directo a Netflix”. Y es que aquellas películas más pequeñas, que probablemente no encontrarían lugar en las pantallas locales (ni de muchos otros países) ahora parecen tener salida casi instantánea a la plataforma de video on demand con más de 27 millones de usuarios en todo el mundo.

Es por eso que Netflix sigue siendo imprescindible para aquellos que disfruten del buen cine. Si bien sus categorías son un poco ridículas, conviene no ser prejuiciosos. Antes de reírnos de las “aclamadas por la crítica”, hay que revisar bien: ahí hay películas como Frances Ha esperando ser descubiertas. 

Durante la primera media hora, la última de Baumbach parece la típica película mumblecore con gusto a nada. Pero a medida que avanza se transforma en otra cosa. El malentendido ocurre por varios motivos: tiene a Greta Gerwig (también guionista del film, pareja del director y actriz de Greenberg, además de “cara” de varias películas del mumblecore), está filmada en blanco y negro, maneja un tono entre liviano, jocoso y feliz, y la mitad de las escenas parecen improvisadas. También hay algunos actores (el insufrible Adam Driver, de Girls, por ejemplo) que parecen indicar que la película es algo que (por suerte) no es.

Gracias a Dios, tampoco es Girls (la serie del momento). Lo cual nos llena de esperanzas: hay otra mirada posible sobre “ser joven en Nueva York” que no es la de la híper sobrevalorada Lena Dunham, para quien ser cool, graciosa y transgresora es sinónimo de estar en ropa interior el 80% de las temporadas. El hecho de mostrar jóvenes en Nueva York (territorio que ahora parece ser exclusivo de Dunham) llevó a que varios encuentren puntos en común, pero tanto Baumbach como Gerwig evitan hablar sobre las “similitudes” con la serie, remarcando que son solo dos buenos proyectos sobre gente joven viviendo en la misma ciudad. Y punto.

Lo cierto es que no hay mucho más para comparar. Aquí tenemos una historia sobre aceptar la adultez, con todo lo bueno y lo malo que conlleva, no una historia sobre la eterna histeria adolescente y post adolescente. Frances Ha es, como dice su director, sobre “esa etapa de los veintipico en la que necesariamente tenés que separarte de una especie de idea romántica sobre vos mismo”. Y eso lleva tiempo y puede ser angustiante. Tal vez uno no termine viviendo donde imaginaba, ni trabajando de lo que imaginaba, y mucho menos ganando lo que imaginaba. Lo único seguro es que todo cuesta muchísimo más tiempo y trabajo de lo que uno imaginaba.

Es por eso que uno de los grandes aciertos de Baumbach es estructurar la película en base a los diferentes departamentos (o “locaciones”) que habita Frances. A través de este desfile de espacios (de Brooklyn a París) nos muestra también lo difícil que es a veces encontrar el lugar adecuado (tanto físico como mental) y establecerse allí.

El otro gran acierto es, sin duda, Frances. Si bien es incómodo verla en varias escenas (las cenas con desconocidos, la charla con su profesora de danza) al rato ya no queremos separarnos nunca de ella. No sabemos cuánto de Gerwig hay realmente en Frances (suponemos que mucho), pero logró uno de esos personajes en los cuales volvemos a pensar aún bastante tiempo después de haber terminado de ver la película.

Frances es también aparatosa. Está obsesionada con su mejor amiga, Sophie (y eso no es amor de amigas, es obsesión), se avergüenza al admitir que todavía ni siquiera es “una persona real” y repite que es “demasiado alta para casarse”. Justifica el caos en el que vive porque dice estar “ocupada”. Es torpe, no tiene control de su cuerpo (a pesar de ser una especie de “bailarina”) y suele decir las cosas equivocadas en el momento menos indicado. Vive yendo de un lugar a otro, negando su poco talento para la danza y haciendo viajes que no puede pagar. Frances, al fin y al cabo es, como la define uno de sus compañeros de piso, “undateable”.

Y sin embargo seguimos mirándola e identificándonos porque su conflicto es el que todos alguna vez tuvimos, y porque Baumbach lo resuelve con tanta elegancia, sutileza y amabilidad que no queda otra que encariñarse (con ella, con la película, con todo).

Si Frances Ha es todo un “suceso” es porque no es muy frecuente encontrar este tipo de personajes en el cine. No hay por qué ponerse nostálgicos, pero lo cierto es que estos personajes viven en pocas películas: en las de Rohmer, Godard y Truffaut (los más claros homenajes de la película: allí está la música de Antoine Duhamel, Georges Delerue y Jean Constantin para demostrarlo) y, mucho menos, en las mejores de Woody Allen (que, por supuesto, dejaron de hacerse hace muchos años).

Hay demasiados motivos para ver Frances Ha. De estreno incierto, lo más recomendable es buscarla en Netflix ya mismo e ignorar todas las otras “aclamadas por la crítica”, al menos por ahora. No van a encontrar una mejor.