Cine y Moda #1: La simbiosis infinita

Un breve recorrido para comenzar a pensar la relación de mutua influencia entre la moda y el cine.
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Barbarita Juri & Sofia De Pellegrin

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“Las modas de las películas de hoy serán nuestras modas del mañana” (Elsa Schiaparelli, 1950).

Existe una relación circular entre la moda y el cine. La principal fuente de inspiración del cine ha sido y es “la realidad”, es por ello que para diseñar el vestuario de las películas habitualmente se toman atributos de la moda situada en la calle, y para que esos atributos adopten su función cinematográfica deben ser ficcionalizados, puestos en escena.Las películas llevan dentro de sí la moda, que a su vez influencian prefigurando y orientando el gusto y las formas, creando prototipos y estilos.

La relación entre el cine y la moda puede abordarse desde diferentes perspectivas:

Una ubica al cine como medio difusor de modas vestimentarias; ya sea imponiendo nuevas prendas, promoviendo el uso de las existentes o sepultándolas.

En este caso, por un lado se agrupan aquellas prendas que toman su nombre de una película, como el jersey Rebecca que viste Joan Fontaine en la película homónima de Hitchcock (1940) o la prenda interior llevada por Carroll Baker, en la película de Elia Kazan, que se llamaría Baby doll (1956).

Por otro lado, están las modas que se inspiran en el vestuario de alguna película, como el caso de la colección que Christian Dior creó en 1966, a partir de Doctor Zhivago (David Lean, 1965); los estilos o estéticas que están en la calle y son popularizados por películas, como el caso de los motoqueros de Easy Rider (Dennis Hopper, 1970) o el barroco de Amadeus y Relaciones Peligrosas en los 80. 

Finalmente, están las prendas que dejan de usarse o empiezan a usarse cuando una estrella lo hace: la camiseta dejó de ser norma cuando Clark Gable mostró su torso desnudo debajo de la camisa en Sucedió Una Noche (1934, Frank Capra) y los pijamas masculinos empezaron a venderse masivamente cuando, en la misma película, Claudette Colbert usó el del galán. También puede citarse el caso de las sugerentes enaguas de Liz Taylor en La Mujer Marcada (1960, Daniel Mann) que se impusieron como moda en su momento y fueron retomadas en los ‘90 y en últimas temporadas.  

Otra perspectiva para abordar el cine y la moda nace de la influencia de grandes diseñadores en películas o en la imagen de las estrellas (Givenchy - Audrey Hepburn o la asociación Jean Paul Gaultier - Peter Greenaway).

La otra posibilidad de análisis: la de la estrella cinematográfica como arquetipo, como creadora de moda y estilos.  

De la misma manera que opera la moda (llevando a la pasarela aquello que está en la calle para que luego vuelva a ella habiendo pasado por el tamiz de la espectacularización), el vestuario cinematográfico se inspira en la moda vigente pero le añade significaciones en virtud de la adopción de su función cinematográfica. Luego, la moda difundida por el cine, inspirada en los usos y hábitos vestimentarios de la sociedad, vuelve a esa misma sociedad para terminar generando nuevos hábitos y comportamientos, nuevas modas. Este proceso se denomina proceso de transvalorización, que el cine venía de operar en un sentido inverso.

La realidad ofrece entonces herramientas creativas que tanto el cine como el sistema de la moda retoman.

Reiteradamente el cine difundió nuevas modas con las duplas diseñador - actriz, concretadas en los estilos de las estrellas: Gloria Swanson y Coco Chanel, Grace Kelly y Christian Dior, Audrey Herpburn y Givenchy, Catherine Deneuve e Yves Saint Laurent; éste último, también iluminado por la realidad. A mitad de los ’60, Yves Saint Laurent encontró condiciones inéditas en la ciudad, en sus habitantes y las estilizó en su pasarela para difundir su indumentaria.  

La tríada realidad, moda y estética genera estilos en conjunto que tanto el cine como el sistema de la moda absorben, utilizan y retroalimentan en pos de supuestas nuevas opciones. Tales opciones sin su contexto real verdadero y con su carácter espectacular se convierten en distracción, en novedad poco reflexiva, adquiriendo precisamente características de divertimento.

El cine tiene una estrecha relación con la moda, y hoy más que nunca. Las actrices se han convertido en las nuevas musas de las firmas y los diseñadores más importantes. Además, en la historia del cine ha habido vestuarios que han marcado un estilo que después se trasladó a las calles, como el de Breakfast in Tiffany’s, con Audrey Hepburn como inspiración, entre muchos otros.

También, la relación entre ambos ámbitos ha tenido que ver con la narración de historias relacionadas a la industria fashion que llegaron al corazón de la gente. Uno de los filmes más recientes El diablo viste de Prada (inspirado en Anna Wintour), que cuenta un poco acerca de cómo se trabaja en una prestigiosa revista de moda, ha sido uno de los más exitosos.

O la adaptación de la famosa serie Sex and the city, en la cual los diseñadores más exclusivos del universo fashion han mostrado algunos de sus mejores modelos. En definitiva, este vínculo se retroalimenta de forma constante.  

El cine y la moda mantienen desde hace décadas una idílica relación. Se quieren, se admiran y se necesitan para promocionarse. La relación va desde la alfombra roja de los Oscar hasta los actores y los directores que desarrollan colecciones de moda.

La moda en el cine ha sido vital porque, desde que el cine es cine, gracias a ella se han marcado tendencias, ya sea por cómo se visten las actrices con ciertos diseñadores o por cómo se sacan temáticas de las películas para las creaciones.