Queríamos tanto al Chueco: los "viudos" de Mazzón no hallan paz

Nunca fue condenado por corrupción, pero su nombre fue delatado por un "compañero" en la causa de los cuadernos de la corrupción.
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Puede decirse, sin riesgo de equivocarse, que Juan Carlos Mazzón  fue el peronista que más hizo para mantener unido al peronismo. Su método fue infalible: unir adentro y desunir afuera. Fue él quien logró que Celso Jaque y Francisco Pérez fueran gobernadores, a fuerza de recursos y de la división de sus contrincantes, internos y externos. Inclusive, logró persuadir a grupos internos de la oposición de las ventajas de "jugar a perder".

Cuenta el mito mazzonista que cuando un débil Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada en 2003, tras el interinato de Eduardo Duhalde, tuvo que recurrir a él, de quien no era amigo, para poder hablar con el resto de los gobernadores peronistas, que no le daban bolilla. Tendió todos los puentes y armó un gobierno que, en principio, hasta muchos de sus actuales detractores se animaron a calificarlo públicamente de "exitoso". Entonces, Kirchner le puso una oficina junto a la suya y la del Jefe de Gabinete: ahí tenía que estar cuando no estaba solucionando entuertos internos en las provincias o disolviendo contrincantes para conseguir imponerse electoralmente.

El pasado 7 de agosto se cumplieron tres años de su muerte. Podría dimensionarse qué consecuencias acarreó su ausencia para la política, en todos sus partidos, sectores y subsectores, pero sería dificultoso. Sí podemos ver aún hoy como sus seguidores locales más estrechos, que conformaron una cofradía cerrada y arrolladora ala que simplemente llamaron "sector azul" del Partido Justicialista, quedó herido.

Sus "viudos" lo siguen llorándolo: a falta de Mazzón han perdido la brújula y probablemente no sepan usar un GPS que les permita volver a poner en rumbo su maquinaria electoral y de recursos para darle combustible. Se han dispersado. Hay encuentros y desencuentros. "Fue un padre para nosotros", dicen por los rincones, aunque también en público. El último candidato a gobernador del peronismo en Mendoza y actual senador provincial, Adolfo Bermejo, el día de su muerte, oró desde los micrófonos de MDZ Radio: "Les pedimos a Dios y a la Virgen que nos ayuden a reencauzar al peronismo sin él". Es decir, para ellos Mazzón era parte de una especie de "santísima trinidad" suprapolítica.

Los liderazgos aun dentro de ese núcleo tan hermético se han disuelto y buscan mil formas de reconstituirse, pero les falta aquel hombre y su mecanismo de unidad. Y por cierto, ni Dios ni la Virgen han faveado o tirado siquiera un like a su reclamo al Cielo.

El intendente de San Martín, Jorge Omar Gimenez, hasta le quiso poner su nombre a un templo vitivinícola, un absurdo que el propio Mazzón en vida pidió que no hiciera, por obvias razones, en una carta de agradecimiento y advertencia que le enviara. Ahora es el epicentro de la difusión del Bonarda, construido con fondos nacionales que girara el exhombre fuerte de los recursos de la Casa Rosada, ahora mencionado por el exjefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, como el dueño de la oficina hacia donde iban los bolsos que mencionó el exchofer Oscar Centeno que llevaban a la Casa Rosada.

"Creo que Juan Carlos tenía un saco que era talle único y que le andaba sólo a él. Uno lo que pudo hacer fue, en todo caso, aprender de su generosidad, desinterés y vocación de aportar al peronismo pero, fundamentalmente a Mendoza", lo despidió Gimenez en diálogo con MDZ Radio el mismísimo día de su muerte. "Hay que recordarlo como a los grandes, como al 'Viti' Fayad, quienes trascienden los partidos y ven en la política un estilo de vida y un sacerdocio", concluyó entonces.

En Maipú, los hermanos Adolfo y Alejandro Bermejo, criados bajo su apapachamiento, abrieron una biblioteca que le rinde homenaje desde la cultura:

 Aun hoy "su" gente reclama una señal desde el Más Allá. Pero no llega sino su mención lateral justo en el caso de investigación anticorrupción más grande dela historia argentina y cuando jamás fue condenado por algo así en vida.

La unidad no llega. Los puentes que se tienden, carecen de la calidad estructural que conseguía Mazzón. Y van cayendo. Y hoy se preguntan qué fue primero: si el peronismo post ´83 en el poder o Mazzón.