Argentina, el thriller: malos y buenos que también son malos

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Qué somos.  No hay otra forma de explicar a nuestro país que como si se tratara de una película fuerte, de impacto, capaz de producir emociones cruzadas, llena de intriga pero también de sorpresa, con recursos de estilo que presentimos que usarían, aunque también con otros nuevos, que descollan y dejan tiesos a los espectadores. Pero en esta dualidad cabe hacer muchas preguntas. ¿Nos toca ser meramente espectadores o somos actores de reparto en esa película? ¿Dobles de riesgo o extras conformistas? Argentina, el thriller: una filme de malos y buenos, en donde los buenos también son malos.

Doble rasero. "Haz lo que yo digo, no lo que yo hago". La frase más que nunca entendible en los curas católicos, entre otros religiosos, ahora es trasladable a la política y sus socios impulsores/detractores en la maquinaria económica. Hasta ahora, todos aquellos poderosos que accedieron a un micrófono o una cámara de TV, nos han dicho cómo hay que actuar para ser mejores individual y colectivamente, qué país necesitábamos y cómo construirlo. Mientras decían al resto de qué hablar, en qué entretenernos, de quiénes había que defenderse, de qué ocuparnos, cómo y dónde educarnos mejor, a qué ladrones había que perseguir hasta que a cada momento haya "uno menos", robaban.

¿Y ahora, quiénes? Tal vez tanto discurso instructivo del "deber ser" haya cundido, y ahora caen quienes lo usaban para encubrirse en su manto de moralina patriótica, frente a quienes los escucharon y lo creyeron. Sería así si la Justicia actuara como es esperable que lo haga y no solo generada otro nivel de desconfianza.¿Quién tendrá autoridad para liderar y señalar la ruta a seguir, si no se identifica con rapidez a líderes con autoridad real y despojados de responsabilidades y culpas que pueda marcar un nuevo camino? O no. ¿Y si este mecanismo de doble moral sea el motor de todo un país, en todas sus actividades?: "roban, pero hacen"; "sí a las dos vidas" pero "bala a los pibes chorros"; "crecimiento vs pobreza" y que todo siga igual con caridad para bajar impuestos...

Todos vivísimos. Hemos sido un país capicúa Robin Hood Hood Robin. ¿Dejaremos de serlo? Vale pensar cuán hondo ha calado esta matriz de existencia, producción y reproducción de la viveza criolla. Algunos dicen que es "el ADN argentino" y, con eso, invitan a un "sigamos andando" en esta tarea de buscar la oportunidad de dar un salto cuanti y cualitativo personal o colectivo, sino esperar el turno y tramar un menú de posibilidades para cortar camino.

Arrepentidos, segunda temporada Lo que estamos leyendo en los cuadernos del chofer Oscar Centeno tiene muchas lecturas. Sin embargo, hay una aleccionadora: él solo hizo el trabajo que no hizo para evitar la corrupción y la maquinaria criminal en el país toda una mega estructura de instituciones y organismos dedicados a ello. Bastaron unos cuadernos comprados en la librería de la esquina y una lapicera de bajo costo. Fracasaron todos los espías, posiblemente ocupados en que esto no saliera a la luz y, por qué no, en echarle mano a uno que otro bolso que anulara sus "observaciones". Ni hablar de las fuerzas de seguridad y la Justicia. ¿No había contado más o menos lo mismo que estos cuadernos Leonardo Fariña cuando se arrepintió de sus tropelías para zafar de la cárcel? ¿No fue esa la verdadera oportunidad de establecer las líneas de acción para construir un verdadero "Lava Jato" argentino, en donde los empresarios cazados por sus actos delictivos para que sus empresas siguieran facturando acusaran "para arriba"?

Encubridores institucionalizados. Entre Fariña y Centeno pasó que el Congreso no quiso darle al país leyes suficientemente fuertes como para llevar adelante este tipo de casos. De hecho, el Senado abraza a sus condenados e investigados, bloqueando cualquier posibilidad de que cumplan con lo establecido con la ley, como pasa con Carlos Menem. Pero además, se niega a darle a la Argentina una ley de Extinción de Dominio que permita que los que robaron, además de ser escrachados, devuelvan lo que robaron. Por eso la mirada de un proceso de "manos limpias" que haga al país rodar sobre un sistema económico, político y social lo más sano posible, ¿no debería incluir revisar sus instituciones, sus tres poderes, los sindicatos y las organizaciones religiosas y sociales de todo tipo que constituyen una especie de "sistema ecológico de la corrupción"?

Construcción y medios, el sistema. No en vano el plan de quienes han detectado el poder fáctico fue copar todos los órdenes de la vida en sociedad. A las empresas constructoras se las instó a tener sus propios medios de comunicación y a esos medios, a cerrar el círculo vicioso hablando bien de quien contrataba (el político), encubriendo a las empresas (los contratados) y entreteniendo con noticias falsas, rumores y espejos de colores al resto, cuando no promoviendo la reproducción del esquema con más candidaturas de personas afines a realizar obras innecesarias.

El quiebre. Los cuadernos del chofer, el trabajo del equipo periodístico de La Nación, el resto de quienes buscan la verdad, los testimonios del clan que lideró Fariña pueden ser fundantes del quiebre de la vieja Argentina con lo que todavía no llega.

La cadena de la felicidad. La plata que fue en bolsos hizo feliz a mucha gente que quiere seguir siéndolo y hará todo lo posible para hacer felices a más personas con tal de no cortar esa falsa cadena de la felicidad que alimentó que hoy la Argentina viva sumida en el atraso, que la infraestructura resulte anticuada y que muchas organizaciones contra la pobreza solo trabajen para que los pobres no dejen de serlo, porque allí sus dirigentes tienen su campo fértil y su nudo en la "cadena de la felicidad" de la que hablamos.

¿Y las maletas de la política? Basta recordar que se viene hablando de recursos públicos que fueron hacia empresarios y que volvieron en cuotas/bolsos a los funcionarios. Pero también es propia la oportunidad que tenemos todos de recordar a voces que nunca más hablaron y que solucionaban "problemas" con portafolios de dinero por las provincias, dividiendo partidos, pagando campañas propagandísticas en efectivo o solucionando internas partidas. ¿Fue un mito? Lo será hasta que aparezcan más cuadernos, libretas o personas que quieran un país mejor. Porque lo que nunca apareció -y hay dudas de que justo ahora suceda- son las carpetas de Inteligencia. Que si alguna vez tomaron nota de algo, fue, seguramente, para el exitoso guión de la película de nuestro fracaso como sociedad.