Ya están los ganadores del Certamen Literario “Martha Beatriz Bustos”

Se dieron a conocer los ganadores del Concurso Literario de poesía y cuento “Martha Beatriz Bustos” 2008. Organizado por la Biblioteca Popular Pedro José Bustos de Junín, el certamen tuvo alcance nacional.

Más de 190 trabajos literarios de varias provincias del país participaron del Concurso Literario de Poesía y Cuento “Martha Beatriz Bustos” 2008 en categoría adultos y jóvenes.

El jurado estuvo compuesto por la Prof. Miriam Ortega, el Ing. Jose Luis Costamagna, el Sr. Oscar Guevara, la Prof. Patricia Linde, la Prof. Mirta Rodríguez y el Lic. Pablo Gullo.

El primer puesto en la categoría adultos y en el género poesía lo obtuvo Beatriz Teresa Bustos oriunda de Córdoba, con su trabajo “Estambrar” y bajo el seudónimo de Centaura. El segundo premio lo recibió la santafesina Susana B. de Salomoni por “Nos sucede el amor” y bajo el seudónimo de Shalom. En cuanto al tercer premio, María Estela Arnoriaga, de Mendoza por su trabajo “Los niños de la calle”.

Además, en esta categoría se entregaron tres menciones especiales a Elena Nilda Pahl (Córdoba) por “Desde el canto”, a Susana Moyano (Córdoba) por “Instrucciones para mirar la foto del Che” y a Rosa Pereyra por “Futuro” de la provincia de Mendoza.

Con respecto a los ganadores en el género cuento, categoría adultos, el primer premio fue para Ricardo Adrián Nani, de la provincia de Buenos Aires, por su trabajo “Dejaron que corra el agua”. El segundo lo recibió Sofía Irene Traballi, también de Buenos Aires, por su trabajo “Geografía de las Islas Bermudas”. En tanto, el tercer ganador en el género cuento, lo recibió Osvaldo Reyes de Mendoza, por “La fábrica”.

La joven ganadora del primer premio en el género poesía es la sanmartiniana Evelyn Estefanía Toro, por su trabajo “Sentimiento”. El segundo lo recibió Ana Daniela Montecino, también se San Martín, por “Ella”. La tercer ganadora fue Alejandra Belén Tejada de Junín por “No sé qué es lo que me pasa”.

La última ronda de premiaciones fue para el género cuento de la categoría jóvenes. El primer premio fue para Romina Ayelén Sejas Páez de Junín por “Blues”. El segundo para Pablo Alejandro Grando de Rivadavia por su trabajo “La pascua del cóndor” y el tercero titulado “Mis raíces” lo recibió Pamela Ayelén Perazzoli de San Martín.

El concurso se desarrolla hace más de 30 años en Junín y desde hace 6 años, fecha en que fallece la promotora del concurso, lleva su nombre Martha Bustos. Ella fue una reconocida escritora y gestora cultural del departamento, farmacéutica e integrante de la Comisión directiva de la biblioteca que lleva el nombre de su padre. Sr. Pedro José Bustos.

Esta tarde a las 20 se entregarán los premios, que consisten en certificados y libros, en la sede de la biblioteca Pedro Bustos ubicada en Fray Luis Beltrán 167 de Junín.

Aquí, puedes leer alguno de los trabajos ganadores:

1º PREMIO POESIA – ADULTOS

ESTAMBRAR de Beatriz Teresa Bustos

Inhabitada inicio el ceremonial de la tarde.
Tejen las ramas, su otoño nuevo sobre los cristales.
La luz se ha exiliado sin decirme a dónde.
Preparo la urdimbre...la hebra se resiste a urdir mi noche.
No soy responsable...sólo ha tenido los estambres,
tal vez, dimensioné su fuerza y resistencia en la caída.

Regresa.
qué haré sin tus pasos por mi alcoba,
con este tiempo multiplicado,
con la fibra oscura liando mis labios
seducidos por tu nombre.

No tardes.
La avenida muere huérfana de aves
Y las desnudeces del alma saben que
Estambrar la soledad, no es fácil.

 
1º PREMIO CUENTO– ADULTOS

DEJARON QUE CORRA EL AGUA de Ricardo Adrián Nani

Dejaron atrás, la emboscada que los unitarios les habían tendido en las afueras de La Ciudadela, ese grupo de federales que pertenecía a las filas de Quiroga. Abandonaron Tucumán con muchas dificultades, para intentar ingresar a Salta, por un camino escabroso e intransitable, donde de día, sólo el sol se asomaba para abrazar y calcinarlas, y por la noche, un poncho helado se desplegaba para destemplarlas con brusquedad hasta el otro día, así fue desde siempre. Ese paraje, apodado El Infiernillo, no conoce la lluvia, los cactus gigantes y solitarios, son testigos estoicos de semejante atribución del sol y del viento que no deja de erosionar la piel y las montañas. Sin embargo, Manuel “Quebracho”, guía del maltrecho grupo federal, se había criado cerca de allí, camino a Amaicha, y conocía una vertiente secreta que se perdía entre las grietas de la montaña, por esa razón, pocos sabían de ella. “Quebracho” arengaba al grupo para que no bajara la moral; la vertiente estaba cerca y su hallazgo, inminente. Llegaron casi de noche, ya poco se veía, y “Quebracho” sacó un par de piedras llenas de verdín, oculta detrás de una mayor. Bebió el agua fresca y vivificante por la que hubiese matado. Alguien pensó del mismo modo, un disparo de trabuco pasó cerca de su oreja derecha, hiriendo apenas a un federal que iba detrás. Todos, cuerpo a tierra, y una voz estentórea resonó en la quebrada: ¡Esa vertiente es unitaria! ¡El que toque el agua, muerto será! “Quebracho” parapetado detrás de una roca, contestó: ¡Si el agua no es nuestra, tampoco de ustedes! ¡Y si la quieren, vengan, pero esta agua será l más cara que hayan pagado!.

El unitario, sabía que estaba perdido si no llegaba a un acuerdo con el federal, pero, por otro lado, no entendía cómo su enemigo conocía la vertiente. “Quebracho” tenía en claro que su grupo podría saciar la sed, pero que irremediablemente morirían, una vez que intentaran reanudar el viaje. Esta encrucijada que el agua había dispuesto a unitarios y federales, es la misma que apareció en distintas circunstancias durante la historia del hombre, protagonista de infinitas guerras, de vanas e interminables odiseas. El agua, una vez más, ponía en jaque a dos bandos antagónicos. Las grietas por donde corría esa agua de vertiente, podían teñirse de sangre que las montañas del Infiernillo tragarían, ávidas y sedientas de algún elixir.

Pasó la noche, y el sol comenzó a apretar desde casi el amanecer, los unitarios seguían allí, desafiantes.  Era media tarde, “Quebracho” con inteligencia, espero hasta ese momento para dar su propuesta: ¡Unitario! ¡Si nos dejan ir, abandonamos la vertiente! La respuesta no se hizo esperar: ¡Bajaremos, pero no se pasen de astutos, tengo las montañas rodeadas! “Quebracho” suspiró, sospechaba que los unitarios no pasaban de la decena, como ellos, y que no quedaba nadie parapetado en las alturas, estaba en lo cierto, pero lejos estaba él, armar una trifulca.
Cuando el caudillo de los unitarios bajó, “Quebracho” quedó duro al verlo, era su amigo de la infancia en Amaicha; “Chilicote”, quien ahora comprendía porqué su enemigo conocía esa vertiente. Se confundieron en un abrazo inesperado e interminable, tanto federales como unitarios se distendieron y comprendieron que dos viejos amigos se encontraban en una parada difícil. Los guerrilleros se dejaron caer, exhaustos. Los unitarios comenzaron a beber toda la cantidad de agua que los federales, ya habían bebido. Satisfechos y más distendidos, esta veintena de argentinos separados en dos bandos y unidos por el  agua, observaban con un respetuoso silencio, la magia del atardecer en la quebrada, como si la desaparición del sol, fuese la retirada de un dios guerrero que ellos veneraban en secreto.

“Chilicote”, de muy buen ánimo, propuso compartir con sus rivales, un venado que habían cazado, “Quebracho” aceptó, y puso a disposición la poca harina y grasa que tenían para hacer unas tortillas. Había una guitarra, comida, amigos: ¡Qué más se podía pedir!; el vino, ¡Pero a falta de vino, mejor el agua! ¿No, amigo?, dijo “Chilicote”. “Quebracho” contestó con una sonrisa, tomó la guitarra, y entonó un aire de su tierra que emocionó a todos, con coplas que hablaban de las bondades del agua en forma de lamentos: “Sin ti agüita, sin ti agüita, ¿Adonde irán las almitas? De mi patria, pobrecitas...”

Esa noche, ni una palabra se habló de la guerra civil ni de las diferencias que los separaban, eran hijos de una misma tierra madre, que bebieron el agua vivificante de sus entrañas. Durmieron bajo el mismo poncho de estrellas, recordaron a algun amor lejano o perdido en sus memorias.

Al amanecer, cuando los federales se despertaron, ya no quedaba ningún unitario allí, sólo los rescoldos del fuego, aún caliente. Llenaron sus botas y cantimploras de agua, y corrieron la piedra grande para tapar la vertiente. Iniciaron su camino a Salta, pero “Quebracho”, con aire nostálgico, se detuvo de inmediato, retrocedió hasta la piedra grande, y con gran esfuerzo, pudo dejar a la vista la vertiente de agua, y dijo: ¡Compañeros, a esta vertiente la bautizo: La vertiente del agua de la amistad, y todo el mundo que pase por aquí, tiene derecho a beber de ella!. Por lo que hablé anoche con él, creo que mi amigo “Chilicote”, estaría de acuerdo.

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19 de julio de 2018 | 03:30
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