Costos de la viticultura, con pronóstico reservado

El aumento de todos los gastos operativos sumado a precios nada exuberantes de la uva, forman un “cóctel explosivo” que va directo en detrimento del productor primario en primera instancia y luego llega al bodeguero. Esto último, expresado en menor cantidad de materia prima y de peor calidad.

En épocas de crisis -como la actual- las prioridades de los productores cambian. Desean lo mejor para sus viñedos, pero se ven obligados a optar por aquellas tareas ineludibles, dejando de lado otras, lo que sin duda influirá sobre sus ingresos.

Otra estrategia utilizada es alternar con  insumos sustitutos, de menor costo, entre otras alternativs. Y un sinnúmero de malabares para poder “llegar a cosecha”.

Como ejemplo, ya se está hablando de empresas que han decidido no ralear, ni deshojar en viñedos de bajos rendimientos con destino para vinos de alta gama, obviamente optando por un ajuste para evitar un extra-costo que hasta ni siquiera es bien remunerado en algunas ocasiones. No hay que olvidar que en uvas para vinos "Premium" el costo de la mano de obra representa cerca del 60% de los gastos operativos.

En el costo de la mano de obra que hubo éste año sufrió un incremento aproximado de un 30% y de un 20% en el gasoil, subsidio mediante.


En el rubro agroquímicos, entanto hubo variaciones dispares:

En derivados del Cobre, (Sulfato y Oxicloruro) hubo incrementos moderados.

Otros funguicidas como Mancozeb han incrementado su valor en un 100% o más.

En fertilizantes como la Urea se incremento en un 60% aproximadamente.

Más evidente aún es el incremento de herbicidas. En Glifosato, el más usado, la suba es de un 40 al 50% aproximadamente según el laboratorio.

Automáticamente se desprende que sería muy beneficioso planificar año a año, trabajar realizando presupuestos, para de esa manera comprar insumos en momentos de baja demanda.

Sabido es que dentro de la vitivinicultura hay distintos sectores, cada una con costos e ingresos diferenciales. Lo único claro es que sea cual sea el sector, las utilidades  disminuirán notablemente en la vendimia entrante, salvo que los precios de las uvas acompañen proporcionalmente los incrementos en los costos. En caso de que esto no ocurra, no resulta difícil imaginar, una vez mas, un escenario desfavorable; con productores ofuscados, con calculadora en mano, y stress por las nubes.

Haciendo un poco de números, hoy por hoy, haciendo todos los deberes, invirtiendo todo lo necesario para obtener una producción jugosa, los costos en algunos casos hasta son cercanos a $10.000/ha si consideramos amortización, interés, mantenimiento y un margen de seguridad por hechos fortuitos como daños por heladas y granizo. Esto último es poco frecuente entre los productores, pero no deja de ser un costo oculto nunca considerado.

Por lo tanto ya nada se hace por inercia, hay que pensar dos veces los pasos a seguir para no incurrir en errores que puedan dejar en jaque la contabilidad de la empresa. Pero por otro lado, tenemos la necesidad de cubrir rendimientos mínimos por debajo de los cuales la actividad no es rentable. Ahí está el centro de la cuestión, y es ahí donde hay que agudizar el ingenio.

Viejas preguntas como: ¿Qué agroquímico es el más recomendado para…? Han quedado obsoletas. Es el tiempo de otras como: ¿Cuál es el de menor costo / hectárea? Y en buena hora el cambio; pero cuidado: hay que saber en qué ahorrar.

Ante la falta de presupuesto, es preferible -por ejemplo- mantener la sanidad del cultivo a realizar inversiones que bien pueden realizarse en momentos más favorables. También hay que tener claro que, a veces, lo barato sale caro. Es en estos casos fundamental el criterio y la consulta con áreas técnicas o entidades zonales afines.

Cultivar la tierra ya no es suficiente. Es hora, además, de usar la calculadora, hacer números, y parar las antenas al máximo, pero tampoco caer en el abandono y la falta de planificación, lo cual también suele ser nefasto.

Hoy, a 90 días de la cosecha, el panorama que se vislumbra en el sector mostero no es la panacea y el despacho de vinos en el mercado interior tampoco, el cual no repunta a pesar de la época del año imperante, históricamente favorable. Sin embargo, a pesar de la crisis global en la que se encuentra el mundo, los países importadores no dejarán de consumir nuestros mostos y vinos de un día para el otro a pesar de estar inmersos en una recesión.

Sin caer en alarmismos desalentadores, cabe aún la esperanza: “Por algún lado saldrá el sol…”, dice un viego adagio. Si no es el mercado el que equilibre el desfasaje existente, será entonces alguna fuerza ajena a éste el que lo haga, y no quedan muchas otras opciones….” La vitivinicultura es demasiado importante para Mendoza como para dejarla "morir lentamente..."

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20 de abril de 2018 | 14:50
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