L. Manson

Luis Ortega, a solas con MDZ: viaje a las entrañas de "El Ángel"

El talentoso director da su primer paso en el cine industrial con el estreno nacional más esperado del año. Una charla a fondo sobre un film tan elegante como movedizo.

Con una filmografía que incluye premiadas películas independientes como Caja negra, Monobloc, Dromómanos y Lulú; sumado al fogueo industrial que le brindó su paso como director en series como El marginal e Historia de un clan; Luis Ortega encara a los 38 años su primera película con grandes productores, reconocidas figuras en su elenco; y una distribución a gran escala en salas de todo el país.

Una charla apasionante y movediza con un realizador que ha logrado la extraña proeza de saltar del indie al mainstream, sin perder la impronta de un artista cada vez más afianzado en sus decisiones.

- La primera tentación que puede aparecer a la hora de hacer una película sobre Carlos Robledo Puch, es la de contar su historia a través de la rigurosidad formal de una biografía. Sin embargo, vos preferiste hacer una apropiación de este relato y del personaje, y encararlo desde una mirada muy personal. ¿Ese abordaje lo tuviste en cuenta desde que comenzaste con el proyecto?

Nunca quise hacer una biopic, para mí son una clase de película menor, por decirlo de algún modo. Cualquier tipo de compromiso con algo que no sea tu propia imaginación o creatividad, ya es un clavo. Porque si querés algo testimonial, escribí un libro documental o hacé una investigación. Para mí el cine es subirte a una nave, y en el mejor de los casos no volver de la misma manera. Con Historia de un clan ya me había pasado, la forma en la que pude decantar esa historia fue poniendo en juego mis ideas dentro del relato. Un cóctel muy distinto a la simple interpretación plana de un personaje que comete actos delictivos.

- A su vez, El Ángel tampoco va por el previsible camino del thriller shockeante y ultra violento.

En ningún momento quise hacer una película densa y oscura. A diferencia de Historia de un clan, en El Ángel el protagonista principal es prácticamente un niño. Yo tuve esa edad y me acuerdo perfectamente que sentía que si me tiraba por la ventana no me iba a morir, que por más de que ingiriera la cantidad exagerada de lo que fuera tampoco iba a morir. Después, con el correr del tiempo te das cuenta de que no todo es una fantasía.

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- Carlos Robledo Puch tuvo múltiples alias en titulares de la prensa. Vos te inclinaste por El Ángel a la hora de darle el nombre a la película, ¿esa decisión estuvo desde el principio?

Yo conocí a Robledo Puch por el libro de Rodolfo Palacios, El ángel negro. Creo que la connotación "negro" se la puso la editorial, por esa idea de adjudicarle una carga negativa. Para mí, desde el vamos, esa palabra no estaba en mi historia. Yo sabía que no iba a hacer un policial negro, ni nada por el estilo, sino un relato inspirado en mi recuerdo de esa edad y la relación que tuve con un amigo de ese momento. La sensación de que quizá todo es una película, y de que entonces el personaje no sea tomado como un boludo. Porque cuando por ahí nadie te está viendo, Dios te está mirando. Son cosas que a mí me emociona decírtelas ahora, porque de algún modo las tengo como sensaciones muy encarnadas.

- En general la prensa ha remarcado que tenés una mirada complaciente sobre Robledo Puch. Yo preferiría decir que construís la historia desde una empatía, aunque desde lo personal creo que la película tiene un par de concesiones. El texto en off del comienzo por ejemplo, cuyas primeras frases son: "¿La gente está loca? ¿Nadie quiere vivir libremente?", me sonó a que quisiste blindar de antemano al personaje. De alguna manera explicar el tono de la historia, una suerte de tutorial sobre cómo abordar la película. Con el andar, después el relato se transforma en una experiencia movediza y transita varias capas, pero a mí me costó un poco saltar fuera de las líneas explícitas de esos primeros minutos.

Es verdad, creo que lo que te pasó es algo común para los que vemos mucho cine. Al principio no estaba ese texto en off, y después cuando edité esa escena, había ciertos conceptos como el de un espía de Dios, también esa idea de tutorial. Al tratarse de un chico, no me preocupaba ser explícito, porque sabía lo que venía después. La película iba a empezar con el personaje de Cecilia Roth visitando a un médico porque no podía quedar embarazada, entonces como tenía un prólogo y después plenamente un comienzo, opté por sacar esa escena.

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- Visualmente, te alejás del regodeo en las escenas de los crímenes y manejás un arco pocas veces visto en el cine argentino reciente, que va de algunas secuencias filmadas con absoluta elegancia a planos con un estilo tan preciso y seco, que me remitieron a la textura de películas del Hollywood cuestionador de fines de los '60 y principios de los '70.

Yo tenía la idea de un lenguaje clásico, que de alguna remitiera al cine de esa época. A mí una película que me marcó a fuego es Badlands (1973), de Terrence Malick. Sin exagerar, la habré visto más de 40 o 50 veces. También Bonnie and Clyde, pero siento que Badlands es justamente una respuesta a esa película de Arthur Penn. Cuando termina Badlands, el policía le dice al asesino, como muerto de curiosidad: "¿Por qué mataste a toda esta gente", y él le contesta: "No sé, creo que siempre quise ser un criminal". También puedo conectar con una anécdota sobre algo que le pasó realmente a Samuel Beckett, cuando lo apuñalaron una madrugada. Beckett estuvo al borde de la muerte y cuando la policía le preguntó si quería denunciar al atacante, él respondió: "No, quiero preguntarle por qué me acuchilló". Y ese hecho forma gran parte de la esencia de su escritura: alguien lo quiso matar sin un motivo particular. En mi caso, con El Ángel, la idea de no vulnerar el misterio es muy intencional, así como también la de evitar una bajada de la psicología del personaje.

- Más allá del texto en off de apertura, sentí que la única otra concesión que hace tu película tiene que ver con el imagen del protagonista llorando. Aunque se trate de un llanto frío, rodeado de una atmósfera visual y sonora notable.

Yo al filmar esa escena, sentí que de alguna manera el personaje se ponía al día con lo que había pasado. Por ahí, él había actuado frente a otros como si no se enterara de nada, pero no es que efectivamente no le pasara nada. Con Toto (Lorenzo Ferro) ensayamos mucho esa escena en mi casa. Imaginate, él nunca había ido ni a una clase de teatro y le tocó sentarse a encarar ese momento.

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- Esta es tu primera película industrial, y si bien está comprobado a través de ejemplos recientes como la historia de los Puccio, que fue un éxito en cine de la mano de Pablo Trapero y en televisión con la serie que vos dirigiste; también está el factor incierto del boca en boca de los espectadores. Hiciste una película movediza, con algunas opciones jugadas, y más allá de que nunca has configurado tu obra desde una suerte de planilla de cálculo; ¿qué pensás sobre la recepción que pueda tener por parte del público?

Mirá, yo estoy muy habituado al fracaso en términos de cortar entradas en los cines.

- Pero una cosa son películas independientes como Caja negra o Lulú, y otra muy distinta es El Ángel, que tiene importantes nombres en la producción y una distribución en salas que será a lo grande.

Yo he llegado a este punto de una manera muy tranquila, después de haber fallado lo suficiente. Incluso, en el resultado artístico muchas veces considero, que no para mi experiencia, pero sí para el cine; hubiese sido mejor que no existieran algunas películas mías. Con El Ángel en cambio, me sentí muy seguro. No tengo dudas de la película que hice y mirá que yo no soy fan de mi trabajo.

- Sin dudas, la película banca cada una de sus opciones narrativas y estéticas.

En el plano formal, es muy importante para el espectador que la película sea amable, y que te entre por los ojos y por la música. Yo nunca hice ese tipo de lenguaje, que a su vez no es una concesión. Es una manera de invitarlos a tu casa y después decidir vos. No considero que la película pueda ser hostil o cínica con el espectador. Mi hermano (Sebastián Ortega) me dijo después de Historia de un clan, que hiciéramos una comedia, y yo le contesté que para mí en un punto El Ángel tiene algo de comedia.

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- En El Ángel lográs que confluyan la ironía con la crispación. Creo que es la primera vez que alcanzás esa síntesis de una manera tan orgánica.

Creo que puedo emparentar eso con el proceso que hicimos con Toto para que él baile como terminó bailando. Siento que pude respaldar todo aquello que sentí en mi infancia y adolescencia con firmeza.

- Diste con algo fundamental para un cineasta, que es el hecho de abrir puertas que sabés aprovechar. Hay directores en cambio, que formulan planteos inquietantes, pero en el camino se traicionan a sí mismos, y derivan en lugares totalmente convencionales.

Eso tengo que reconocer que lo aprendí de la serie (Historia de un clan). Lo único que puedo decir a favor mío en esta oportunidad, es que sé exactamente lo que estoy contando. Quizá no se explica por qué Carlitos actúa de determinada forma, pero Toto sabía por qué estaba haciendo cada cosa. Quise recuperar el elemento clave del misterio. ¿Quién es este pibe? Nadie lo conoce. Lo vas a descubrir en el cine. 

Opiniones (1)
17 de agosto de 2018 | 01:18
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17 de agosto de 2018 | 01:18
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  1. Muy buena entrevista. Felicitaciones!
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