N. Munilla

#Libros: La enfermedad y el poder

El reciente ensayo de la escritora francesa Tania Crasnianski revela las complejas relaciones entre los principales líderes políticos del siglo XX y sus médicos personales.

Detrás de cada líder político se enmarca un séquito de allegados, colaboradores y aduladores encargados de asistirlo física y emocionalmente en el trajín diario de su gestión. Entre ese tumulto heterogéneo surge la figura del médico personal, aquel sobre el que ese jefe de Estado deposita uno de sus bienes más preciados: la salud. Dicho vínculo teóricamente profesional, sin embargo, puede exceder el ámbito de la formalidad y adquirir tonalidades más íntimas e incluso secretas.

La enfermedad y el poder libro

Esas interdependencias son abordadas en La enfermedad y el poder (Editorial El Ateneo) de la abogada y escritora francesa Tania Crasnianski, que con soberbia objetividad y una frondosa documentación respaldatoria explica la formación y el desarrollo de las relaciones entre los principales líderes del siglo XX y sus médicos de cabecera, e indaga en la influencia e impacto que los galenos tuvieron en las decisiones de los estadistas.

Se explaya en este ensayo ocho lazos: Theodor Morell y Adolf Hitler, lord Charles Moran y Winston Churchill, Bernard Ménétrel y Philippe Pétain, Vicente Gil y Francisco Franco, Georg Zachariae y Benito Mussolini, Max Jacobson y John Fitzgerald Kennedy, Vladimir Vinogradov y Iósif Stalin, y Li Zhisui y Mao Zedong.

"Cuando lo que está en juego es el poder, el rol del profesional médico excede sus funciones habituales, y los fundamentos de su profesión languidecen frente al imperativo de eficacia. ¿Cómo conservar la distancia crítica cuando se vive y se lucha con un paciente ilustre, ya sea en la enfermedad, el éxito o la derrota?"

Aunque las uniones estaban basadas en la confianza, la lealtad y la privacidad, no siempre sus integrantes coincidían en las percepciones sobre el otro. Hitler, por ejemplo, veía a Morell como un dealer que le suministraba numerosas drogas para mantenerlo hiperactivo y, según él, libre de toda enfermedad, mientras que su médico estaba convencido de sostener una sólida fraternidad con el Reich nazi mientras apostaba a su propio beneficio empresarial.

Algunos de esos lazos, en cambio, estaban sustentados en el verdadero aprecio y admiración recíproca, como el presidente francés Pétain y su adorado Ménétrel, al que el veterano militar conocía de pequeño y transformaría en su mano derecha; o el dictador español Franco y Vicente Gil, quienes compartieron gratos momentos hasta que el 'Generalísimo' se cansó de las actitudes hostiles de su amigo. Otros vínculos médico-pacientes se conformaron tardíamente, caso el de Mussolini y Zachariae, dado que el doctor alemán acompañó y apoyó al Duce en los últimos años del fascismo italiano.

Para los médicos que atendieron a los tiranos del comunismo, el padecimiento fue cruel. Vinogradov sufrió en carne propia el grave deterioro psicoemocional de Stalin, a tal punto que, en el cúlmen de su paranoia, el dictador soviético acusó a su doctor de conspirar contra su vida. El caso de Li Zhisui fue paradigmático: excelso médico de orígenes burgueses, fue admirador de Mao hasta que comenzó a trabajar para él en la década de 1950; a partir de entonces detestaba cada vez más al mandatario chino por sus incongruencias, su falta de higiene y cuidados sanitarios y sus desenfrenos sexuales.

Más allá de las peculiaridades, estos nexos consagraron a los médicos en las altas esferas del poder, ya que su trabajo consistió en contribuir a que esa herramienta se mantenga sin limitaciones en las manos del líder. Esto ocasionaba un conflicto interno entre el deber y el interés: "Mientras se supone que el médico debe mantener su independencia y objetividad en el ejercicio de su profesión, en el teatro del poder la realidad es bien distinta. ¿Ocultar el verdadero estado de salud de su paciente acaso no los vuelve responsables de su accionar?", reflexiona Crasnianski.

La autora considera que la relación entre el poderoso jefe de Estado y su médico particular era interdependiente: "La dependencia podía ser física o psicológica, ya que los médicos ocupaban el rol de confidentes de las derrotas y triunfos, o de guardianes de un secreto de Estado". Los doctores aseguran haber dejado todo por sus pacientes, en la búsqueda no solo del bienestar individual del líder, sino también en perseguir sus propios intereses, ya sea para obtener réditos económicos, políticos y mediáticos, o la simple supervivencia.

Cada vínculo es personalísimo y complejo, abordado desde perspectivas muy diferentes, un paradigma que la escritora expresa a través del variopinto estilo narrativo de los textos, alejándose relativamente de los esquemas clásicos homogéneos que imperan en las obras de corte histórico.

Es por ello que La enfermedad y el poder es un atractivo libro que expone una de las facetas más desconocidas del poder.

Nicolás Munilla

Opiniones (0)
20 de agosto de 2018 | 01:43
1
ERROR
20 de agosto de 2018 | 01:43
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"