¿Qué es el delirium o síndrome confusional agudo?

Se observa comúnmente en la vejez. Pero puede darse también en la infancia. Requiere de internación y rápida intervención médica. Te contamos de qué se trata.

"Al igual que aquellos que padecen una enfermedad no tienen fuerzas para realizar ningún trabajo físico; aquellos cuyas mentes están aturdidas por la confusión tampoco las tienen para realizar ninguna acción vigorosa". Shantideva.

"Mi papá bajó las escaleras muy rápido. Tenía la cara desencajada. Estaba agitado, buscaba algo, no sabía qué. Me miró y no me reconoció. Murmuraba cosas que no entendí. Por un instante, sentí que estaba poseído y no supe qué hacer". Esto contó Roxana mientras el médico de guardia decidía internar a su papá. Miles de preguntas se agolparon en su boca; la primera, ¿qué es un delirium?

Proviene del latín "deliro", que significa "salirse del carril". Los griegos hablaban de "frenitis", refiriéndose a un trastorno de pensamiento, del humor y de la acción que acompañaban a los cuadros febriles. Galeno lo consideraba como una "alienación mental". A comienzos del siglo XIX se lo equiparaba con la insanía, y se sostenía que era una actividad onírica que ocurría durante la vigilia. Recién a mediados de ese siglo comienza a entenderse que tiene relación con una alteración biológica.

Hoy, por delirium entendemos un cuadro clínico transitorio, de comienzo agudo (es decir, de repente), con origen orgánico que causa anormalidad en el metabolismo celular del Sistema Nervioso Central. Si bien puede darse a cualquier edad, las franjas etarias más vulnerables son las que van después de los 60 y la temprana infancia.

Es importante entender que el delirium es un síndrome, no una enfermedad. Esto implica que incluye una serie de síntomas clínicos. 

Si bien el inicio es agudo, esto no sugiere que sea brusco. El dato más significativo es la alteración de conciencia, que se traduce como disminución de la capacidad de atención al medio y de la vigilancia. El paciente se muestra desorientado en tiempo, espacio y persona, se puede observar inquietud, nerviosismo, insomnio, excitabilidad, intolerancia a la luz y/o ruidos, o, por el contrario, somnolencia, apatía, retraimiento e indiferencia.

Otros síntomas que nos deben alertar son: alucinaciones (visuales o auditivas), temor injustificado, agresividad (muchas veces vinculados a las alucinaciones).

Desde lo cognitivo, al paciente le cuesta recordar información reciente, puede haber trastornos en el lenguaje a modo de habla incoherente, dificultad para organizar, planificar y tomar decisiones y conductas erráticas. La persona puede estar hiperalerta y sumamente activo o inhibido y apático.

El curso es fluctuante, esto significa que, por momentos puede parecernos que el paciente mejora, pero empeora un rato después. Generalmente las recaídas ocurren al anochecer hasta la madrugada, y la carencia de luz puede ser disparador. El totalmente reversible, una vez que se trata la causa.

El médico psiquiatra Juan Ignacio Bacha nos dice que es muy importante aclarar que el delirium no debe confundirse con delirio. Este último es un trastorno del pensamiento que cursa sin compromiso de conciencia (es decir que la persona tiene noción de sí misma y de su entorno) y que lleva al paciente a elaborar ideas erróneas acerca de la realidad. El delirium es una situación grave, con alteración de conciencia, que, además, puede agravar sintomatología ya existente, por lo tanto requiere inmediata intervención médica.

El delirium afecta entre un 10% y un 20% de los pacientes hospitalizados, con una incidencia del 10% al 40% en pacientes ancianos. La frecuencia aumenta en aquellos sujetos que han tenido un episodio previo. En Buenos Aires se llevó a cabo un relevamiento que concluyó que la cirugía, sobre todo en gente mayor, es una probable causa. Se calcula que, aproximadamente el 50% de los postoperatorios en personas mayores a 60 años conduce a delirium, siendo la fractura de cadera una de las principales causas de ingreso al quirófano en el rango de edad estudiado. La otra, la revascularización miocárdica.

La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) apunta que es difícil contar con datos estadísticos certeros, ya que en los servicios de guardia muchas veces se trata al delirium como un trastorno psiquiátrico en lugar de urgencia médica. Lo que conduce a tratamientos poco eficaces y a datos engañosos.

El doctor Bacha nos explica que el cuadro suele durar entre 10 y 12 días, dependiendo el tratamiento que reciba su causa. En pacientes ancianos puede extenderse hasta 30 días. La remisión es total, el paciente recupera su estado de conciencia.

En cuanto a causas, existen factores predisponentes, como: edad mayor a 65 años, consumo habitual de sustancias de abuso, lesiones cerebrales, historia de enfermedades orgánicas como insuficiencia cardíaca, insuficiencia respiratoria, anemia, enfermedades psiquiátricas como esquizofrenia, depresión, trastornos de personalidad.

Como factores desencadenantes, el estrés, la deprivación del sueño y sensorial, la sobreestimulación y la inmovilidad, suelen ocupar los primeros puestos. 

En la vejez, el mal manejo de la medicación (que suele ser una observación bastante común) junto con deshidratación, infecciones y caídas son probables causas de delirium.

La deprivación o el uso abusivo de ciertas sustancias también puede provocar este cuadro, entre ellos están: alcohol (el conocido "delirium tremens"), anfetaminas, cannabis y derivados, cocaína y derivados, LSD, hidrocarburos aromáticos, insecticidas organofosforados, monóxido de carbono, metales pesados, ciertos analgésicos, antidepresivos tricíclicos, barbitúricos, hipnóticos, corticoides, opiáceos.

Dentro de las condiciones orgánicas que lo provocan contamos: infecciones (las infecciones urinarias y respiratorias son comunes en la vejez), insuficiencia cardíaca, renal, hepática, respiratoria, neumonía, hipotiroidismo, deshidratación, hiponatremia, hipercalcemia, neoplasias, encefalopatías, ACV isquémico o hemorrágico, trauma de cráneo, etc.

El tratamiento incluye medidas generales, que apuntan al abordaje de la causa orgánica, y específicas, destinadas a mejorar las condiciones circundantes. En este último sentido, debe procurarse mantener al paciente en un lugar confortable, libre de estímulos intensos (ruidos, luces, etc.), la compañía de un familiar suele ser útil para garantizar un contacto con la realidad. Siempre debemos procurar que no haya elementos que puedan dañar la integridad física al alcance de la mano.

El doctor José R. Maldonado, de la Universidad de Stanford, comenta que a nivel mundial se intenta conceptualizar el delirium como un fallo cerebral agudo, y que se hace énfasis en las guardias de hospitales para que los casos sean reconocidos y tratados tempranamente.

Es importante no perder el control. El miedo no lleva a tomar buenas decisiones. Si el paciente se muestra hiperactivo y agresivo y no podemos tomar contacto con él, deberemos dejarlo en un lugar seguro hasta que llegue la asistencia médica. Si, por el contrario, el paciente está apático, procuremos acercarnos con un tono de voz suave, explicándole que todo estará bien. En cualquiera de los casos, deberá llamarse a un médico.

La paciente del comienzo de la nota se asustó porque no reconoció el estado de su padre. Tampoco supo qué hacer. Qué irónico, desde el otro lado, a su papá le pasaba lo mismo.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296/ licceciortiz@hotmail.com

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17 de agosto de 2018 | 16:39
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