Opinión

¿El cerebro solo se lame?

Suele decirse que si se extiende durante mucho tiempo, la soledad es percibida como desagradable y causa depresión. ¿Es así? Lee y enteráte.

"A veces, la vida es demasiado dura para estar solo y otras, es demasiado buena para estar solo", Elizabeth Gilbert

"Llegar a mi casa después de trabajar me desespera. No tolero no encontrar a alguien para contarle qué tal estuvo mi día"; "Los fines de semana son espantosos. Si me quedo en casa, me invade la soledad, si salgo a comer, todos están acompañados y me siento peor". La soledad: nos asusta, le huimos, nos reconforta, la buscamos. A lo largo de los siglos se le han dedicado canciones, libros, pinturas. Pareciera que es un tema recurrente en el mundo humano.

Era de hielo. El contacto con otros generaba calor frente a las bajas temperaturas imperantes. Cuando un niño se lastima, la primera tendencia de cualquiera es abrazarlo y acariciarlo. Ante una desilusión o una alegría, buscamos alguien con quien compartirla. Al parecer, el contacto, la contención y la compañía nos hacen bien.

Y es que el ser humano nunca fue concebido como una entidad solitaria, somos gregarios por naturaleza. Cualquier texto religioso refiere como origen a un hombre en compañía. Y nuestros antepasados homínidos descubrieron que en sociedad había más probabilidades de sobrevivir. Así, la selección natural fue escogiendo conductas que promovían el estar con otros, y nuestro cerebro fortaleció los circuitos neuronales que generan satisfacción al estar acompañados.

Entonces, cuando nos sentimos solos, los mecanismos que traemos en nuestros genes encienden señales de alarma que gatillan una serie de avisos que recorren nuestro cerebro reportando que hay algo amenazante y peligroso merodeando. Así, nuestra cognición, nuestra emoción y nuestra conducta, se afectan.

Según el diccionario de la Real Academia Española, soledad es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Desde el ámbito de la psicología, hacemos referencias a dos tipos de soledad. Una es la física, es decir, cuando literalmente estamos solos, sin nadie alrededor. La otra, es psicológica, y se da cuando, aun estando en compañía, nos sentimos solos. La lengua inglesa tiene una palabra específica para cada una, lamentablemente, la española, no.

Depresión soledad ausencia

Si bien es cierto que, gracias al avance tecnológico, la tendencia en aumento es la de aislarse, porque podemos "conectarnos" con otros a través del chat, de whatsapp, o de lo que fuere, hay estadísticas que dicen que 1 de cada 4 personas se sienten solas (psicológicamente hablando).

Neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) realizaron un experimento con ratones. Como resultado, encontraron que un grupo específico de células ubicadas a nivel profundo del cerebro, en el núcleo dorsal del rafe, se reforzaron luego de un período de aislamiento. Esto los llevó a concluir que, en circunstancias de soledad, en nuestro cerebro se afectan los circuitos de dopamina y serotonina, que son claves en las sensaciones de bienestar y placer.

El científico Holt-Lunstad, condujo un metaestudio en el que concluyó que la prevalencia de la soledad llega a los niveles más altos durante la adolescencia, para luego decaer y volver a ascender en la vejez. Esto significa que, si bien ninguna franja etaria está exenta de experimentar soledad, las edades más vulnerables serían las previas a la adultez joven y la ancianidad.

También hay estudios que correlacionan la soledad con un aumento de la decadencia de la función cognitiva. Hay especialistas que afirman que estar solo aceleraría el deterioro cognitivo, lo que aumentaría la predisposición a la demencia.

La señal de alarma que despierta en nuestro Sistema Nervioso la percepción del peligro de estar solos, somete a nuestro organismo a una tensión que, prolongada en el tiempo, resulta nefasta.

Si bien los momentos de soledad son buenos, porque llevan a meditar, a resolver situaciones, a reencontrarse con uno mismo, se sabe que la soledad prolongada somete al organismo a una situación de estrés, alterando la circulación de hormonas, el funcionamiento del sistema inmune y la función cardiovascular. Así, puede ser la madre de muchos padeceres psicológicos, como depresión, ansiedad, trastornos de pánico, insomnio, suicidio, trastornos alimentarios.

La influencia negativa de la soledad prolongada sobre la salud física y mental es tal, que en algunos países, como Inglaterra, por ejemplo, han convertido al tema en prioridad de estado, desarrollando programas de acompañantes. Todavía no hay datos sobre probables beneficios.

¿Qué hacer? Siempre aconsejo a mis pacientes buscar integrarse en grupo, en el que podemos intercambiar con otras personas a través de la realización de una actividad placentera. Y, por supuesto, estar abierto al intercambio.

Así parece que el cerebro solo no se lame. Que necesitamos momentos a solas con nosotros mismos es indudable, porque conducen a reecontrarnos. Pero nuestra naturaleza es ser sociables, es estar en relación. Eso es lo que nuestro cerebro busca, porque es lo que garantizará nuestra subsistencia. Obviamente, ningún estudio es determinante. La ciencia avanza y se van corroborando, o no, las hipótesis. Lo cierto es que, paradójicamente, en un mundo cada vez más conectado, la soledad avanza silenciosamente. El compartir va mutando en un partir, que abandona al com y a la exquisita experiencia de encontrarse en la mirada y en el pensamiento de otro.

"La soledad es peligrosa: cuando estamos solos mucho tiempo, poblamos nuestro espíritu de fantasmas", Guy de Maupassan.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296/ licceciortiz@hotmail.com

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17 de agosto de 2018 | 23:29
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