¿El Mundial de los clichés derribados o puesta en escena?

Pese a las críticas, todo funcionó en Rusia durante el Mundial ¿Fue entonces un torneo que permitió derribar clichés? ¿O una gran puesta en escena?

 Estadios modernos, ambiente festivo en las calles, ningún tipo de incidente ni problema organizativo, anfitriones cálidos y hospitalarios y hasta una policía amable. Pese a las críticas y el escepticismo de muchos países en Occidente, todo funcionó en Rusia durante el Mundial de fútbol. ¿Fue entonces un torneo que permitió derribar clichés? ¿O una gran puesta en escena?

El presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Gianni Infantino, no tiene dudas sobre la respuesta.

Este Mundial ha cambiado la percepción del mundo sobre Rusia. Un millón de personas vinieron y han descubierto un país bonito, receptivo, muy rico en cultura e historia", comentó eufórico sobre su primer gran torneo como jefe del ente rector del fútbol. "Las opiniones preconcebidas han cambiado gracias a esta Copa del Mundo. Se ha visto la naturaleza real de la gente aquí en Rusia".

Guste o no el presidente Vladimir Putin, Rusia superó con éxito su prueba de fuego. Basta comparar con lo sucedido cuatro años atrás en el Mundial Brasil, donde los estadios estuvieron listos a último momento y hasta se cayó un puente en Belo Horizonte en pleno torneo. O lo ocurrido dos años atrás en la Eurocopa de Francia, donde los violentos incidentes entre "ultras" generaron imágenes escandalosas que dieron la vuelta al mundo.

De los temidos "hoolingans" rusos o de otros países, no hubo ni noticias. La Plaza Roja y las calles de Moscú y de las otras diez sedes ofrecieron un clima permanente de fiesta desde que el balón comenzó a rodar el 14 de junio. Los rusos recibieron con alegría la "invasión" de hinchas de todo el planeta, especialmente latinoamericanos, y demostraron que la imagen de personas rígidas e inflexibles no se corresponde del todo con la realidad.

El "FAN-ID", el sistema empleado para identificar con una acreditación a cada uno de los hinchas que accede a los estadios, funcionó en forma eficiente. Fue un Mundial hipervigilado, sí, pero la policía rusa actuó siempre con proporcionalidad y no se informó de ningún tipo de abuso en ese sentido.

Pese a tratarse del país más grande del mundo, el traslado entre sedes ubicadas en algunos casos a miles de kilómetros de distancia funcionó relativamente bien. Los aeropuertos fueron remodelados y se habilitaron trenes gratuitos para el traslado de hinchas y periodistas, aunque en ocasiones con viajes de más de 20 horas.

Lo que no se pudo evitar es el clásico de cada gran evento: el abuso de precios de hoteles y alojamientos, con múltiples cancelaciones de último momento para volver a ofrecer la misma cama a un valor mayor. La barrera idiomática también fue un problema en algunas sedes, sobre todo las más pequeñas, aunque siempre están las aplicaciones de traducción al rescate.

"Estamos contentos de que nuestros visitantes hayan comprobado con sus propios ojos que sus mitos y prejuicios no son verdad", dijo Putin en una gala en el teatro Bolshoi de Moscú en la que agradeció a la FIFA y a Infantino. "Gracias por creer en Rusia como un país que cumple su palabra, que respeta a sus socios y que defiende el gran espíritu y las reglas del deporte", añadió el político.

Putin e Infantino pueden estar satisfechos. El presidente ruso pudo llevar adelante uno de sus proyectos más ambiciosos en momentos en que su imagen internacional se encuentra seriamente cuestionada. E Infantino pudo devolver la atención al fútbol después de los numerosos escándalos de corrupción que salpicaron en años anteriores al organismo que preside.

El gran interrogante, sin embargo, es qué sucederá una vez que el circo pase y Rusia vuelva a la realidad. Los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014 también fueron un éxito organizativo, pero tiempo después se destapó una mega-trama de doping que dejó la imagen del deporte ruso por los suelos.

Tras el Mundial, quedarán enormes estadios que difícilmente se llenen en la Liga rusa. De hecho, sólo seis de los 12 recintos se utilizarán en la competición local. Quedará también, en un plano diferente, un fuerte aumento en la edad de jubilación dispuesto por el Gobierno en mitad del torneo.

Como legado positivo habrá que apuntar también importantes obras de infraestructura, aunque sin dejar de tener en cuenta que el costo del Mundial se elevó hasta unos 12.000 millones de dólares, el más caro de la historia.

También quedará, sin dudas, una enorme pasión por el fútbol entre los rusos. No es que el fútbol fuera impopular en el país, pero la gran actuación de la "Sbornaya" de Stanislav Cherchesov, con su acceso a los cuartos de final, y el fervor de los cientos de miles de hinchas que llegaron al país seguramente marcarán un antes y después en Rusia. Al menos en lo deportivo.

Por Tomás Rudich (dpa) 

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15 de agosto de 2018 | 04:02
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