¿Ojos que no ven, corazón que no siente?: la negación

¿Nuestro cerebro nos conduce ignorar aspectos de nuestra realidad? La negación es parte de nuestro sistema defensivo. Te contamos en qué consiste.

"El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende", Blaise Pascal.

En el mito de la caverna, Platón describe a un grupo de hombres encerrados en una caverna de espaldas a la entrada. Los hombres están atados de tal manera que sólo pueden mirar la pared que tienen enfrente. Detrás de ellos hay una fogata. Sobre la pared hacia la cual miran los hombres, se reflejan las sombras (proyectadas por la luz del fuego) de lo que ocurre afuera. A través de este relato, el filósofo intentó demostrar cómo tomamos como real aquello que percibimos, ignorando, o desconociendo, una parte.

La negación consiste en ignorar aspectos de la realidad que resultan dolorosos o desconocidos. Es un mecanismo de defensa que utiliza nuestra mente cuando sospecha que alguna experiencia resultará displacentera. Y, literalmente, se "borra" de nuestra conciencia, como si no existiera. El resultado es que nos desligamos del problema: sería como el pensamiento. "si no lo veo, no existe, y si no existe, entonces, no me preocupa". Los franceses lo llaman "la belle indifference" (la bella indiferencia).

Ejemplos hay miles, millones. Ocurre apenas nos enamoramos: el otro es "perfecto" y "no vemos" las cualidades que, tiempo después, nos molestan. Suele pasar en las familias de pacientes con trastornos alimentarios o con abuso de sustancias. Es común que alguien fuera de la familia nuclear se dé cuenta, porque quienes conviven "no ven" lo que es obvio para cualquiera.

Los famosos psicólogos Ulric Neisser, Robert Becklen y Daniel Cervone hicieron un experimento muy gráfico en este sentido: proyectaron a un grupo de hombres un video de un minuto de duración. En la filmación aparecían tres hombres con camisetas negras y tres con camisetas blancas jugando a la pelota. En un momento, aparecía por el costado de la grabación una mujer con un paraguas (imagen muy discordante con el tema del video). Cuando terminó la grabación, les preguntaron a los hombres qué habían visto. Ninguno reparó en la figura femenina. Su cerebro había bloqueado el contenido que no debía estar presente en ese momento.

Pero, ¿a través de qué medio llega nuestro cerebro a enceguecernos de esa manera?

En su libro "El cerebro que se cura a sí mismo", Daniel Goleman explica que organizamos nuestra percepción, y por lo tanto nuestro conocimiento, en esquemas. Cualquiera de nosotros, en nuestras casas, tenemos cajones destinados a guardar ciertas cosas. Y sabemos que, por ejemplo, en el cajón de los cubiertos, no podemos guardar platos. Porque el hacerlo implicaría desorganización. Un esquema es como un cajón en el que se ordenan los datos de nuestra memoria a largo plazo y se va conformando a lo largo de nuestras vidas.

Cada esquema conforma la base de nuestros conocimientos y ordena nuestras percepciones y atención. Y esto último es sumamente importante: los esquemas dirigen nuestra atención hacia la información que entrará al sistema y la desvían de aquello que "no debemos advertir".

Imaginen que tenemos un enorme censor en nuestro cerebro que actúa como filtro, permitiendo que nuestra atención y conciencia se centren sobre contenidos "permitidos", es decir, que no generarán conflicto con nuestro sistema de creencias, e ignorando los "no permitidos", o sea, aquellos que chocarán con nuestro sistema de creencias y nos provocarán angustia o displacer.

En este sentido, el cerebro juega "en posición adelantada" con nuestra conciencia. Es como si tuviéramos un radar que, de antemano, va eligiendo experiencias. Cuando detecta que algún elemento será peligroso, el cerebro manda la orden al hipotálamo para que secrete una sustancia conocida como CRF (Factor de liberación cortical), que provocará la liberación de ACTH (hormona adrenocorticotrópica) y de opioides (particularmente endorfinas). Al dispararse esta especie de "alarma", la conducta se dirigirá a incorporar lo que concuerde con el esquema que se active, ignorando lo que no corresponda. Se comporta así como si lo ignorado "no existiera".

Así como por momentos, la negación es beneficiosa, porque nos alivia de enfrentarnos con la realidad, esto último es insoslayable, y, tarde o temprano, tendremos que hacerlo. El problema de la negación es que, si se prolonga en el tiempo, puede generar dificultades, tales como evitación, conductas peligrosas, adicciones, etc.

¿Cómo hacemos entonces? San Agustín decía que "en el interior del hombre habita la verdad". Hay situaciones en las que, internamente, algo nos dice que "hay algo más", o "algo que hace ruido". Basta con poder frenar, mirarnos un rato y preguntarnos de qué nos estamos escapando.

Siempre les digo a mis pacientes que lo más importante, es la honestidad con uno mismo, y que la dignidad es el límite. Mirarse, escucharse en esos momentos de intimidad y meditación, nos ayuda a empezar a vislumbrar que hay una parte de la película que no estamos queriendo ver. Ese es el primer paso.

Como decía Ortega y Gasset: "la negación es útil, noble y piadosa cuando sirve de tránsito hacia una nueva afirmación".

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296/ licceciortiz@hotmail.com

Opiniones (1)
15 de julio de 2018 | 16:43
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15 de julio de 2018 | 16:43
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  1. Estos monitos de origen chino creo son los monitos de la prudencia o sabiduria e intentaban prevenirnos contra lavados de cerebros (tan actuales ) y manipulacion mediatica o personal (mas actual ) No escuchar o mirar a aquellos que solo nos quieren utilizar y manejar distorsionando la realidad y tapar nuestra boca cuando lo que vamos a decir esconde mentiras y engaños Si lo que vas a deecir no es mejor que el silencio callate " La realidad es fundamental y requiere basicamente la formacion necesaria para informarnos razonar y pensar por cuenta propia sin permitirnos el ser masificados en el pensar .Adhiero a la idea de Ortega y Gasset .
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