Fantasmas, anécdotas y recuerdos de los empleados que reabrieron la Legislatura

Solo queda un puñado de personas que trabajan en el edificio desde el retorno de la democracia. Cómo cambió la política en este tiempo. Los "espectros" que circundan la Casa de las Leyes.

Cada 6 de julio la Legislatura de Mendoza celebra el Día del Empleado Legislativo y se distingue a todos aquellos trabajadores que llevan más de 25 años al servicio los diputados y senadores provinciales. Los gobiernos pasan pero ellos quedan y sus memorias son fieles reflejos de los múltiples cambios a los que se vio sujeta la actividad política durante la historia reciente.

La proximidad de la fecha saca a flote las anécdotas y recuerdos de quienes más tiempo llevan trabajando codo a codo con cada uno de los "visitantes intermitentes" de la Casa de las Leyes. "Cuando me dijeron que iba a cumplir funciones en la Legislatura yo ni siquiera sabía dónde quedaba, porque hasta ese momento no se la utilizaba, prácticamente no funcionaba", cuenta Marisa Hidalgo (54), que ingresó al Senado de la mano de la Unión Cívica Radical, cuando tenía 19 años, el 10 de diciembre de 1983.

Goyo, el testigo de la Legislatura cerrada por la dictadura

"Yo entré a la oficina del Diario de Sesiones en 1974 y en 1976 pasé a la biblioteca", recuerda Gregorio Nuñez (64), subdirector y máximo responsable a cargo de la Biblioteca Pública de la Legislatura, conocido por todos como "Goyo".

Legislatura empleados historicos Goyo Nuñez

Goyo comenzó a trabajar en la Legislatura cuando todavía no cumplía 20 años. Empezó con funciones vinculadas al Diario de Sesiones pero ante la llegada del golpe cívico-militar fue trasladado a la Biblioteca.

Nunca se preguntó por qué no lo echaron de su cargo durante la dictadura. "Cuando vinieron para seleccionar al personal, yo estaba considerado como uno de los que trabajaba, porque siempre que llegaban me encontraban trabajando", supone Goyo, sin dar más vueltas al asunto.

Recuerda de esos días oscuros que sólo se abocaba a su trabajo y que en todo el edificio, cuyas funciones legislativas habían sido reducidas a cero, no trabajaban más de veinte personas. "Lo único que hicieron los militares fue bajarnos el sueldo, pero nunca tuvimos problemas dentro de la oficina", asegura.

Las mejores memorias de Goyo corresponden al retorno a la democracia. "En esa época no interesaba el partido al que pertenecías, había mucha camaradería, las sesiones eran larguísimas y cenábamos todos juntos, los legisladores al lado de los empleados", describe. La imagen que da es la de una euforia que con el tiempo se diluyó. "No es que lo que pase ahora este mal, pero ya no se ve esa camaradería que caracterizó al '83 y los años que siguieron".

Con el tiempo Goyo ascendió hasta convertirse en el jefe a cargo de la Biblioteca. En el medio las metodologías de trabajo cambiaron y la tecnología avanzó enormemente pero su función jamás dejó de ser central.

"Ahora el sistema se informatizó mucho y los legisladores consultan más desde su oficina, pero antes, al comienzo de la democracia, todas las consultas pasaban por acá", dice el bibliotecario. Sin embargo, aclara que si bien "ahora todo es más fácil, a la vez da más trabajo". "No solamente atendemos a los legisladores en esta biblioteca, sino que también nos llaman de otras reparticiones para que les proporcionemos datos", subraya.


Marisa y los fantasmas de la Legislatura

Marisa Hidalgo llegó a la Legislatura sin siquiera saber dónde quedaba "porque hasta ese momento no se la utilizaba, prácticamente no funcionaba", dice. En ese entonces Marisa tenía 19 años, era 1983 y el nuevo período democrático argentino recién había comenzado.

Legislatura empleados historicos Marisa Hidalgo

Los recuerdos de Marisa abarcan un abanico de impresiones, desde el miedo a nuevos levantamientos armados hasta el aprendizaje, a la fuerza, del quehacer republicano. En sus palabras se percibe el orgullo de formar parte de ese grupo de personas que con su trabajo lograron dar forma a un modelo de país impensado durante su adolescencia.

Sin embargo, los relatos más llamativos de Marisa parecen provenir del más allá. Ella lleva un registro mental de todas las apariciones fantasmales que a lo largo del tiempo sucedieron en la Legislatura. Fenómenos difíciles de creer para los escépticos pero atestiguados por suficientes ojos como para darles un manto de veracidad.

"Estando yo sola he sentido como que hay una persona acá adentro, como si buscara algo", afirma Marisa mientras se adentra en la sala de la hemeroteca. 

La hemeroteca es una sala fría, sospechada por todos los empleados legislativos de haber funcionado alguna vez, durante el Proceso, como un espacio de tortura. "Yo lo del fantasma lo relaciono mucho con que ha quedado una muy mala energía de la época, o de gente que pudieron haber torturado acá adentro", dice la legislativa en ese sentido.

Mirá el video y escuchá en palabras de Marisa los fenómenos de ultratumba más insólitos de la Casa de las Leyes.


Calvo, de la imprenta a la tecnología láser

Walter Calvo (61) es el jefe de la Oficina del Diario de Sesiones. Fue presidente de la Juventud Radical de Guaymallén y en 1983 comenzó a trabajar en la Legislatura. "Entramos una gran cantidad de jóvenes, muchos menores de 30, en su mayoría radicales y peronistas, aunque también hubo demócratas", señala.

Legislatura empleados historicos Walter Calvo

La oficina que hoy administra pasó de trabajar con 11 empleados a solamente 3 "gracias a los avances de la tecnología", reflexiona Calvo.

"Ahora tenemos un sistema mucho más rápido. Antes nuestro trabajo se hacía en conjunto con la imprenta oficial de Casa de Gobierno. Había que llevar el texto para que lo encuadraran con las letras de plomo dentro de las galeras, entonces se imprimía una tira de más de dos metros de largo, que nosotros teníamos que ir a buscar aunque lloviera, las traíamos a la oficina para corregirlas y una vez hecho eso las devolvíamos para que se hiciera la impresión final", explica Calvo.

Calvo describe su inicio en la Legislatura como un momento de mucho fervor democrático. "Siempre había buena relación con los otros partidos porque había una ambición común relacionada con el hambre mismo de la democracia", enfatiza. A su entender, hoy algunos dirigentes perdieron ese espíritu, aunque se reserva aclarar cuáles.

Sin embargo, no todo sucedió para peor. Según Calvo, que lleva el minuto a minuto de cada palabra que se menciona en el Senado, hubo grandes saltos evolutivos en la forma de trabajar de los legisladores. "Ahora se estudian los temas con más anticipación, muchos senadores se presentan a los debates con una formación que antes no siempre se veía y eso hace más dinámicas las discusiones".

Así y todo, Calvo no deja de destacar que más allá de dichos cambios positivos, todavía hace falta lograr "un poco más de consenso, a pesar de las diferencias ideológicas".

Mi principal función siempre fue colaborar con los legisladores en la redacción de los proyectos de ley. En esa época lo fundamental era ser rápido con la máquina de escribir y tener buena ortografía, porque cada proyecto se tenía que entregar por sextuplicado, usábamos papel carbónico para eso y cuando surgía algún error era un problema enorme porque había que escribir todo de vuelta

Opiniones (3)
15 de julio de 2018 | 16:41
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15 de julio de 2018 | 16:41
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  1. Eso siempre pasa cuando se toma vino barato y en ayunas.
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  2. Estos dias que tienen de vacaciones y los 3 meses del verano, nos indica que la provincia puede funcionar sin legisladores. Que son totalmente innecesarios y un puñado de inutiles caros.
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  3. LO CONOCI A GOYO, UN EJEMPLO DE EMPLEADO. MUY RESPONSABLE. TRABAJE EN LA LEGISLATURA DEL 83 AL 85. ES VERDAD HABIA UNA CAMARADERIA ENTRE TODOS. LOS LEGISLADORES ERA OTRAS PERSONAS, OTROS POLITICOS.
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