La naturaleza y nuestro cerebro

"Yo vivía en el bosque muy contento", dice la canción de Moris. ¿Qué efectos tiene la naturaleza en nuestro sistema nervioso? Te lo contamos.

"Solo vivir no es suficiente... uno debe tener sol, libertad y una pequeña flor", Hans Christian Andersen

"La naturaleza satisface las necesidades de nuestras mentes, enfermas por la prisa y el bullicio de la civilización, y ayuda a regular y enriquecer nuestras vidas (...) habría menos psicopatología si mantuviéramos nuestra familiaridad con la naturaleza". Aunque no lo crea, este párrafo no lo escribió un contemporáneo. Pertenece a Sir John Arthur Thomson, biólogo escocés, quien lo plasmó a principios del siglo pasado.

¿Quién no lo ha experimentado? Caminar por el césped, dar una vuelta por nuestro parque, o los asados del fin de semana en la montaña. Todo basta para ponernos en otra sintonía, para "bajarnos los decibeles".

Viajemos mentalmente a la época de nuestros antepasados los simios. ¿Cómo era la vida? ¿Había edificios?, ¿Había calles atestadas de vehículos?, ¿Había cemento por doquier? Sencillamente, no. El hombre primitivo vivía en la naturaleza, su vida transcurría rodeado de verde, de cantos de pájaros, de animales.

Nuestro cerebro se preparó para eso. Y aprendió a funcionar en ese contexto. ¿Cómo sigue el cuento? Evolucionamos, y hoy, estamos sujetos a una serie de estímulos para los que nuestro cerebro hace un esfuerzo por adaptarse, porque no estamos "biológicamente" preparados para ellos.

Le propongo un ejercicio: párese un ratito en el kilómetro cero en hora pico y trate, en silencio, de "apreciar" lo que ocurre a su alrededor. Nuestro cerebro tiene que vérselas a diario con un cúmulo de estímulos que lo bombardean y de los cuales no somos plenamente concientes. En conclusión, el estrés aumenta.

Gregory Bratman, ambientólogo de la Universidad de Stanford, viene estudiando hace tiempo la relación entre salud mental y ambiente. Llevó a cabo una investigación en la que participaron 38 personas adultas residentes en ciudades populosas. Se tomaron medidas de su actividad cerebral a nivel basal. Después, dividieron a los voluntarios en dos grupos: un grupo debió caminar durante 90 minutos por un espacio verde y tranquilo. El otro grupo caminó el mismo tiempo pero dentro de la ciudad. Al terminar, volvieron a medir la actividad de su sistema nervioso. Encontraron una diferencia significativa en el flujo de sangre en la corteza prefrontal del cerebro, encargada de la organización, planificación, jerarquización, toma de decisiones, razonamiento y atención focalizada y memoria de trabajo.

También obtuvieron un reporte de los participantes que caminaron por zonas verdes en el que confirmaron que los pensamientos y preocupaciones que los venían aquejando habían mermado luego del ejercicio.

Bratman concluye en su estudio que en las personas que viven en grandes ciudades y no tienen contacto frecuente con la naturaleza aumenta el riesgo de sufrir ansiedad, depresión y otras enfermedades mentales, porque les resulta difícil desconectarse de sus problemas cotidianos.

¿Por qué es esto? Porque la naturaleza cambia nuestro cerebro, activa conexiones neuronales específicas vinculadas con los centros de placer y bienestar, lo que disminuye los niveles de ansiedad, de estrés y aumenta el rendimiento intelectual.

Santiago Ramón y Cajal, premio nobel de medicina en 1906 y padre de la neurociencia, escribía en 1899 que, aquejado de una "crisis nerviosa y palpitaciones", había decidido comprarse una casa en el campo, y anota: "en esa campestre residencia, mi salud mejoró notablemente. Al fin aclaró mi espíritu, con la nueva savia hecha de sol, oxígeno y aromas silvestres, alentador optimismo. Y, por añadidura, llovieron sobre mí impensadas satisfacciones y venturas. Las relaciones entre el hombre y la naturaleza están profundamente arraigadas y no podemos pasarlas por alto."

Los holandeses estudiaron una comunidad que residía en zona rural y hallaron menor incidencia de enfermedad cardiovascular, de migrañas y de enfermedades respiratorias. Concluyeron que el color verde de la flora contribuiría a disminuir los niveles de cortisol en sangre, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco (por ese motivo es que en hospitales y centros de internación eligen ropa verde, dicho sea de paso).

La naturaleza ayuda a que nuestro cerebro descanse, lo que conduce a mejorar los niveles de concentración, de memoria y de habilidades ejecutivas. Es decir, en contacto con la naturaleza nuestro cerebro mejora.

Así es, entonces, frenemos, aprovechemos aquello que la madre naturaleza nos da, permitámosnos un rato de contacto con verdes, plantemos flores, tengamos macetas. Nuestras abuelas, desconociendo los datos de la ciencia, lo hacían intuitivamente.

Albert Einstein decía: "Mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor". ¿Probemos?

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296/ licceciortiz@hotmail.com

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18 de agosto de 2018 | 13:49
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18 de agosto de 2018 | 13:49
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  1. "La naturaleza es la que cura" (Hipócrates)
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