A Fernando Lorenzo in memoriam: "La cualidad más preciosa de un escritor es ser fiel a su siglo"

El recordado escritor y dramaturgo mendocino cumpliría hoy 95 años. Su colega y excompañero en redacciones y lecturas, Andrés Cáceres, lo evoca en MDZ.

Fernando Lorenzo falleció el 28 de junio de 1997. Nos dejó su obra diversa, la siembra de su amplia actividad cultural, su humor constante y el recuerdo de una amistad inestimable. Ingenioso, capaz de tomarse el pelo para hacer reír, disfrutaba y nos hacía disfrutar, café de por medio, de su charla. Cursos, prólogos; artículos literarios, políticos y periodísticos (fue colaborador y corrector de Los Andes), conferencias y presentaciones a lo largo de los años nos habituaron a una presencia imponderable, que sabía reunir en un solo haz la erudición, el punto de vista innovador, la franqueza, la ironía y la gracia poética.

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Publicó "Tránsito" (poesía), "Segundo diluvio" (poesía), "Arriba pasa el viento" (novela), "Teatro completo de Pushkin", "10 grabados de Santángelo con 10 ilustraciones poéticas de Fernando Lorenzo", "Nahueiquintún" (teatro), "Sucesos en la tierra" , "Anverso y reverso" (poesía, con Carlos Levy) y "Teatro" (incluye cuatro piezas). 

De sus obras teatrales se representaron "Los establos de su majestad", "La silla", "El concierto a fuego lento de la señora Decroly" y "Nahueiquintún".

Nacido en Mendoza el 11 de junio de 1923, profesor de Bellas Artes y actor profesional, frecuentó tanto la poesía como la prosa y el teatro. En ocasión de escribir sobre él mismo, lo hizo con esa gracia que siempre lo caracterizó y que lo pinta como era.

"Yo he creído siempre que la literatura es un entredicho cuyos gladiadores son el yo profundo y la situación ambiente. También la podría definir como la mesa servida del transeúnte urbano o la distancia más corta entre el aburrimiento y el hambre de plenitud. Para el escritor, escribir es como respirar; para el lector, leer es como transpirar. Así, todas las escuelas del modernismo, dadá, surrealismo, simbolismo, de las que hemos sido casi todos, por lo menos, ordenanzas, negaron, en cierto modo, la literatura. Ninguno de mis libros publicados logró abrirse camino en las tres dimensiones: ancho, alto, espesor".

Fernando Lorenzo

"‘Tránsito', 1952, poesía, obtuvo, tal vez por esta misma dolencia, el premio municipal de ese año; ‘Segundo diluvio', premio D'Accurzio 1953, conformó al jurado por su intachable seguidilla de versos calientes y activos; ‘Arriba pasa el viento', novela, 1957, impresionó a Enrique Banchs, Eduardo González Lanuza y Rafael Alberto Arrieta, jurado del Fondo Nacional de las Artes, porque dándome el primer premio conjuraban, al mismo tiempo, los demonios de sus propias literaturas. En ‘10 grabados de Santángelo y 10 ilustraciones poéticas de Fernando Lorenzo' conseguí ciertos versos soldados en caliente, que enfriaron bien. Todo verso bueno es frío. Todo buen verso debe soldarse, sin embargo, en caliente. Hay versos que no enfrían jamás".

Escribo todos los días

"Tengo en mi haber, además, otros oficios: traduje con Galina Tolmacheva el ‘Teatro completo de Pushkin' para Sudamericana; fui secretario de Letras de la Dirección de Cultura y redactor de Enseñanza Audiovisual del Ministerio de Educación, pero en épocas, como las actuales, en que la gesticulación desde los pupitres públicos era tenida por acción.

"Di clases de historia del arte en la Escuela de Artes Visuales de la Nación, por las noches; fui becario de día y de noche, del Fondo Nacional de las Artes y por la mañana escribía teatro, que entusiasmó por unos días a Favio cuando era director de cine y entusiasmó a Lautaro Murúa, dispuesto, pero sin recursos, a transformarlo en guión cinematográfico. Viví 10 años en Buenos Aires. Ahora estoy en Mendoza. Escribo todos los días. Dirijo, a veces, teatro. No he incendiado ningún bosque, porque, como decía Valery, 'Tout commence en mystique, tout finit en politique'".

Sus obsesiones

"Mi obra es un conjunto desorganizado, caótico y vehemente, porque tengo más de una obsesión: los días de sol, las obsesiones de mis amigos, la carne bien asada, la sangre, la fauna marina y las insurrecciones. Yo creo que toda la vida humana es más o menos el acomodamiento de una obsesión al miedo y a las circunstancias. Hay gente que no tiene obsesiones: son los que cambian de oficio, de país y de traje con la más absoluta tranquilidad".

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Interrogado sobre el acomodamiento de sus obsesiones a su vida, respondió: "Yo tengo dos vidas: con la mía, la auténtica, floto y vivo intensamente; la otra, la profesional, o social, o psicológica, es la que entrego sin pena ni gloria, al superior, al estadista, a la mesa examinadora y a las convenciones sociales. Si yo hubiese sido el único habitante del planeta, lo habría destruido inmediatamente".

Sobre el principal problema práctico del escritor argentino señaló: "El hambre y el frío. Los problemas prácticos de los escritores y del escritor argentino, por supuesto, son los mismos que los del no escritor. A veces me abandonan las ganas de escribir. Es como la inapetencia. Yo suelo escribir cuatro meses por año. El resto del tiempo lo dedico a soñar que escribo. No me preocupa escribir poco o mucho. Me preocupa, sí, escribir relativamente bastante. Por ejemplo, si mi vida hubiese durado sólo un día, me habría conformado con un libro de una sola palabra".

De su libro "Sucesos en la tierra" dijo haber querido decir muchas cosas: "Que la tierra gira alrededor del sol, que la sangre circula, que el mundo es redondo y achatado en ambos polos. Verdades que, al parecer, es necesario seguir repitiendo. Sé que me cuesta hacerme entender por los lectores, cuando los tengo. Pero tampoco estoy insatisfecho ¿para qué una insatisfacción más? Estoy moderadamente cómodo. Con él he tocado temas que antes no me atraían tanto: la sujeción, la represión, la alienación, las odiosas jerarquías y las recetas mágicas".

Y en cuanto a la cualidad más preciosa de un escritor, afirmó: "Supuesto su talento, la cualidad más preciosa de un escritor es, a mi juicio, ser fiel a su siglo".

"Balada mendocina"

En ocasión de publicarse el libro de cuentos "Balada mendocina", apareció una nota no firmada en el desaparecido diario "El Diario", de la que extracté lo que sigue:

"En el panorama actual de la literatura latinoamericana, se asiste a la eclosión simultánea de muchos y polifacéticos autores que incursionan en la realidad desde ángulos y perspectivas diferentes. En los últimos años, la crítica en general se ha preocupado en desentrañar las ideas rectoras de los más significativos. Entre ellos y Fernando Lorenzo, escritor de nuestro medio, se evidencia en primera instancia un parentesco generacional. A partir de allí cabría hacer las salvedades del caso de acuerdo con los enfoques particulares de cada uno. Hay narradores hispanoamericanos que optan por refugiarse en los temas nativos, otros que denuncian como testigos las falsificaciones del medio político, y en algunos casos, creadores herméticos que aciertan a darle al lector una especie de clave del mundo desarticulado que denuncian.

"Aparentemente, Fernando Lorenzo pertenece a este último grupo de escritores. Sus narraciones muestran un mundo del cual se ha distanciado sensiblemente, evocado por la mirada del soñador. El narrador está fuera de lo narrado y así sus cuentos son una mezcla de lo heterogéneo, lo confuso y lo fantástico plasmados en imágenes grotescas.

"Lorenzo parte de un mundo conformado por nosotros, el universo y el silencio. De este modo transita en las páginas del libro un silencio monocorde, a veces interrumpido por una palabra, un diálogo que yuxtapone tiempos y circunstancias diferentes, hasta llegar al sonido ininterrumpido de tambores en el cuento "Balada mendocina", que a fuerza de repetido termina por confundirse con el silencio cósmico. Integran este volumen "Sucesos en la tierra", "Folklore o las falanges de la mano", "Los señores ministros", "Dos deliran", "Balada mendocina", "El señor Vand Wassa" y "El matrimonio vil".

"Recorre las páginas del libro un tema único, la muerte. En ningún caso temida por los personajes sino presentada como una necesidad intrínseca de la cadena de absurdos. El personaje, en los cuentos de Fernando Lorenzo, no es un ente de ficción que adquiere realidad y corporalidad a través del relato sino un fantasma evocado y configurado por él, cuyo mundo caótico y desarticulado arrastra tras de sí a su creador.

"Este mundo titubeante entre la realidad y la irrealidad nos impide en todos los casos un acercamiento emocional a lo narrado. Y aquí reside, precisamente, el acierto de los grotescos creados por Lorenzo, puesto que toda perspectiva emocional los debilitaría. El lenguaje con que plasma estas figuras, puesto en movimiento, desencadena las potencias propias del idioma, que se van desplegando en dirección al absurdo. Su afanoso itinerario, destinado a ofrecer una imagen abierta del mundo en proceso de disolución, se ve enriquecido por el seguro manejo del idioma". 

Andrés Cáceres

Opiniones (1)
16 de agosto de 2018 | 20:50
2
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16 de agosto de 2018 | 20:50
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  1. yo fui alumno de el en esc normal de rivadavia....un genio...
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