¿Cómo podemos detectar un trastorno de la conducta alimentaria?

Hoy, 2 de junio, es el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Por eso elegimos hablar de estas enfermedades desde una mirada preventiva.

"En Fundación Cetai trabajamos con la convicción de que una juventud sana y feliz es posible. Por eso elegimos hablar de estas enfermedades desde una mirada preventiva, sabiendo que cuando se abordan temprana y adecuadamente, la recuperación total es posible", dijo Cetai Dra. María Estela Caccavo de Estefan. 

 Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades difíciles de comprender; los síntomas se confunden con caprichos o modas, con formas de ser y de comer, socialmente aceptados algunos: como hacer dieta permanentemente, obsesionarse con la figura, preocuparse por las calorías. Pero la realidad es que son enfermedades muy graves, y presentan la mayor tasa de mortalidad dentro de las enfermedades mentales, principalmente por alteraciones cardiovasculares y suicidios. A su vez, el costo físico y emocional es muy alto, generando un intenso sufrimiento para la persona que las padece y su familia.

Es muy importante saber que estas enfermedades son bio-psico-sociales, es decir, tienen múltiples causas. Generalmente, se consulta en relación a lo alimentario o nutricional: la comida se presenta como el eje del problema, siendo ésta caótica, desordenada, desequilibrada, y conflictiva.

Sin embargo, la mayoría desconoce que el problema no es la comida en sí misma, sino una serie de múltiples factores que influyen para que estas enfermedades se desarrollen. Se combinan vulnerabilidad individual, biológica, el aporte genético, junto a aspectos internos de la personalidad, como por ejemplo ser muy perfeccionistas, exigentes con ellos mismos y con las demás personas, por lo que casi siempre la autoestima de esa persona es muy baja. Además, dependen mucho de lo que los demás piensan o dicen de ellas y frecuentemente son víctimas de bullying.

Por otro lado, en la aparición de los trastornos de la conducta alimentaria hay gran influencia de factores socioculturales. Hoy se valoriza la belleza de manera extrema; y, en tal sentido, si la persona no tiene las características que la sociedad determina, se siente rechazada y excluida. Así, la comida pasa a ser "utilizada" como una expresión de sus emociones, sentimientos y conflictos.

El peligro más grave, y por el que se desencadena la enfermedad, es la práctica permanente, masiva y sin control profesional de dietas que son promocionadas en muchos medios de comunicación como el mejor y único camino para lograr el cuerpo soñado (y socialmente más valorado).

Estas prácticas usadas de manera abusiva, llevan rápidamente a la restricción alimentaria, a la aparición de atracones -en muchos casos con vómitos posteriores para eliminar la culpa que aquello provoca-, y peor aún, al uso de laxantes de venta libre.

A esta sucesión de hábitos peligrosos se suma el exceso de ejercicio físico y la práctica de deportes que es estimulada y hasta "aplaudida" por familiares y profesores, que aducen que esos niños y/o adolescentes están dotados para estas actividades. Así, se les termina exigiendo a la persona un esfuerzo físico que va más allá de lo saludable.

Las distintas combinaciones de estas variables hacen que los trastornos de la conducta alimentaria afecten a personas de cualquier clase social, sexo y edad; desde niños pequeños hasta mujeres y hombres de más de 60 años. No obstante, la edad de mayor vulnerabilidad es la adolescencia, un período de grandes cambios físicos y emocionales, caracterizado por una mayor sensibilidad para la aparición de la enfermedad, la cual se ha venido desarrollando a lo largo de la vida de esa persona. Vale agregar que es cada vez más frecuente el inicio de los trastorno, como enfermedad, a muy temprana edad, (8 - 9 años), mientras están cursando aún la escolaridad primaria.

Otro aspecto a destacar es que estas enfermedades van acompañadas de otros trastornos mentales, como depresión, crisis de ansiedad, angustia extrema y signos de fobia social con aislamiento severo. A dichos padecimientos se suman otras conductas peligrosas como las autoagresiones o automutilaciones, que extrañamente son cada vez más aceptadas como "parte de la edad", tanto por los mismos familiares como en otros ámbitos (escolar, redes sociales, series de TV).

¿Cómo podemos detectar rápidamente que una conducta no es adecuada y puede ser indicio de un trastorno de la conducta alimentaria y de problemas más profundos?

Debemos prestar especial atención a los siguientes signos:

  • aislamiento social extremo

  • cambios bruscos de humor

  • obsesiones por diferentes temas

  • cambios repentinos en la alimentación y de peso

  • modificación de las costumbres habituales en los momentos de la comida familiar

  • signos de tristeza

  • llanto fácil

  • disminución del rendimiento escolar

  • invertir muchas horas en estar "conectados" con PC, teléfonos, u otros dispositivos; y no participar de una real comunicación, sino más bien ser espectadores o sujetos pasivos alienados por la tecnología.

Es clave desterrar algunas creencias y mitos con respecto a estas enfermedades mentales para poder conocerlas y abordarlas. Tenerlas presente nos abre un abanico de posibilidades para actuar y nos transforma en una sociedad atenta y consciente, dispuesta a cuidar física y emocionalmente a nuestros niños y jóvenes.

Todos y cada uno de nosotros tenemos alguna herramienta para poder ayudar en la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria, y en la promoción de la salud mental de nuestras jóvenes generaciones. 

info@fundacioncetai.org.ar 

Opiniones (1)
19 de agosto de 2018 | 05:10
2
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19 de agosto de 2018 | 05:10
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. También hay hombres con desorden de conducta alimentaria. No debería estar aquí esta nota
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