R. Valle

El mendocino que vivió el Mayo francés desde adentro

Hace 50 años, Eduardo "Pichón" Fabre desembarcó en Alemania gracias a una beca. Cuando estalló la revuelta estudiantil, partió a París para ser testigo privilegiado de un fenómeno con ecos en todo el mundo. Hoy, hace memoria y balance en la #Entrevista Wok.

"Yo era un seco. Laburaba mucho y estudiaba, no me daba para comprarme una cámara de fotos". De esta manera, Eduardo Fabre justifica por qué no atesora imágenes de hace 50 años cuando estuvo en el corazón del emblemático mayo del 68 que sacudió a la recoleta Francia. Las réplicas de aquel sismo social, político y económico se sintieron en todo el mundo y dejaron un legado que vale analizar con este mendocino que resultó testigo privilegiado de uno de los hitos del siglo XX.

Con el paso de los años y el título de ingeniero colgando en su pared, Pichón -nombre de batalla y contraseña para varias generaciones- tuvo activa participación política como funcionario de los gobiernos de José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli y Roberto Iglesias, pero también a nivel nacional, cuando durante la gestión de Nilda Garré en el ministerio de Defensa presidió el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citidef). Y cuando no estuvo en la gestión pública volvió al llano para hacerse cargo de sus emprendimientos pyme. Fabre es de los que cree que un político debe "oxigenarse" saliendo y entrando, nunca quedándose atornillado a cargos y beneficios partidarios.

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Peronista de toda la vida, dio el salto temporal fuera del PJ cuando irrumpió con fuerza el menemismo. Así fue como se sumó a la gestación del Frepaso, fue candidato a intendente de Godoy Cruz y ocupó algunos cargos políticos. Hoy, sin necesidad de una trinchera específica, Fabre sigue siendo un apasionado intérprete de la realidad provincial y nacional. Basta sacarle un tema actual para que él no sólo haga un análisis sino que contraataque con propuestas de mejoras. Por caso, el caos del tránsito en la Ciudad y la necesidad de un sistema de transporte público integrado.

El testimonio de su periplo francés cobra un valor extra porque nunca lo dejó por escrito y aunque ya tuvo hijos y plantó árboles, duda que uno de los capítulos más emotivos de su vida tome forma de libro. Hasta tanto no cambie de parecer, sirva esta #EntrevistaWok como aperitivo y archivo ad hoc.

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-¿Cuándo y por qué llegás a Europa, siendo tan joven y aún sin un título universitario?
-A Alemania llegué por una beca para hacer prácticas en una industria de metalmecánica en la ciudad de Munich. En ese momento yo estudiaba Ingeniería en la Universidad de San Juan. Entraba a las 7 de la mañana a trabajar a una fábrica. Me levantaba a las 4, y entre las 5 y las 7 repartía diarios. Cuando dejé la fábrica, empecé a viajar un poco. Anduve por Checoslovaquia, Varsovia, Italia. En esa época entré a una empresa de limpieza. Trabajaba limpiando edificios. Cuando volví al país me recibí de ingeniero en La Plata.

-¿Cómo fue que llegaste a Francia en un momento político y social tan trascendental?
-Yo había hecho un viaje con la Universidad. Obviamente, por esos días tenía muchos amigos alemanes y latinoamericanos con los cuales había muy buena relación. Cuando se da todo este proceso en París, concurrimos porque se trataba de un movimiento muy importante, no solo en ese momento sino que después tuvo mucha trascendencia en todo el mundo. Ya había antecedentes de una juventud que estaba cuestionando todo el desarrollo del mundo occidental y que se había manifestado de distintas maneras en rechazo a la organización social, política y económica del momento. Se había expresado con mucha solidaridad con la revolución cubana y el movimiento de liberación de Argelia, en oposición a la lucha antiimperialista del pueblo vietnamita y en apoyo al movimiento que se estaba generando en Estados Unidos, no solo contra Vietnam sino también a favor de la rebelión negra con Martin Luther King a la cabeza.

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-Había entonces un caldo de cultivo en todo el mundo que impulsaba al mayo francés...
-Claro. Y se expresó también en la oposición a la Primavera de Praga, a la invasión de tanques soviéticos en Checoslovaquia y Polonia, donde también hubo movimientos importantes de solidaridad y protesta. Aquel era un mundo muy autoritario y verticalista.

-En lo personal, ¿lo viviste más como un espectador o te sentías protagonista porque ideológicamente adherías a ese movimiento de reacción y protesta?
-Ambas cosas: fui espectador y fui protagonista. Porque también conceptual e ideológicamente participaba de esta corriente, que si bien tuvo sus antecedentes también tuvo mucho de espontaneísmo porque esto surgió de una protesta en la universidad de Nanterre, cuestionando conceptos académicos, el autoritarismo y una marcada diferenciación entre hombres y mujeres. Había alojamientos separados, lo que fue cuestionado por los estudiantes que consideraban ridículo que hubiera uno para ellos y otro para ellas. Y lo principal, una fuerte crítica a la enseñanza. Hicieron asambleas, hubo represión y encarcelamiento. Y en solidaridad con los estudiantes de Nanterre se produjo una asamblea en la Sorbona. Ahí también llegó la policía y más de cien estudiantes terminaron presos. Obviamente, al día siguiente salieron más estudiantes en solidaridad con los primeros rebeldes.

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-¿Cuándo se produce el gran paro general, considerado uno de los más contundentes de Europa?
-Eso fue varios días después. Había cada vez más represión y a medida que se aumentaba la represión y la cantidad de presos, también crecía la gente que iba adhiriendo y movilizándose. Una vez que se sumó la Sorbona, paralelamente en el barrio Latino empezaron a aparecer las barricadas y a escribirse las famosas consignas. Lo llamativo es que se trataba de un movimiento que no tenía líderes. Tanto el Partido Comunista francés, que era la fuerza de izquierda más importante, como los líderes sindicales, se opusieron a estas manifestaciones. A los estudiantes los definían como "los jóvenes revolucionarios anarquistas".

-Que ese movimiento no contara con un líder, ¿contribuyó de alguna manera a que el objetivo no fuera tomar el poder y todo terminara en una masacre?
-En realidad, nadie se planteaba tomar el poder. Eran básicamente consignas de protesta, como "Prohibido prohibir", "La imaginación al poder", "Sé realista pide lo imposible", o "Ábrete la cabeza tantas veces como te abres la bragueta".

-En ese momento, ¿eras consciente de que estabas siendo parte de algo que dejaría huella en la historia?
-Yo tenía 24 años. No lo podía dimensionar del todo, porque además de eso era un movimiento estudiantil sin una dirección muy clara. Hasta que empezó a perfilarse como uno de los líderes Daniel Cohn-Bendit (foto), un joven alemán que estaba estudiando Sociología en la Sorbona y que se paraba en los actos, en las asambleas, y conquistaba con su buena oratoria. A su vez, era muy criticado por los sectores de la derecha por anarquista, judío y alemán. ¡Lo peor para un francés!

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-¿Recordás un hecho puntual que te haya quedado marcado especialmente?
-No, porque fue todo un proceso. Es más, después de varios días de protesta estudiantil, de barricadas, de manifestaciones, especialmente en el barrio Latino, que estaba cerca de la universidad y es una zona donde vivían muchos estudiantes (yo paraba en ese lugar), los sindicatos -que ignoraban a este movimiento- empezaron a hacer asambleas en las fábricas. Se subieron a la ola, pero para cuestionar los salarios. Los estudiantes, en cambio, hacían cuestionamientos de la organización de la sociedad y de lo académico. En las fábricas ya hacían asambleas prácticamente sin los sindicatos, eran las bases las que se habían unido. Una de las que hizo punta fue la Renault. Después, se les sumaron otras fábricas. Primero con asambleas internas, ocupaciones de las instalaciones y luego con protestas en las calles. Fueron días muy intensos, de mucha movilización.

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-Viniendo de afuera, ¿cómo te sumabas para participar y no ser un mero espectador?
-De manera natural, te llevaba la ola. Te ibas sumando como un montón de gente que se incorporaba día a día a la protesta, especialmente los más jóvenes.

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-¿Lo vivías con un espíritu revolucionario, de alegría propia de la juventud, o con la tensión de no saber si acabaría en algo más violento, con consecuencias trágicas?
-Era más de alegría y de cuestionamiento. Lo fundamental era cuestionar a la organización vigente, en lo social, económico, político y educacional. Era sentar posición frente a todo eso. Llegó un momento en que el gobierno no tenía como contener este proceso. Por eso el presidente De Gaulle llama a una reunión a Cohn-Bendit, lo que le valió fuertes críticas de la prensa y de la derecha francesa. Incluso trascendió que De Gaulle, que ya era un hombre grande, se desvaneció en el encuentro con el referente de los estudiantes. Los críticos más duros se preguntaban que cómo era posible que había derrotado a Hitler y no podía hacerle frente al judío, colorado, de 20 años llamado Cohn-Bendit. 

"El gobierno francés hizo muchas concesiones para descomprimir la situación. A tal punto que De Gaulle tomó una decisión que calmó sobre todo a los trabajadores: aumentó el 35% el salario de los que cobraban el sueldo mínimo y el 12% al resto. Finalmente llamó a elecciones y otra vez las ganó".

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-Según tu óptica, ¿cuál fue el legado inmediato del mayo francés y cuál el que perdura cincuenta años después?
-Te diría que dejó un legado de transformación cultural, educativa y social que impactó en muchos países de occidente, aunque también de Europa del Este. No por casualidad uno de los cuestionamientos de este movimiento era al tratamiento que le daba la Unión Soviética a países como Checoslovaquia y Polonia. Un movimiento efervescente que después terminaría con el Muro de Berlín. Había un proceso de cuestionamiento de toda la organización política no sólo de Europa, sino también del resto del mundo. Por ejemplo, todos los movimientos africanos y latinoamericanos que luchaban por mejores condiciones. Los de África por la independencia y en América Latina, los denominados movimientos de liberación. Todos tenían representantes en Europa. O los tenían en París, Roma, Munich o Frankfurt. De alguna manera, todos iban coordinándose. Los asiáticos no estaban muy presentes en esa época.

-En lo personal, ¿cuál considerás que fue la mayor enseñanza que te dejó todo ese proceso europeo?
-Sigo pensando en que acá necesitamos transformaciones sociales, incluir al conjunto de la sociedad. No tenemos derecho a excluir a ningún ser humano. Debemos acortar las distancias entre los que más tienen y los que menos tienen. Esa distancia es enorme, por eso el Estado debe jugar un rol muy importante para incluir, equilibrar y achicar esa tremenda brecha. No hay otra forma. Ese era en cierta forma el espíritu del mayo francés. Aunque también hay que reconocer que tanto Francia como Inglaterra, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, tuvieron mucha presencia expoliatoria en el mundo para favorecer a sus sectores más privilegiados. Y los americanos también.

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-En el mundo de hoy, donde muchos de los planteos de la revuelta del 68 siguen vigentes porque las desigualdades también se mantienen, ¿habría margen para otro mayo francés o con la profunda transformación de estos tiempos sería inviable una reacción similar?
-Hay muchos cambios que se están produciendo. Un cambio significativo que se ha producido de aquella época hasta ahora es en la concepción de la Iglesia. En aquella época, la Iglesia era muy reaccionaria. Hoy es más progresista, no por el Papa Francisco en sí. El mundo los fue llevando a que si no sintonizaban con las necesidades de los más humildes, los más humildes los van a ir abandonando. Otro cambio importante es que se avanzó en democratizar la sociedad. En las universidades hay mayor participación de los estudiantes, mayor incorporación de jóvenes que vienen de sectores sociales que antes eran totalmente ignorados. En la UNCuyo, por ejemplo, hoy votan los docentes, los alumnos, los no docentes. Las organizaciones sindicales también tienen mayor participación y democracia interna. Volviendo al principio, no hay que descartar que existan rebeliones, tal vez no tan masivas, porque también los líderes en el mundo van entendiendo y descomprimiendo situaciones. 

"El autoritarismo, que en aquel momento era a sangre y fuego, hoy no lo podés aplacar con violencia o represión".

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-Vos que has hecho política toda tu vida, en los roles más variados, ¿cómo analizás a la actual clase política, hoy tan cuestionada o al menos con menos crédito popular?
-Para mí no existe una "clase política". Existen políticos pésimos, mediocres, buenos, muy buenos y excelentes. Lamentablemente, se mezclan todos porque en un sistema democrático la gente los vota. Y a veces vota a mediocres y otras a los buenos. Cuando acertó, votó a buenos, inteligentes o sensibles. Tampoco hace falta ser intelectualmente excelente para ser buen político. A veces, algunos intelectuales son malos políticos para los sectores más humildes porque defienden a los sectores poderosos. Existe toda esa amplia gama, pero no una clase política.

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-En los últimos años han ido cobrando protagonismo las organizaciones civiles, como otra forma de hacer política.
-Es cierto, es otra forma de hacer política, de presionar, de instalarse, de hacer reflexionar a los que toman decisiones. En definitiva, el tema de la gobernanza y de la toma de decisiones es lo fundamental. Si hay un movimiento social a través de distintas formas, desde los que se expresan en las redes, los que se movilizan o generan corrientes de opinión, terminan teniendo mucha influencia sobre aquel que ocupa un lugar en el Estado y tomas decisiones. Las redes sociales, las encuestas, eso también sirve. El que decide, si no es estúpido, sabe que tiene que escucharlos.

-Vuelvo a apelar a tu experiencia. ¿Por qué creés que hay una sensación generalizada de que los argentinos siempre estamos atrapados en un bucle y no podemos dar de una vez un salto hacia otra instancia? ¿Existe un estadio superador a las grietas de siempre?
-Yo te pregunto otra cosa: ¿en qué país no lo hay? El país que fue líder en el mundo en el siglo XX fue Estados Unidos. Y ellos tienen a los republicanos y a los demócratas y generó a un presidente como Trump. O Italia, que ha vivido y vive en permanentes crisis políticas. En Brasil tienen un presidente con una aceptación de apenas el 2%. En Chile, gobiernan los socialistas, después la derecha, otra vez los socialistas y así. Cada país tiene sus propios problemas. Eso de echarnos la culpa de que los argentinos somos malos no sirve. Somos iguales que cualquiera, con contradicciones, con conflictos, pero también con avances. Es lo que nos pasa siempre con el fútbol, nos castigamos que no somos campeones del mundo, que perdimos la final, pero los otros también compiten, son profesionales, quieren ganar. Italia, que no va al Mundial, lo sufre como una tragedia nacional. 

"No hay que hacerse tanto el harakiri porque tenemos grieta. ¿Hay conflicto político?, sí, pero cada sociedad tiene el suyo".

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#Biopic

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Eduardo Pichón Fabre (74). Nacido en Tunuyán, desde los años '70 reside en Godoy Cruz. Estudió en el Liceo Militar General Espejo y en las universidades de San Juan y de La Plata, donde se recibió de ingeniero. Casado, dos hijos. Político, dirigente y empresario pyme. Profesional principal del CONICET (1984-1987). Subsecretario de Energía y Minería de la Provincia. Expresidente del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citidef). Subsecretario de Promoción e Inversiones (1999-2003). Subsecretario de Ciencia y Tecnología. Presidente de Rutas del Sol S.A. Integrante del Comité MERCOSUR Productivo. Vicepresidente de la Liga de Defensa de Consumidores y Usuarios de Mendoza. Representante del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECYT). Integrante del directorio del Instituto Tecnológico Universitario (ITU-UNCuyo). Subsecretario de Desarrollo Social. Presidente del Instituto de Desarrollo Industrial, Tecnológico y de Servicios de Mendoza (IDITS). Representante por Mendoza ante el COFECYT. Socio fundador de la "Fundación para la Calidad y la Participación". Miembro fundador y Secretario Ejecutivo de la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI). Subsecretario de Ciencia y Tecnología. Consultor del Banco Mundial para el análisis de tecnologías energéticas. Miembro fundador del Consejo de Investigaciones Científicas de Mendoza (CONICMEN). Director del Programa Empresa Joven. Gerente de Servicios de CRICYT.

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#En las redes

Si bien admite que no comulga con las redes sociales, al menos se lo puede encontrar en Facebook (https://www.facebook.com/eduardo.fabre.7568)

* En la foto, una juntada con sus colegas y amigos ingenieros. 

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