De Boca en Boca: La dictadura de la belleza

Un esteriotipo de belleza es una imagen estructurada, rígida y de carácter inmutable, a pesar de que se ha ido alterando a lo largo de la historia, de acuerdo a los roles de mujeres y hombres, siempre se lo consideró un mandato, una orden omnipresente, una dictadura....

 La antigua y aún famosa Venus de Willendorf (30.000 a. C) con sus redondeces, caderas anchas y sus pechos caídos, simbolizaba la fecundidad, el aseguro de una larga y fructífera descendencia, ser bella significaba ser fecunda, en ese entonces. Recorriendo las épocas, pasando de la tez blanca y lo armónico de la nobleza en la edad de media, a la cintura de avispa de los años 1500, por el controvertido uso del corsé, que aseguró cuerpos geométricos, rígidos y rectos; hasta las Padaung (mujeres de cuello jirafa) de Tailandia y la ancestral costumbre de los pies vendados de las japonesas.

Así entre bronceados, cuerpos voluptuosos, ruleros y rouge, hasta la delgadez andrógina de los años 60 de Twiggy que aún perdura, con más o menos cirugías hasta la actualidad, donde el cuerpo flaco se entremezcla con el fitness.

Eso si, estos imperativos de belleza eran para todos, aunque para la mayoría...nunca fueron accesibles.

Actualmente, en el abrumador y exótico mundo virtual en el que vivimos de a ratos, lo real se confunde con los retoques y el fotoshop, creando identidades que no existen, las selfies son sólo instantes narcisistas de cuerpos parecidos o con deseos de parecerse a un modelo único que como sociedad hemos adoptado y catalogado rotunda y colectivamente como bello.

Sin embargo, estas normas estéticas imposibles, subliminares e impuestas, son poderosas al determinar y delimitar nuestras conductas, que van a ser reprogramadas (dietas, ejercicio, cirugías) para intentar alcanzar el tirano ideal, aún si hay que dejar la salud, la identidad o la vida, a mitad de camino.

Pero la imagen que nos devuelve el espejo, es una construcción compleja y dinámica: no es sólo lo que veo, también es lo que pienso y siento de mi mismo y de mi cuerpo; quiere decir que esa imagen se forma primero en mi mente. Esta imagen mental, se desarrolla desde la infancia, a través de toda clase de mensajes, durante los procesos de identificación, la aprobación o el rechazo, el contacto físico, la comunicación no verbal, las comparaciones, etc. que transmitimos sin enterarnos. Así, cuando una madre critica su cuerpo, su hija se siente identificada con esa crítica, y su propio cuerpo es blanco de autocríticas y desaprobación; delegando en el ojo ajeno, no sólo la aprobación de su imagen, sino también su felicidad, su autovaloración y sus logros.

La realidad es que cada vez hay más niños que expresan desagrado hacia su propio cuerpo y hacia el de sus pares, afectando gravemente su autoestima.

La belleza no es universal, es particular y original, si lastima no es válida.

Tal vez si hablamos de bellezas, si pensamos, disfrutamos y agradecemos nuestro cuerpo, podamos evitar que un único estereotipo despiadado, se imponga sin límites y nos arrolle por dentro y por fuera.

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19 de agosto de 2018 | 05:10
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