"Lee que te fa bene": La lectura y nuestro cerebro

Placer, distracción, magia, trabajo, obligación... hay múltiples excusas para acercarnos al mundo de las letras, palabras y oraciones. ¿Cuál es el impacto de la lectura en nuestro cerebro? Te lo contamos

"La lectura es a la inteligencia, lo que el ejercicio es al cuerpo", Richard Steele

Imagínese por un momento un mundo en el que no existiera la lectura. ¿Puede? Probablemente no, porque todo a nuestro alrededor implica leer: carteles en las calles, noticias, mensajes...

Desde un comienzo el hombre buscó comunicarse. Pinturas rupestres, papiros, papeles, enciclopedias, libros. Alguien escribía, pretendiendo que otro pudiera capturar ideas al momento de leer.

Nuestro cerebro está "equipado" con dos áreas para el lenguaje. Una expresiva (para generar lenguaje) y otra comprensiva (para comprenderlo). Dentro de esta última hay redes neuronales especializadas para comprender el lenguaje escuchado y otras para entender el lenguaje leído.

Cuando leemos se activan los lóbulos occipitales (donde se recibe el estímulo visual), frontales, temporales y parietal izquierdo (que sustentan funciones relacionadas con el almacenamiento de letras, el reconocimiento de palabras y de significado). Además, si leemos en voz alta, también se activan estructuras situadas en el hemisferio derecho y en el cerebelo. Una compleja actividad que pone a trabajar múltiples redes de neuronas, potenciando nuestra capacidad intelectual, nuestras emociones y nuestra imaginación.

En una de las investigaciones más comentada, los voluntarios tenían que leer pasajes de un libro mientras se registraba su actividad cerebral a través de imágenes (por medio de scaners). Los resultados arrojaron que se activaban las zonas del cerebro responsables de cada acción que se leía. La conclusión a la que arribó el equipo es que al leer el cerebro simula lo que ocurre en el texto, tal como si estuviera ocurriendo en ese instante, con las emociones y sensaciones pertinentes, lo que provoca una cascada de conexiones neuronales.

El cerebro no viene preparado para la lectura. Los niños tienen que aprender que la palabra hablada está construida por sonidos y que la palabra impresa representa esos sonidos o fonemas. Recién cuando se logre, estará preparado para leer. Decimos que la estructura está, pero necesita del contacto con el medio para ser estimulada y desarrollarse. Una persona que nunca tuvo oportunidad de desarrollar esas conexiones, aun teniendo la estructura de base, no podrá leer. Por eso, es sumamente importante la estimulación en el momento justo del desarrollo, para abrir la ventana de la capacidad.

Otro aspecto relevante es el gusto o el placer. Como cualquier actividad, la lectura es una afición que puede hacerse un hábito. Normalmente, se aprende por imitación; por eso resulta fundamental no sólo la preparación en la escuela, sino también los modelos que los niños reciben en el hogar. Leía días atrás que será obligatoria media hora de lectura en el colegio. Resulta una medida interesante, pero si no va acompañada de un refuerzo en casa, se pierde. Que los niños vean a los adultos cercanos leer y disfrutar de esa actividad, es un factor altamente motivante, que va a ayudar a acercarlos al mundo de los libros.

El cerebro adulto tiene más de 10 billones de neuronas, cada una de ellas se conecta con otras miles, lo que forma un mapa de 100 trillones de conexiones. A partir de los 20 años comienza el proceso de envejecimiento cerebral, que genera pérdida neuronal. La lectura resulta ser un entrenamiento de primera línea para que nuestro órgano superior se mantenga en forma y pueda protegerse ante enfermedades.

Groucho Marx decía: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". Satírico, nos hace concluir que leer hace bien, porque nos hace volar, porque nos distrae, porque nos emociona y, además, porque moviliza nuestro cerebro.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296, licceciortiz@hotmail.com

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22 de julio de 2018 | 08:43
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